MATA LA VERDAD

Un lacaniano muy versado en la obra de su maestro me vino a decir un día que la verdad es como una leche tóxica. Cuando gustamos su sabor nos convertimos en adictos y tendemos a apurarla hasta destrozarnos. Pero será una muerte bella y heroica, me parece, y para el caso da igual porque todos vamos a morir, y más vale morir intoxicados de esa manera que por cualquier estupidez.

PODER COMO AMOR

Cuando es falso poder o impotencia autoritaria, pero llega a imponerse pese a todo, el poder se impone siempre como mentira, lo que es lo mismo que decir basándose entre otras cosas en el discurso moralista. (El auténtico poder es el de la verdad o la naturaleza, o sea, el poder de la salud del cuerpo y la sensatez del espíritu. El poder como justicia o equilibrado de las fuerzas. El poder como amor).

SER FILÓSOFO

Para ser filósofo, si hacemos caso a Unamuno, solo haría falta ser sincero, porque para ser profundo nada más que hace falta ser sincero, por encima de todo con uno mismo, cosa dificilísima. Y es que esta honradez filosófica con uno mismo solo se obtendría radicalmente poniéndose en cuestión por completo cada dos o tres semanas, con lo que las piernas te tiemblan, entras en pánico y hasta puedes llegar a añorar el útero materno tan seguro como la muerte. La frivolidad viene bien para los medios y las tertulias y para hacer una buena digestión, para pasarlo bien. O para vender botones de nácar y géneros de punto en una mercería. Pero la Filosofía es algo diferente, peligrosa y muy comprometida, contando con que ser filósofo no es desde luego lo mismo que ser profesor de Filosofía.

Para ser filósofo solo haría falta extremar las recomendaciones que daba Savater para vivir éticamente la vida humana, eran tres pero olvidé la segunda, lo que puede indicar que a mí esa no me importa. La primera y más importante, tener coraje para vivirla, o sea, para lo que aquí se trata, tener el coraje de la verdad. Porque una verdad inofensiva no es en absoluto una verdad filosófica. Y el coraje de la verdad exige la ardua tarea previa del estudio, de la asimilación y la investigación de las verdades que han sido y de las que ahora son, y sobre todo de la tuya, lo más duro, aunque ayude el Psicoanálisis. La tercera, tener prudencia porque es necesaria para sobrevivir. Pero Savater no cae en la cuenta, sabrá él por qué, de que el coraje de la verdad va muchas veces en contra de la prudencia, porque el servicio de la verdad, que es «el más duro de todos los servicios», con frecuencia exige olvidar y pasar por encima de tus propios intereses y de tu propia preservación (primum vivere es nada más que una coartada del cobarde). De manera que el poder y el dinero no se compaginan para nada con el coraje de la verdad puesto que te encarrilan inevitablemente por la senda de la impostura y el autoengaño. Quien alberga en su pecho el furor philosophicus no tiene en el pecho espacio para el furor politicus, afirmó Nietzsche.

O DEMO

Para los que están instalados en la moral de esclavos, es completamente natural que el diablo sea justo aquel que dice non serviam!, ¡no serviré! El que es servil necesita obedecer, o «creer», y eso mismo es lo que les hace ser tan crueles cuando mandan. Pero casi siempre son ellos los que mandan, esa es nuestra desgracia. Como además suelen ser muy tontos, si alguien les vence argumentando le contestan que, claro, como decía Lutero, ya se sabe que el diablo es un dialéctico muy hábil.

NO TOMÁRSELO EN SERIO

Ser cristiano, y no digamos católico, no es ni más ni menos que querer escuchar a Dios diciéndote todos los días que no te preocupes para nada de las tragedias de la vida, que para eso ya estaría Él. A esta conclusión llegó Wittgenstein una vez, y sin duda yo la he podido comprobar, sin excepción, en todos los sinceros cristianos que conocí: estaban como completamente ausentes, y su manera de ausentarse era fingir una constante participación, por ejemplo siempre pendientes del santoral y las efemérides, sin olvidar «lo social», pero todo ello de aquella manera, como de refilón.

Lo malo de todo su tinglado es que (a mi modo de ver) el cristiano, propiamente hablando, no vive: vivir de verdad es vivir en la tragedia. Claro que renuncia a la vida de la tragedia pensando que no es la única que hay.