EL QUE SIRVE DE BUENA GANA NO VALE PARA MALDITA LA COSA

Lo que ahora llamáis «espiritualidad» no sería más que un malentendido que al parecer pretenden que esté de moda. Pero lo lamentable de este malentendido es que arrancaría no tanto del desinterés por comprender como de vuestra cobardía y vuestra pereza del todo congénitas, cerrándose al esfuerzo de pensar lo que se sabe. ¿Quién tiene hoy la fuerza necesaria para esto, pensar lo que se sabe? Como queréis vivir bien, habéis renunciado a conocer, o lo que es igual, os habéis convertido en creyentes porque lo contrario os habría resultado demasiado molesto.

Según curas y monjas, a ver si no, en caso de que hagas lo que ellos/as digan, tienes reservado un espacio en «la casa del Padre», asegura este tipo de gente que tal fue la promesa de su Dios, hoy parecería una especie rara de oferta inmobiliaria. Estando una vez en lo más alto de la isla de Capri, pregunté por el precio de una noche en un hotel muy vistoso, 800 euros del ala, de lo que hace ya años. Me negué y me niego a pagar por ninguno de los dos alojamientos, es un robo, y por ahí que se andan los dos, aunque parezcan tan diferentes, ya que si el uno es por toda la eternidad, el otro es cierto y no imaginario.

Un pueblo-rebaño, un pueblo obediente que ve en la docilidad la bondad pura y dura, un pueblo que se deja conducir porque lo necesita, un pueblo que nunca sospecha del pastor porque asegura amarlo y hacer de los enemigos del pastor sus propios enemigos, ese no es pueblo, es populacho.

NIETZSCHE O LA PASIÓN DE LA VERDAD

«Hay, pues, que descartar de una vez esas preguntas, propias de un maestro de escuela, que dicen, por ejemplo: ‘¿qué quería Nietzsche?’, ‘¿qué quería decir Nietzsche?’, ‘¿qué sistema filosófico profesaba Nietzsche?’: Nietzsche nada quiere, sino que está en poder de una pasión inconmensurable hacia la verdad. Nada persigue; Nietzsche nunca piensa para, con su pensamiento, instruir al mundo o hacerlo mejor, ni para buscar una posición tranquila; el éxtasis del pensamiento es su único fin, y en el pensar están el único placer, la única recompensa, la única voluntad (egoísta y elemental, como toda pasión demoníaca). Nunca en este despliegue de fuerzas se refiere a una ‘doctrina’; hace tiempo que está más allá ‘de esa puerilidad del principiante que es el dogmatismo’ y más lejos todavía de toda religión. (‘En mí nada hay de común con el fundador de una religión, la religión es asunto del pueblo’). Nietzsche practica la filosofía como quien practica un arte y, como un verdadero artista, no busca el resultado, ni cosas fríamente definitivas, sino únicamente un estilo, ‘el estilo de la moral’, y, como un verdadero artista también, experimenta los escalofríos de la inspiración»

Stefan Zweig: La lucha contra el demonio, pp. 279-280 de la edición de Acantilado 1999.

MISÓLOGOS AL MANDO

Se recrea hoy Sloterdijk con la bien-pensante afirmación de que la democracia permite que aplaudan a los dictadores, hasta tal punto sería santurrona. Hoy han podido ver en Madrid fotos de Trump y Franco llevadas a hombros por el odio y la mentira. Y no es raro que la democracia termine pariendo Hitlers, porque la pulsión de muerte nos llevaría a respetar la estupidez, que es lo no respetable por definición.

Franco y Trump…¿Cómo se puede consentir, a no ser porque nos guíe la pulsión suicida, que el homo sapiens sapiens sea gobernado por el homo insapiens, que aristotélicamente hablando no sería de nuestra especie? El que odia al Logos tiene que venir a matarnos…y si le votamos es porque estamos hartos de vivir.

TontoFascismo

Hay motivos para pensar que, inmersos en la situación trágica en que el mundo se halla, los análisis sucintamente políticos, si no estériles del todo, sí que darían síntomas de impotencia o falta de penetración en una circunstancia tan coriácea como la nuestra.

Igual el ansia de generalidad de la filosofía no es más que otro doble defensivo, otra burbuja para evadirnos del horror de lo cotidiano puro y duro. Pero no sería por ello en absoluto despreciable. Así que en el párrafo siguiente ofrezco la abstracción salvadora en mi caso, pues iría de la mano de la experiencia trágica de la vida.

Como cité en mi libro contra la estupidez, es muy importante no olvidar lo que llamo la paradoja, consistente en que es muy difícil precisar criterios tendentes a diagnosticar al tonto de remate, para eludir la acusación de que «PARA TI ES TONTO EL QUE NO PIENSA COMO TÚ». Y sin embargo a todo tonto llega un momento en que se le nota que lo es. Y además, hay algo democrático o estadístico en esto, pues si alguien arrastra una sólida reputación de gilipollas es que es gilipollas, seguro.

En fin, a lo que me quería referir con our craving for generality, to be honest, es a que para mí la actual situación política tendría, y esto sirve para dar un stop a las pajas mentales, la siguiente clave de comprensión, citada en mi libro contra la tontería:

«Son tontos todos los que lo parecen, y la mitad de los que no lo parecen»

Cuyo corolario es que la salvación no es otra que el despotismo ilustrado, ya que la democracia, antes de mudarse en fascismo, tiene que reconocer derechos a los tontos. Y de ahí, inexorable, el fascio redentor (de tontos, siempre mayoría)

LA BIBLIA Y YO

La verdad es que este conocido libro, y conste que siempre fue mi preferencia para la versión en verso, tendría su aquel. Y en este momento me viene a la memoria aquella dedicatoria de Enrique Jardiel Poncela redactada poco antes de dar a la imprenta su La tournée de Dios, «A Dios que cae muy simpático». Por mucho que lo lean los evangélicos esos, lo cual resulta sin duda paradójico habida cuenta de lo que voy a decir ahora mismo, hay en la Biblia por lo menos dos verdades incontestables y sumamente relevantes para la orientación en la vida humana. Y apuesto a que con independencia de la época y la cultura.

La primera, tan evidente como el 2 + 2 = 4, aunque verdad de diferente tipo, es que «Hominis vita supra terram militia est«. Incluso sin Trump. La segunda, creo que asimismo del Antiguo Testamento, la de que «Stultorum numerus infinitus est«, lo que cualquiera de mi edad ve claramente incluso sin Trump.

Pero es que, por si esto fuera poco como escuela para la vida, lo que tiene la Biblia es que te hace pensar un montón, evangélicos aparte. Porque tampoco nos cabrá la menor duda de la conclusión a la que se llega del modo más suave a partir de este ínfimo apunte: que la razón de que la vida sea para los humanos una continua guerra, siempre y en todo lugar, no es sino que el número de estúpidos y de estúpidas (con toda la gama entre unos y otras) es de hecho infinito. Incluso sin Trump y sus imitadores.

VIRUS FASCISTAS

Los fachas y los virus jodidos tienen el mismo origen: el abaratamiento de los billetes de avión, en primer lugar, y de todos los transportes en general. Lo cual, dicho sea de paso, igual refuta el marxismo, o igual todo lo contrario. Así que cualquiera sabe.

TRUMPISMO

Como solo hay una verdad indudable en la actualidad, sea cual sea la cultura planetaria en la que nos situemos, la verdad que asegura que el cliente siempre tiene la razón,  o el que paga manda, o sea, que si se invierte dinero y el dinero retorna centuplicado, ahí está la verdad y otra no hay, y eso es lo único que sabemos de universalmente válido hoy, entonces ya hemos descubierto que no solo Dios no habría muerto, qué va qué va, sino que hay alma, y hay alma inmortal, la humana. Justo por eso, precisamente, porque el cliente, el que paga, siempre tiene la razón. Donde esté la libertad de mercado que se quite la murga de la verdad, soberanamente improductiva. Esa es la definitiva derrota nuestra, y no solo la del ateísmo sino también de la crítica de la razón pura, con toda la ciencia detrás.

Como no podía ser de otro modo, el que sirve el pedido neomeapilas al cliente es esta vez el neurocientífico de vanguardia, ejerciendo además de showman o payaso por un pequeño suplemento.





HAY QUE REÍRSE PORQUE SI NO…

Por mucho que llegue a admirar a Fichte, sobre todo en comparación con Schelling, a quien pone a caer de un burro, no puede contener Heine las ganas de reírse que le caracterizaron siempre, y reírse, además, con esa «divina maldad» sin la que Nietzsche era incapaz de concebir la perfección no solo estética, diría yo. El problema del filósofo idealista es que el gran público no lo habría entendido bien; y es que todos pensaron que cuando afirmaba Fichte que la realidad material ni más ni menos era el producto del Yo que, como Tathandlung, para empezar, se pone a sí mismo, a lo que se estaba refiriendo era a un Yo que en realidad sería el yo de Fichte. Con esto estaba sembrada la semilla del escándalo y de la persecución.

Porque los varones se preguntaban que cómo se atreve ese señor Fichte a pensar e incluso a llegar a decir, por implicación, que yo no soy más que un producto de su yo, cuando es el caso que yo soy superior a él, porque yo soy el alcalde, pongamos por caso. Por lo que hace a las damas, continúa el poeta burlón, no dejaban de extrañarse, por descontado, de que Fichte pensara que su mujer era un producto de su yo… («pero ¿lo sabe su mujer? ¿cómo se lo permite su mujer?»).

Como señalando Heine de este modo las cosas que había tras la denuncia por ateísmo, es decir, la limitación intelectual de las fuerzas vivas, y no tan vivas, de su época en Alemania.