Archivos Mensuales: mayo 2015

Vedantaphilosophie

“MISTICISMO”, según la definición clásica del Vocabulaire technique et critique de la philosophie, vol. I, F. Alcan, París, 1926, p. 496 de Lalande (citado por Michel Hulin, en La mística salvaje. En los antípodas del espíritu. Madrid, Siruela, 2007, p. 15):
“Creencia en la posibilidad de una unión íntima y directa del espíritu humano con el principio fundamental del ser, unión que constituye a la vez un modo de existencia y un modo de conocimiento ajenos y superiores a la existencia y el conocimiento normales”.

Una de las claves de todo el asunto estaría en que la radical crítica nietzscheana de la Entselbstung o “des-simismación” como ideal humano, es decir, de toda la moral del altruismo y la abnegación y la compasión y la renuncia entendidas comúnmente como la moral en sí, en definitiva como la única moral concebible, no sólo sería perfectamente compatible sino que incluso exigiría la lucha continua contra el ego y sus ridículas satisfacciones narcisistas: el altar del ego es el más sangriento y fanático de todos los altares, y entonces nuestro máximo enemigo, y también el más formidable e imbatible. (Lo que nos vela el Selbst o el “Sí mismo” hasta hacerlo irreconocible es precisamente el maldito ego).

Ya escribió un consumado yogi que en una ocasión, postrado ante otra persona para manifestarle al mundo su absoluta humildad, pensaba para sí con deleite: “¡pero qué humilde soy!” (todo lo contrario de “construir una filosofía que me permita aguantarme a mí mismo por toda la eternidad”: paradójicamente, sería el narcisista el que menos se soporta a sí mismo y por eso busca víctimas sacrificiales para su mayor gloria).
Y ya lo apuntó Nietzsche como si tal cosa: habría que ir por encima del “yo” y del “tú” (las personas son prisiones); o lo que es lo mismo, “¡¡siente cósmicamente!!”.

Leyendo a Ortega

¡Ten el coraje de equivocarte! (Hegel).
(Pero también Nietzsche): se señala con esto lo que sigue siendo joven en nosotros por muchos años que vayamos quemando.
El pensar que únicamente aspira a no errar es desde el principio un lastimoso ejercicio de senectud.

La boda del año

El otro día iba yo por un pasillo a hacer no sé qué cuando escuché que el ministro Wert se iba a casar, o ya se había casado.
Sin duda que, como decía Rosset, habría mujeres absolutamente incomprensibles que no por eso dejan de ser reales (también hombres).
De ahí que la filosofía sea necesaria pero a la vez ineliminable como reacción humana, por mucho que pretenda acabar con ella el ministro de marras será en vano, porque de lo contrario lo real nos mataría con las tremendas perplejidades que provoca en nosotros. Literalmente, sin filosofía, la novia de Wert, o lo que sea ese elemento, no me dejaría vivir de la pura y mortal curiosidad.

Sigmund Freud

Aprovechemos el aniversario de ese documento magnífico que es Introducción al narcisismo para proponer que se erijan a Freud monumentos en todas las plazas de la humanidad ilustrada como a su gran liberador que es.
(Por eso sigue estando tan mal visto en tantos lugares poblados de humanos ignorantes y enfermos incurables, no hace falta poner ejemplos).
(Aunque también los haya más lúcidos, aquejados del trastorno narcisista, que en cambio lo estudian encantados porque naturalmente les permite seguir recreándose en la imagen de sí mismos al verse reflejados en el lago de sus escritos, lo cual es rizar el rizo, algo así como ser paranoico autoconsciente y militante).

Para la razón poética

Cuando nos despiertan de golpe del sueño profundo (una llamada de móvil, por ejemplo), justamente entonces quedaría del todo claro: que la nada no es la NADA sino algún “sitio” del que se entra y se sale; que recién despertados no sabemos qué nos ha despertado, ni siquiera qué es un móvil; que en ese momento tampoco sabemos quién somos, no tenemos ni idea de nuestro nombre. O sea, en ese “lugar” que es la nada no habría separación sujeto/objeto, lo cual quiere decir inmediatamente que en la nada está todo. Y al cabo de un tiempo de habernos despertado, a veces nos es dado comprobar que los problemas que nos angustiaban se han  aclarado, y que si antes de dormirnos andábamos algo perdidos ahora cada cosa está en su sitio.

(Por cierto, dejarle todo esto a la ciencia experimental, darle la espalda a este asunto como mero asunto del científico del cerebro, es una actitud facilona que llevaría indefectiblemente al aburrimiento y al nihilismo pasivo, por no decir una abierta ordinariez).

Walter Benjamin

Le debo sobre todo a Benjamin el haberme hecho reparar muy retrospectivamente en que en aquel siniestro teléfono negro colgado más allá de mi alcance en el corredor oscuro del caserón de mi abuela en Galicia se había posado ya entonces, cuando yo era niño, todo el encanto volatilizado de la hostia consagrada.