Archivos Mensuales: octubre 2014

Gamberros

Hay viejos que como no soportan la vejez que sienten intentan disimulárselo a sí mismos haciendo alguna que otra gamberrada.
Pero el que es gamberro en alma y cuerpo, el gamberro esencial de toda la vida, ese jamás llegará a sentir la vejez por muy viejo que se haga.

“Nos lanzamos siempre hacia lo prohibido y deseamos lo que se nos niega” (Ovidio).
“¿No es la vida cien veces demasiado corta–para aburrirse en ella?” (Nietzsche).

Por qué no soy marxista (del todo)

El estribillo de que la cultura es un arma (todo lo fundamental que se quiera) en la guerra de clases siempre me ha puesto un poco de los nervios. Cierto que los de la clase dominante siempre han sido en este país unos impresentables y unos ignorantes rijosos y macilentos, pero soy del parecer de que la cultura es mucho más que eso, muchísimo más: “quien crea que el problema de la existencia humana tiene una solución política merecería dar clase en una Universidad alemana”. Son los problemas políticos los que piden solución política, no los demás, que los hay, y muchos. Y por otra parte el intelectual de partido no es libre sino que obedece consignas o las emite él mismo, por definición, no se sabe qué será peor. Porque las consignas, también por definición, son lo contrario del pensamiento, a lo que recuerdan más que nada es a los anuncios de los detergentes, que también buscarían movilizar al cliente..
Pero por otra parte, como no se vaya resolviendo el problema político (económico-social) las bases mismas de la cultura a la larga se acabarán pudriendo y toda cultura se hará inviable porque son las personas del pueblo las que tienen tanto que decir. Sin duda que la clase empresarial no sabe qué hacer con la cultura como no sirva para el beneficio privado. Pero tampoco creo en la supeditación de la cultura al beneficio público. Hay que desafiar al beneficio y al interés en general, justo en ese desafío consiste la cultura.
En suma, pienso que la cultura es el fin de la vida humana (¿qué otro si no?, ¿qué otro?, ¿beber cerveza y comer langostinos con los camaradas? No está mal, pero a la larga aburre, como todo, menos la cultura), y entonces habría que calibrar con sumo cuidado qué tipo de estructura económico-social favorece en mayor medida a la cultura o al florecimiento de la humanidad, que sin duda ninguna no es la capitalista. Y entonces luchar por la que la favorece en mayor medida. No se trata de la soberbia del intelectual, o quién sabe, sino de la sensatez del que huye del moralismo de la navaja de degollar.

Cela

En una de sus novelas Cela muy realistamente describía las “cinco señales del hijoputa”. Yo sé de uno que tiene seis, una por sobreabundancia de hijoputez, que se le habría escapado al novelista.
En otra insistía en que a un gallego hay que matarle por la espalda, si se le quiere matar, porque de frente no hay manera…

Losantos

No sé por qué será, pero lo cierto es que cada vez que me llega noticia de la última vomitona de Losantos me da por pensar en los buenos tiempos antiguos en que el duelo era una institución respetada. Luego se me ocurre que esto estaría fuera de lugar, porque la institución del duelo concernía sólo a caballeros.

Dejarse de cuentos

Parece natural que todos sin excepción persigamos aquello que nos dictan nuestros propios intereses. Si a Jesús se le pudo calificar de “idiota”, y si para tantos ha sido el modelo de la perfección sin más, fue precisamente porque parecía en esto una figura de la excepción. Como los locos, como los tontos, como los niños, casi por definición.
Hay que estar en el mundo, y el mundo es el del propio interés, digan lo que digan, nada malo habría en ello, las cosas como son, y lo peor es siempre el autoengaño.
Pero lo que sí resulta penoso, indecente, humillante, es tener que escuchar a todos y cada uno, también sin excepción, disfrazando su interés tan particular de santurrón interés general (el bien del grupo, institución, clase, nación, Humanidad incluso). Esa mendacidad constitutiva de lo humano nos hunde casi definitivamente, pero no en la indignación, sino en el más desolador aburrimiento. Aburrirse de las personas y de sus discursos y charlatanerías de feria, todas en esto idénticas.
Para muchos, el pensamiento consistiría justamente en ese despreciable arte humano de enmascarar lo muy particular con las galas tan divinas del interés general. (Alguien que conozco defiende su interés particular construyendo toda una filosofía de la historia). La santa mentira del pensar.