Archivos Mensuales: noviembre 2015

Redes sociales

La inoculación masiva del trastorno mental en las redes sociales viene, por ejemplo, de que cada usuario vería modelado su discurrir mental y su conducta por las recompensas (likes) y castigos (indiferencia o incluso cruel desenganche), proporcionados a cada momento del día por personas variopintas, cada una de su padre y de su madre, algunas de las cuales ya estarían de suyo trastornadas, personas que no guardan entre sí ninguna coherencia de estilo de vida, más allá de la ilusoria pertenencia momentánea a una corriente de opinión cualquiera.

Al final se comporta uno en orden a obtener recompensas y superar el silencio o el desenganche: esclavos de no se sabe bien qué (de alguien que propiamente no existe). Skinner domesticaba pichones. ¿En facebook quién nos domestica? Mucho peor que depender de alguien es depender de una nube que es como la Nada de las moscas.

Síndrome del “me debo a mi público”.
Por otro lado, los humanos siempre hemos necesitado que nos den una pauta, un criterio, una medida externa, que nos digan lo que hacemos bien y lo que hacemos mal, que nos aprueben o si no nos den la oportunidad de corregirnos. Por eso decía Nietzsche que el hombre tiene que ser superado.

Monofobia

¿Cómo se llama ese filósofo que se hallaba convencido de la verdad del manifiesto absurdo de que el monoteísmo representa un progreso en relación con el politeísmo? Comte estaba en este punto loco de atar (según  Nietzsche, lo que quería el francés no era sino llevar a sus acólitos de regreso a Roma dando el rodeo de la ciencia).

(No soy en absoluto islamófobo: a mí los tres monoteísmos me la refanfinflan por igual, sin discriminar a ninguno de los tres).

La inevitable sombra de todo monoteísmo es el miedo, que llega a terror, y cuando llega nos hace insuperablemente imbéciles. La monofobia no se le puede reprochar a nadie porque es lo natural, a ver si no. (Por lo demás a nadie se le puede juzgar por sus miedos, que son libres).

Monoteísmos, y el pobre creyente fanatizado: desfilan sus Santas Majestades: a partir del Uno Originario, el Padre, los tres Dioses Únicos, el Dinero, la Clase, la Voluntad General, el Pueblo, la Raza, la Nación, la Razón, la Ciencia, el Hombre, el Progreso, el Mercado, la Tecnología, pero al final siempre todos ellos máscaras del Yo y su esencial mentira narcisista: Los ríos de sangre solo serán contenidos por un pluralismo radical, si nos dejamos ya de contemplaciones con los tiranos sedientos de sangre.

Sin duda, nuestra necesidad de lo uno es muy real, por eso construimos conceptos; pero siempre solo relativa y, como si dijéramos, múltiplemente realizable, sometida al tiempo que todo lo deshace (menos mal, porque de lo contrario nada nacería).

Analfabeto

No solo soy un completo analfabeto en cultura financiera, es que además estoy orgulloso de serlo, y confieso que desprecio olímpicamente a los que, al contrario que yo, son cultos en este tan noble campo.

Porque sabemos sin lugar a duda ninguna que el que va por la vida buscando simplemente acumular dinero es un sádico anal (obtiene una ganancia de placer reteniendo sus propios excrementos). Estreñido voluntario.

Ahora quieren introducir a los niños desde el colegio en el sadismo anal…

El fango

La posición del alma bella, el angelismo, ha sido siempre lo más fácil pero también lo más inútil y patógeno: lo real cuanto más lejos mejor, allá abajo, remontándose a los cielos el puro.
Pero el caso es que nuestra única vivienda es la Tierra, o sea el fango, porque además llueve bastante a menudo. Contentos estaríamos con tal de poder sacar la cabeza del fango de vez en cuando para poder respirar. Y para eso hay que luchar.

Moralistas

Ya supo ver Freud perfectamente que el moralismo no es otra cosa que el rumbo que toma el narcisismo del adulto, su adorada imagen en el espejo elevada a ideal del yo con todas las perfecciones, pero ahora se trata del narcisismo agravado por la buena conciencia con la que desprecia a los demás y los juzga y critica continuamente. “Yo soy el perfecto, soy bueno, soy justo, y entonces, como es lógico, aspiro a hacer del mundo un lugar mucho mejor para todos, por eso cumplo mi deber excomulgando a todo el que no me reconoce mi superioridad manifiesta (la mía y la de mi grupo de narcisistas que nos reconocemos recíprocamente nuestra excelencia)”