Archivos Mensuales: septiembre 2016

Los animales

No me atrevo a sentar cátedra sobre la abstrusa cuestión metafísica de los derechos de los animales, sobre todo porque hay muchos negocios muy boyantes que se irían al carajo si esa cuestión se resolviera en sentido positivo, y las mafias siempre infunden respeto.
En cualquier caso, me parece que mi perra Pepa es más noble que Esperanza Aguirre, pero con seguridad es mucho menos peligrosa.

Malentender

Para comprenderlos, ajustamos los sucesos a nuestras categorías individuales-sociales, lo que quiere decir que los vemos y los vivimos con la estructura que les sobreimponen nuestros intereses individuales-sociales. Es lo natural, sin duda, aunque de vez en cuando lleguemos a sospechar que habría una perspectiva compensadora o más justa que consigue mediar entre los intereses conflictivos de las personas y los grupos a los que pertenecen.
Otra cosa es la exageración paranoica de este proceso cognitivo que podemos considerar natural. Me refiero a cuando nos posee una idea fija, una obsesión, que nos fuerza como un mecanismo ciego a apartar la mirada de todos los aspectos de lo real que no se compadecen o abiertamente contradicen el contenido de nuestra obsesión identitaria, y a concentrar la atención exclusiva y patológicamente en aquellas zonas de la batalla social que dan la impresión de reforzarla. De este modo se llega pronto al delirio, a lo peor a la machacona insistencia en una ridícula misión justiciera o salvadora. Algo así como un quijotismo absurdo que nos hace vivir de forma intensa y única entre damiselas violadas, niños acosados por pederastas, trabajadores salvajemente explotados, policías asesinos, terroristas dementes, saqueadores de lo público, traficantes de armas y de personas. Es evidente que todas estas cosas existen y hay que luchar contra ellas con toda la fuerza que tengamos.
Pero en lo real hay muchos más aspectos completamente diferentes, tenemos la belleza, tenemos la juventud y la inteligencia, tenemos a la gente más excelente, pero la enfermedad de la atención a la que me refiero nos puede llevar a ignorar esto día tras día, con el consiguiente profundo fastidio de vivir que sin duda llena de odio y afán de venganza. Nos puede llevar al fanatismo puro y duro, un fanatismo que nos hace “comprender” un poema de Valente, por ejemplo, en los términos de un ajuste de cuentas justiciero.
Claro que de esta paranoia del redentor, tan común hoy, muchas personas pueden extraer nada menos que la justificación de su existencia y el consiguiente apaciguamiento de su envidia. Pero esa pretendida superación del nihilismo que conseguirían con ello se pagará inevitablemente con la absoluta incapacidad de entender lo que ocurre. Viendo por ejemplo en Freud, en Almodóvar…, simplemente, el reforzamiento intolerable de la opresión patriarcal, y esto no me lo invento. Viendo en Freud y en Almodóvar solo esto, y nada más, absolutamente nada más. Es lo que decía Nietzsche de los lisiados al revés, gente que son solo un ojo, un oído, un estómago, y nada más. En nuestro caso, los paranoicos de la redención serían solo la mirada acusadora del que disfruta de su amargura.

Como no puede ser de otra manera, el que se halla parasitado por una idea fija estructura los sucesos de manera máximamente coherente, o al menos eso podría parecer al que le escucha perorar o lee sus majaderías. Pero toda coherencia subida de tono es por definición delirante, porque lo real no es en absoluto coherente, y por mucho que intentemos darle coherencia y racionalidad, tarea sin duda imprescindible, tarde o temprano sucede siempre que la red de la coherencia en la que lo hemos envuelto se rompe por varias partes. Por eso mismo el paranoico no puede comprender de verdad nada de nada, ciego como vive a todos los dobles sentidos, las ironías, las bromas y las risas, sobre todo al imponente silencio de lo real. Por cierto que interpreta toda risa como culpable y merecedora de castigo.

Hacerse el harakiri

La mayoría de los que se hacen el harakiri solo aparentan hacerse el harakiri: lo hacen por responsabilidad social, dicen o dan a entender que se sacrifican por el beneficio de todos. Lo que significa que esperan algo muy gordo a cambio que de momento los demás no alcanzamos a ver. Paciencia, con el tiempo ya lo veremos.

Don Pío

“El gusto por la literatura de Valle-Inclán lo comprendo en cierta clase de público, el de Unamuno lo comprendo menos. El público de Valle-Inclán es el que ha sido entusiasta del modernismo, del decadentismo, de lo diabólico. Barbey d’Aurevilly, D’Annunzio, Ocar Wilde, un poco Baudelaire, princesas, marquesas, palacios, salones, títulos, perfumes, estatuas, todo un poco falso; pero esa admiración ha existido siempre. Ahora, el público de Unamuno ya no lo comprendo. Sus novelas son pesadas deliberadamente, no tienen interés psicológico, al menos general, ni dramático, ni folletinesco…Yo no tengo ningún motivo de antipatía personal contra Unamuno; pero cuando intento leer sus libros, pienso que son como una venganza contra algo que no sé lo que es”

(Baroja, Memorias, citado por Mariano Tudela,)

Judas

Se reanuda tras el verano la brutal campaña de desprestigio contra la Universidad pública española, que según algunos no sería más que la variante nacional, con rasgos propios, de la destrucción universitaria pública promovida por la voraz derecha USA, de muchos años egregio modelo para los imbéciles del rincón éste. (¿Ahora es delinquir insultar?)
Buenos cauces para esta campaña siguen siendo las habituales cloacas nauseabundas de la prensa patria dándole al mecanismo de siempre, que si la endogamia, los rankings tipo la liga de fútbol, ahora por si fuera poco la inutilidad de la ANECA, que solo pide las portadas de los libros en lugar de leérselos todos los de todos: las medias verdades son mucho más mortales que la simple mentira, pero todas las que se esgrimen son medias verdades.
Se comprende que la Banca necesite más beneficios, ahora que estamos en tan malos tiempos para ella (así que ya notaremos que para todos), y ya casi no los puede obtener de donde solía. Se comprende la rentabilidad de la privatización y la proletarización del profesorado y tantos estudiantes como clientes, apetitosísimo bocado para empresas y sectas religiosas diversas, más o menos siniestras, pero en todo caso abanderadas de la explotación por el bien de lo más elevado, Dios o España.
Sin duda que los fracasos de la educación española son responsabilidad de los políticos de todos los pelajes (todavía me río de aquella broma del “tiene que ser una reforma de coste cero” cuando lo del célebre espacio europeo), y de los pedagogos que ejecutaban sus sucesivas reformas con sonrisa inocente. (Por ejemplo, la actual enseñanza media: cultura informática, cultura emprendedora y financiera, “cultura” religiosa, las tres aderezadas con palabrejas calcadas del inglés americano, tipo “rúbrica”). O sea, incultura. Pedagogía no pasa de ser hoy traducir del inglés americano, si es pedagogía de vanguardia, pedagogía de investigación.
Pero es indignante lo que se hace para enmascarar este fracaso político de todos los partidos: presentar a los profesores como responsables.
Pero es indignante que los que firman la campaña sean a veces los mismos profesores, por ejemplo catedráticos de universidad que se autoexcluyen porque sí de lo que denuncian, la endogamia, los rankings, la acreditación de la ANECA. ¿Qué esperan recibir a cambio de su actitud, parecida a la traición?

Compasión

Muchas veces ocurre que cuando obramos por compasión obramos para escapar de nuestro propio malestar.
Y para Nietzsche no es cuestión de compartir el sufrimiento, de duplicarlo, sino de compartir la alegría.
Al hilo de lo cual subraya Michel Henry que el que compadece falta al pudor al entrometerse en la interioridad ajena.