Archivos Mensuales: julio 2015

Defensa de Jorge Fernández Díaz

Soy consciente de que los descontentos de siempre le critican mucho y de muy malos modos a este gran señor, en todo lo que hace y lo que dice, además sin la mínima educación a todos exigible. Pero yo sí que puedo hablar en su favor porque conozco bien ese tipo de rostro, ese ceño fruncido, ese nunca mirar a los ojos, ese estar ausente como pensando en algo mucho más importante que la materia vil de este bajo mundo en el que estamos tan fastidiados. Aparte de que soy amigo de todo el mundo, no en vano puedo presumir de buena educación (pasé 11 años de Franquismo con los curas, total nada).

Jorge Fernández Díaz vive hace mucho tiempo su interior tragedia cristiana de asceta atormentado, la más bella de las tragedias, puesto que pretendería la santidad en este mundo tan traidor, sacrificándose con su trabajo diario en beneficio de todos nosotros sus semejantes (es supernumerario o plenipotenciario del Opus Dei en la Tierra). Y ese camino, el de la santidad, esa senda que ha de recorrer el voluntario y autoimpuesto abstenerse del rijo o “afecto viril”, así lo llamaba Nietzsche queriendo desconocer en esto a las mujeres (el rijo, sexo y agresión, como quien dice el Mundo y la Carne), es una senda durísima, y no digamos ya si uno es Ministro del Interior del Gobierno de España con los tiempos que corren.

Por eso lo que pedimos ante todo es respeto, muchísimo respeto para nuestro Ministro. El otro día le pusieron 600 euros de multa a un gañán por faltar al respeto a las instituciones del Estado (parece ser que les dijo “escaqueados” a dos policías, a saber lo que con esta palabra inmunda pretendió insinuar). El respeto es esencial entre gentes que han decidido vivir juntas en un Estado de Derecho. Yo aprendí mucho respeto durante del poco Franquismo que viví (me refiero al Franquismo literal y no al de ahora). Y por eso cuando me encuentro con algún policía todavía inclino la testuz en señal de reverencia, lo debo llevar en la sangre, no vaya a ser el demonio de quedarme sin 600 euros.

Jorge Fernández Díaz se encomienda ahora a Santa Teresa de Jesús como intercesora de España. Con lo que se podría pensar, dando la razón a los pijoprogres, como los llama la voz de su amo, que el Ministro busca hacer cómplice a la pobre Teresa de Ávila de la Ley Mordaza. Ya los franquistas literales nos hablaban del brazo incorrupto aquel cuando silenciaban lo de las cunetas. Yo me imagino que los del Opus están convencidos de que lo que hacen ellos mismos, sobre todo cuando lo hacen en plan grande, plenipotenciario, en realidad lo haría Dios, es la obra de Dios. Con lo que lógicamente no tendrían que dar cuentas a nadie humano (recuerdo lo de “caudillo de España…” de las pesetas). Así que con la Ley Mordaza es la voluntad de Santa Teresita del Niñito Jesusito la que respaldaría el reparto de hostias a diestro y siniestro (nunca mejor dicho entonces lo de las hostias, aunque suelen ser hostias a siniestro más que a diestro). Pero esto es pensar mal, o sea, faltando al respeto, y se me puede caer el pelo. Faltar al respeto significa para esta gente decir lo que uno piensa. Y no quiero engañar a nadie, lo que he dicho lo he dicho a título meramente especulativo, esto es, con el fin de refutarlo enseguida, como hacían los medievales cuando empezaban el ejercicio con lo del “dice el insensato que Dios no existe”. En realidad, Santa Teresa de Jesús lo que le pide al Padre Celestial es que no tenga en cuenta la corrupción, la explotación laboral, el saqueo de los usureros de toda laya, la mentira, el robo, la expulsión de los jóvenes, la pobreza, la desigualdad, la brutalidad. O sea, intercede por España. A ver si se la escucha, como quiere Jorge Fernández Díaz. Que Dios no lo tenga en cuenta pero nosotros sí.

La educación es lo más importante

Estuve observando los juegos de unos niños escoceses. En sus ojos, claros, transparentes, latía un inconmensurable amor a la vida. Pude entender aquello de Jesús, “dejad que los niños se acerquen a mí”. Son nuestra única esperanza. Hay que evitar por todos los medios que la educación demócrata cristiana nos los acabe convirtiendo en inversores de fondos buitre. (Por ejemplo, destruir la herencia del ministro Wert).

Partenón Alexanderplatz

PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS
¿Qué es lo que en realidad pretende conseguir el usurero cuando presta tanto dinero a su víctima, sabiendo como sabe perfectamente que esta jamás podrá devolverlo? (¿Qué es lo que pretende conseguir el usurero como tal usurero, ya que imagino que esa sería la esencia de la usura, prestar lo que se sabe que no te van a poder devolver). Como la teología representa el secreto de la antropología, una pista muy importante la tenemos en la religión cristiana, y en general en las religiones del Señor: ¡perdónanos nuestras deudas!; pero las deudas del pecador serían absolutamente impagables por definición, porque el pecador lo debe todo, debería nada menos que su vida con los intereses correspondientes, los del agua que bebe, del aire que respira, y entonces por supuesto que sólo la gracia salva y nunca nuestro esfuerzo por sí solo nos podrá sacar de la muerte por mucho que esté muy bien esforzarse (el triunfo de esta idea es el nacimiento mismo de la época propiamente cristiano). Porque nada es gratis, como nos aseguran los economistas neoliberales.

Pero además hay que atender al hecho de que la salvación (el perdón de la deuda impagable) solo se obtiene a cambio de una radical conversión por virtud de la cual pasamos a hacer en todo la voluntad del acreedor (al que los acreedores llaman “Dios”), y ya nunca más la nuestra personal. Es decir, la deuda se perdona con la absoluta esclavitud del deudor, su total sometimiento o sumisión. El espectáculo de la agonía por hambre del que nunca podrá acabar de pagar lo que debe satisface y reconforta máximamente a los acreedores, que además ven esa agonía como el hacerse de la justicia, como el auténtico pago. Al deudor a partir de ahora se le podrá cortar la carne cerca del corazón y chupar la sangre por la vena aorta, en las cantidades que el acreedor crea oportunas para que se cumpla la Ley. Pero todo ello, cómo no, por solidaridad, por amor, por caridad. Se trata de salvar al que se ha perdido por su mala cabeza y su corazón tan negro.

Por lo demás, el tipo de democracia que se apellida a sí misma “cristiana”, lógicamente aspiraría de paso a divinizarnos a nosotros los ciudadanos. Es decir, a que todos nos convirtamos en socios capitalistas y tarde o temprano en usureros (con ese espejismo del reparto de beneficios funciona tan estupendamente, por eso les votan). Y es que entonces se trataría en realidad del dinero de todos, o sea, del mío, y claro, es la esencia misma de la moral la que exige que “el que debe tiene que pagar”, (¡“oiga, oyes”!, remacha todo luz el baboso que registraba la propiedad e incrementa ahora la de su banda). De modo que los usureros se van a mover, con la democracia cristiana, en un paraíso de absoluta buena conciencia, en ello se dan mucha maña desde tiempo inmemorial. Ellos que, igual que su Dios, son tan buenos tan buenos que están dispuestos a salvar a los pecadores que han tenido la soberbia de desafiar a la Ley del Padre (la del dinero). O bien, visto de otro modo, ellos que ahora tendrían tanto tanto poder que pueden hasta tener esclavos nada menos que griegos, y llevarse el Partenón a la Alexanderplatz.

El fumador

María Zambrano observaba que a Nietzsche la muerte le traía completamente sin cuidado, jamás habría pensado en ella en serio, decía ella, y que por eso Nietzsche estaba tan solo, porque la muerte nos hace mucha compañía a los hombres.

Así que ya sé lo que le pasa al fumador, no soporta la soledad.