Archivo por meses: marzo 2026

MULTICULTURALISMO

Gracias al progreso en lucidez del pensamiento occidental hoy se conoce que no podemos seguir pretendiendo que la occidental sea la única cultura en el planeta Tierra, representando ella por razón de excelencia lo más propiamente humano del homo sapiens. Es más, ahora ya se conoce que no hay que ser para nada sapiens, ni mucho menos sapiens sapiens, y a lo mejor habría que admitir ya al Homo insapiens al mando.

En algunos lugares de España se han sabido adelantar a nuestro tiempo multicultural. Por ejemplo, los médicos de ahora mismo en la ciudad de Toledo, según me contaba el otro día un erudito de allí, aparte de tener un buen nivel en medicina científica “convencional”, no se limitarían a ella por causa de  su tradición visigoda, ese factor diferencial respecto del resto de comunidades hispanas, porque saben aprovechar del mejor modo una serie de preciosos conocimientos, heredados, sobre todo, por la vía del gran compilador de la medicina visigoda, Bamba Tricotoso. Su “libro” o lo que eso sea sobre medicina y plantas aromáticas, a no dudarlo, es un antecedente muy importante de la actual práctica médica multicultural, y así va siendo reconocido.
Se conoce que de todos los bárbaros del norte que se fueron instalando por la Península, los visigodos eran los menos tarugos, sin duda porque anduvieron vagando más de 200 años por el Imperio Romano, y algo se les pudo pegar del latín, así que no eran lo mismo de mulas germánicas puras y duras que los demás.

Me llegó a contar el mencionado sabio que un conocido suyo también de esas tierras, uno que sufría una hipercolesterolemia rayana en lo inverosímil, llegaría a estar tan trágicamente sumergido en el pozo amargo de los triglicéridos, que le habían pronosticado un ictus en un plazo de unos dos meses todo lo más, por supuesto según los criterios puramente cuantitativos y groseramente mecanicistas de la medicina convencional. Ahora bien, sin arredrarse en absoluto, impávidos como son ellos y ellas, los médicos de la imperial ciudad, los más veteranos, los más expertos, le recomendaron el remedio que ya habría previsto hace muchos siglos el bueno Bamba Tricotoso para estos casos extremos, remedio consistente básicamente en una dieta absolutamente inflexible, absolutamente rígida, tiránica.
Dieta a base de agua del Tajo pero a buches directos en la orilla tomados en cuclillas (la diarrea crónica resultante aligera el peso de los tapones de grasa en las arterias), y Conejo y Pistachos. Pues bien, habiéndose sumado aquel pre-moribundo, se conoce que a la desespeada, a la Dieta ATCP, si bien es verdad que un poco a la manera escéptica, a los dos meses comprobó que todo había cambiado en él, y fue a que se lo miraran y su estado ya no era crítico. Desde entonces cría él mismo sus conejos y cultiva el pistacho en sus macetas, en el alquiler a la orilla del Tajo. A los conejos los va sacrificando día a día, no hay otra para hacerse con su necesario sustento, y por eso los guarda y los cría, amorosamente pero sin ponerles nombre, eso sí que no, en el cuartucho que la antigua familia dueña de la vivienda, de lo mejorcito, de la aristocracia genuina del Casar de Escalona, reservaba tradicionalmente para que viviera la chacha que los servía, allí encerrada y sin rechistar, pobre ella si no. Especie de trastero sin ventanas, se conoce, a la que aquel hombre se refería con el simpático nombre de “chachería”.
Pues en la chachería, desalojada de sus funciones trasteriles, se crían ahora los conejos y se cultivan los pistachos que le han salvado de un ictus prácticamente seguro. Dando ejemplo, sí señor.

Nazificación

En su intento de renazificación de Nietzsche de finales del siglo pasado, Comte-Sponville, a la vez astuto y pueril, hace alarde de una ignorancia pasmosa casi con seguridad impostada al modo neo-santurrón. Hasta el extremo de aparentar no saber en absoluto que tanto el de los nazis como el de Le Pen son palmarios ejemplos de moral de esclavos.

Pero lo que más desazona es la envidia virulenta que padece este señor: no perdona que alguien haya sido capaz de escribir el Zaratustra. Una carencia santurrona de nobleza que tuvo que soportar asimismo «su amigo» Rosset, demasiado buena persona para abofetearle.

HEINE PANTEÍSTA

«No se proclama, pero todos lo conocen, sin excepción: el panteísmo es el secreto a voces en Alemania. De hecho, hemos salido de la tutela del deísmo, somos libres y no queremos ningún tirano que eche rayos furibundo. Hemos llegado a la mayoría de edad y no precisamos de cuidados paternales. Tampoco somos obras malogradas de un gran mecánico. El deísmo es una religión para siervos, niños, ginebrinos y relojeros»

Sobre la historia de la religión y de la filosofía en Alemania (1852) (1834 1ª)

LOS NAZIS CON NIETZSCHE

Tampoco es de gente inteligente lo que hicieron los nazis con Nietzsche. Basta con examinar el comienzo de la Parte Tercera del Zaratustra, el pequeño pero sustancioso apartado que lleva el título de El Caminante. El encargado de la propaganda del régimen, Goebbels, cuando se iba viendo que todo estaba perdido, ya en 1944, echó mano ampliamente, con citas textuales, de los fragmentos de este capítulo, en los que Zaratustra se refiere a que le ha llegado su hora decisiva, en la que coinciden lo más profundo y lo más elevado, en la que ya no se puede dar marcha atrás, la hora de afrontar su cumbre más elevada y exigente.

Y no solo Goebbels sino también Himmler, por supuesto, habían ya convertido el imperativo nietzscheano de ¡endureceos!, en la norma moral básica de la educación de los jóvenes en el Nacionalsocialismo. Sé duro contigo mismo y con tus enemigos, no transijas, no seas autocomplaciente y así tendrás una vida mejor. Pero hay que recordar que esta advertencia de Zaratustra se dirije exclusivamente al creador, como medida de protección absolutamente necesaria frente a los obstáculos del mundo y de la envidia. Es decir, el mismo Nietzsche no podía por menos que tratar con la máxima suavidad a sus peores enemigos, pero como sucede que tenía una tarea, una misión, la de crear una obra, no podía tolerarse esta tendencia suya tan profundamente arraigada, porque habría sido hace tiempo ya destrozado y, lo más importante, con él habría sido destrozada la posibilidad de su obra. Pero los nazis no invirtieron mucha actividad neuronal en su falsificación de Nietzsche, los estúpidos no podrían. Les bastó sustituir el nombre de Zaratustra por la expresión «el pueblo alemán». Lo cual es el disparate y el absurdo mayúsculos, algo así como hablar de «las fuerzas externas que quieren destruirnos».

Había observado Freud que la paranoia nos puede dar gato por liebre fácilmente, y es que, como saben cerrar bien el círculo automático de las palabras, los paranoicos simularían a veces ser verdaderos filósofos.