Archivos Mensuales: septiembre 2018

“Patos sentados”

La educación cristiana, en una época de la vida en la que la gente es escasamente crítica, le formaría a uno en el supuesto amor universal, sobre todo amor a tus enemigos. De modo que le convierte en un “pato sentado” completamente indefenso ante el ataque de cualquier depredador, también porque ese amor le hace ser sincero y transparente con todos los que le rodean, asesinos de almas incluidos.

Así que, si uno no consigue quitarse de su cuerpo, llegada la razón a su madurez, ese género de educación que ha asimilado en carne y sangre y le habría constituido, y sin embargo quisiera seguir vivo y más o menos cuerdo en la edad adulta, entonces habrá de convertirse necesariamente en un hipócrita de tomo y lomo, abrazando la santurronería.

Misantropía

La verdad es que no se sabe bien a qué viene todo ese despliegue incesante de teorías psicológicas y sociológicas, puesto que estaría meridianamente claro en torno a qué dos elementos ha girado siempre el mundo de los humanos en todas las épocas de que tenemos noticia: la envidia y el afán de venganza. La primera se disfraza cristiana y modernamente con las galas del ideal rousseauniano de la igualdad, e incluso del amor universal (Rousseau, “la tarántula de la humanidad”); y el segundo, claro está, pasa por ser sed de justicia.

(Pero la misantropía nos viene en momentos o accesos, además parece haber conocidos que la anulan y la desmienten con su ejemplo, menos mal)

En cualquier caso, ya se sabe que el hombre al fin y al cabo no importa, es algo que tiene que ser superado.

Pobre loco

“¿Han visto ustedes alguna vez una niña tan bonita como el más abandonado de los gatos de albañal?”

(…)

“Esto me recuerda el tiempo en que mi amigo y camarada Romundt, un maestro en Schopenhauer e incrédulo si alguna vez conocí a alguno, anunció públicamente su intención de unirse a la Iglesia de Roma. A mí y a los otros asociados de la universidad nos hizo la misma impresión que si nos hubiera dicho que estaba cansado de ser un hombre y que en una fecha futura entraría en una jaula del zoológico local para convertirse en mono. ¿Qué lo ha fatigado tanto de la aventura del pensar?, le preguntamos, y por supuesto, no contestó”

(Atribuidos, controvertidamente, a Nietzsche en el manicomio).

 

 

 

El ateo

El ateo no tiene por qué estar loco, ni ser un nazi. Al ateo no tienen por qué haberle violado de pequeño, ni tampoco necesita como condición para ser ateo haber caído en relaciones incestuosas en su pubertad.

No habrá de ser el ateo, para serlo, un monstruo moral, un desalmado.

Al ateo no tiene por qué faltarle nada, ni razón ni moral.

Tal vez el de las carencias de razón y de humanidad sea, bien al contrario, el creyente.

De Don Miguel

“La inteligencia de S. Paparrigópulos era clara, sobre todo clara, de una transparencia maravillosa, sin nebulosidades ni embolismos de ninguna especie. Pensaba en castellano neto, sin asomo alguno de hórridas brumas septentrionales ni dejos de decadentismos de bulevar parisiense, en limpio castellano, y así era como pensaba sólido y hondo, porque lo hacía con el alma del pueblo que lo sustentaba y a que debía su espíritu. Las nieblas hiperbóreas le parecían bien entre los bebedores de cerveza encabezada, pero no en esta clarísima España de esplendente cielo y de sano Valdepeñas enyesado. Su filosofía era la del malogrado Becerro de Bengoa, que después de llamar tío raro a Schopenhauer aseguraba que no se le habrían ocurrido a éste las cosas que se le ocurrieron, ni habría sido pesimista, de haber bebido Valdepeñas en vez de cerveza, y que decía también que la neurastenia proviene de meterse uno en lo que no le importa y que se cura con ensalada de burro”

(Por gentileza de A. Bell, americano del Norte que sabe más de España que muchos de nosotros)