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Estatura moral

Las guerras antes eran brutales, los hombres abriéndose en canal, ya sabemos. Ha habido mucho progreso. Por ejemplo, cuando los legionarios de César guerreaban en las Galias, tanto los galos como los germanos que de vez en cuando hacían incursiones más allá del Rin acostumbraban a gastar malvadas bromas a propósito de la corta estatura de los romanos. Ellos les sacaban hasta medio metro a los latinos. Pero cuando los temibles germanos de Ariovisto atacaban armados de hachas (los legionarios el día anterior se lo pasaban llorando en su tienda absolutamente aterrorizados y queriendo morirse ya), al final resultaba que los romanos les hacían frente, les hacían retroceder y los derrotaban en toda la línea.
Era la virtus, el valor, tanto físico como moral: hacer frente a una horda de germanos de metro noventa, peludos y sedientos de sangre, y encima vencerles.

Acabo de ver en la sexta cómo muchos policías como de metro ochenta-noventa, con sus cascos y porras, invadían marcialmente una vivienda social presa de un fondo buitre (¡a sus órdenes!) tras abrirse paso con mazas, para echar a la calle a una mujer en camisón con un niño de meses en los brazos, su pareja desesperada junto a otros dos menores. A la puta calle ahora en Enero (la muerte puede que sí sea el final a pesar de lo que diga ese himno). En fin, no sé por qué pero el alentador episodio, aparte de casi hacerme vomitar por ser humano, me ha recordado lo de la virtus de los legionarios romanos, tan bajitos, expulsando a los germanos de Ariovisto. Será porque se trata de echar a alguien…

Lo dicho, ha habido mucho progreso, particularmente en lo de la obediencia debida, como todos sabemos en el siglo XX se llegó a cotas espectaculares con este tema

Irnos a la mierda

Mis amigos y amigas que van al psicólogo (cada vez son más) me cuentan la clave de lo que les pasa, que al final se la han dicho por no mucho dinero: en el balance, en el debe y el haber de sus vidas, han dado mucho más de lo que les han dado, ahí, ahí está el meollo. Y eso, claro, se va a acabar, ¡¡hasta ahí podríamos llegar!!, que me timen, que me estafen , que me chupen, que me vampiricen, «yo sólo he comido para mí», yo ya no tengo más en el almacén, ya lo dí todo, y no me han dado nada a cambio, me han desvalijado.
Uséase, la clave de lo mental y de lo afectivo y lo sexual y lo laboral, la clave de lo social, de lo político, de lo económico, de lo religioso, la clave cósmica es la contabilidad, la lógica del contrato. Dios es el Contable Máximo, con su Libro de Cuentas, (y Hawking al tanto de todo).

Claro, a toda esta mentalidad de psicólogos y psicólogas, que es la de la mente-mercado y por tanto la de todos nosotros, le faltaría conceptualizar el excremento, la mierda, lo que sobra y ya no se puede utilizar. Porque lo enigmático es que sí se puede utilizar: la mierda es el mejor abono, de la mierda rebrota la vida más hermosa que nunca. Y quizá el único sentido noble de la vida que nos queda es hacernos mierda, convertirnos en mierda, que entre todos nos dejen hechos una mierda. Así nacerá la rosa encendida, lo que nunca entenderán los psicólogos.

La de Dios

Todos los monoteísmos ofenden el sentimiento religioso natural de las personas,son blasfemos.
Pero también lo son sus sucesores, los que adoran a La Razón.
(El péndulo de la hoguera a la guillotina)

La psicología «científica»

El llamado paradigma cognitivo-conductual pondría, por ejemplo, la clave del dejar de fumar sencillamente en tener muy claro el beneficio esperado en el dejar de fumar. Y no en «la fuerza de voluntad», como constructo mítico, metafísico e incomprensible. Con la famosa «voluntad» el psicólogo no sabe qué hacer y por eso se apresura a traducir la palabra de cuatro mil maneras más bien mentecatas.
La psicología cognitivo-conductual hace de sus «clientes» almas capitalistas con acento angloamericano, todo cuyo problema en la vida sería ver con claridad el beneficio esperado (lo demás se nos da por añadidura). Porque «sólo una cosa es necesaria», saber con certeza en qué consiste el beneficio esperado, y por eso hay tantos psicólogos científicos que además son cristianos o capítalistas del más allá. Lo que el hombre sano quiere es «ser pagado», por eso es mentalmente sano. El hombre sano es el que va por ahí preguntando siempre, en cuanto llega el momento de la seriedad: «¿qué hay de lo mío?».
O sea, Don Quijote sería la misma definición del loco, y sin duda la gran desgracia de la cultura hispánica no dejaría de ser, desde el punto de vista de este capitalismo del alma, haber despreciado algunas veces esa aspiración al beneficio.

Pedro Sánchez

Muy buena persona, excelente persona, todo claro en él, transparente, sin trasfondo, sin dobleces, todos los suyos tan esforzados en recalcar que lo que dice lo hace por difícil y duro que sea.
Pedro Sánchez, tan buen rollo, sólo se emborrachó de joven porque es totalmente normal, ni un tarado ni un carca: cada cosa a su tiempo.
Pedro Sánchez, tan buen rollo, le echa en cara a Pablo Iglesias la rabia, el mal rollo, porque los identifica con lo no constructivo (lo destructivo será, tan malo).
Pedro Sánchez, la moral, tan transparente.
Pero el político, ante todo, debe poder ser «no bueno» cuando haga falta, porque si no no vale para nada. A los patéticos bambis, el capitalismo salvaje de estos neoliberales y neofascistas les da por saco uno a uno en fila india. Por eso los dueños del dinero y de las esencias sólo nos permiten bambis, todo lo más bambis, los demás son malos y peligrosos (para ellos).
Contra el capitalismo salvaje si no hay rabia y «mal rollo» no podemos nada. El capitalismo salvaje es un canalla que nos exige ser buenecitos, hasta ahí podríamos llegar en la tontería.
Por lo demás, hay que andarse con cuidado porque todo el mundo sabe que cuanto más presumen éstos de buenas personas más canallas o enfermos o tontos son, por eso tienen que usar la moralina como arma política.

Realeza

El Rey de España no dice en el fondo nada que no diga Rajoy. De modo que uno se pregunta qué añade la monarquía.
La monarquía añade lo de siempre, respaldo metafísico, comunicación con lo eterno, imposición de manos.
En el Rey encarna la Esencia, España inmutable, una y la misma en el discurrir de la Historia. (En plan majete, claro, moderno).
Y es la Esencia a su través la que respalda al gobernante, dándole una sanción que sigue siendo sobrenatural porque vendría de más allá del tiempo.
(En épocas menos ordenadas, más brutales, menos civilizadas, teológicas antes que metafísicas, se era caudillo por la gracia de Dios).

La muerte

«Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte».
(Ni en la propia ni en la ajena, y mucho menos cuando la tiene delante)

Wittgenstein

Constatar hechos lingüísticos en lugar de avanzar pseudoexplicaciones salvajes, esa fue la senda por la que pretendió lanzar a la filosofía Ludwig Wittgenstein.
Con lo que el trabajo de Platón, Aristóteles o Leibniz quedaba reducido a una lamentable pérdida de tiempo carente por completo de sentido, mientras que una charla de los mormones, de los testigos de Jehová o de los del Opus había que concluir que estaban perfectamente en orden porque el lenguaje religioso en cualquiera de sus formas sí que se hallaba entretejido con una forma de vida.
Una indignante manera de resituar el trastorno mental.

Creer

Freud dijo aquello tan cierto de que la gente no quiere la verdad sino el consuelo. Es la necesidad acuciante de creer en algo, de creer en cualquier cosa por muy absurda y delirante que sea. O mejor, cuanto más absurda y delirante sea una cosa con más pasión se llegará a creer en ella.
De modo que parece haber una relación directa entre el delirio y la felicidad del consuelo.

Que se presente un canijo caduco anunciando que él es la reencarnación de San Miguel Arcángel y que por esa razón ser irrigada/o con su semen trae como consecuencia la purificación del alma, oséase la salvación, uno no sabe si es para tirarse por el suelo de la risa, llamar a los loqueros o simplemente para quedarse como si tal cosa, porque la verdad es que se vienen oyendo cosas aun más raras (como que se acabó la crisis).

Pero lo imperdonable, lo que no tiene nombre y desafía a cualquier movimiento del pensar es que hayan surgido alrededor de 20 mujeres jóvenes que se conviertan en fervientes seguidoras del majadero. Para salvarse, supongo.

Enseñar

Lo único que hace a un buen profesor es su pasión por lo que enseña.
Lo demás son ficciones para vivir de algo (porque de algo hay que vivir).