LO COMÚN

“Mientras que el punto de vista del Antiguo Testamento, como el punto de vista cristiano [contrario al de los gnósticos], es desde el lado de la comunidad. Los cristianos estaban convencidos de que el creador era bueno y de que Adán y Eva eran simplemente niños traviesos que no obedecían la ley del Padre, pero los gnósticos estaban del lado de la individuación. Nietzsche, con su idea del superhombre, continuaba en esa línea que siempre está aparte de la opinión colectiva. Pues la opinión colectiva siempre ha estado y estará a favor del punto de vista de que las cosas son realmente buenas como son y de que deberíamos quedarnos con ellas y no hacer diferencias; el objetivo es mantener la uniformidad de las cosas sin separación. Los Camisas Negras en Italia significan: no hay distinción; somos partículas del rebaño, sin existencia propia, porque Dios es bueno y sabe muy bien por qué dijo que no comiéramos del árbol. Por ello, toda la gente que no pertenece a ese credo es necesariamente mala. Como ven, esos partidos políticos se limitaban a imitar lo que la Iglesia y otros cuerpos colectivos de opinión han hecho siempre” (Jung en el Seminario sobre el Zaratustra, pp. 677-678).

Pero ha resultado que Dios ha muerto, es decir, que ya no se puede creer en su existencia honradamente (entendiendo de verdad qué significa el Credo de la Iglesia, o sea, pudiendo distinguir entre creer y meramente creer que se cree). Y por lo tanto tampoco se puede creer ya, realmente, honradamente, en ninguna de las sombras de Dios, que por ello están destinadas a desvanecerse tarde o temprano: la Nación, el Pueblo, o lo que quiera que sea. Sin duda para bien de todos nosotros: hasta este momento, la individuación había sido siempre el pecado.

LA MADRE DE JUNG Y EL TELÉFONO

“Siempre he pensado que la reacción de mi madre ante el teléfono era totalmente correcta. Nació en un tiempo en que no había teléfonos y yo ya era un joven estudiante cuando me familiaricé con ellos. Nunca acudió a la caja del hechicero, como ella lo llamaba, pero una vez la persuadimos de que se acercara cuando su prima estaba telefoneando y puso su oreja en el auricular, mirando severamente ese agujero, y dijo: ‘Sí, sí, te oigo, ¡pero no puedo verte!’. Su prima quería decirle algo, pero mi madre no escuchaba y al final estampó el auricular en la caja y dijo que nunca volvería a llamar por teléfono de nuevo. He aquí una reacción sana y natural. No está bien que tengamos que escuchar a alguien hablando y no verle: es la locura organizada. Llamamos locos a quienes sugieren que oyen voces provenientes de los objetos, pero es lo que hacemos. Es antinatural. El hombre no está capacitado para ello y de ese modo se pierde a sí mismo, como era de esperar.

Zaratustra prosigue: “

(El Zaratustra de Nietzsche. Notas del Seminario de 1934-1919 impartido por C.G. Jung, p. 604)

EROS PEDAGÓGICO

El de profesor sería un trabajo como otro cualquiera, en principio, pero para el que sin duda se requiere fuerte vocación. No podemos confundir, al profesor o a la profesora, con un misionero. Cuando la vocación profesoral llega a exacerbarse hasta el frenesí pedagógico, del tipo Sócrates, del tipo cura, entonces no es raro ir a parar al paternalismo, la pederastia o el acoso baboso. ¡Imperdonable confusión en lo que a las variedades de lo erótico respecta!

FORTUNATA Y JACINTA

Guillermina Pacheco, la rata eclesiástica, es capaz de suscitar con su grandeza de alma la admiración y el respeto del lector más anticatólico, llevándole incluso a este a la proeza antes imposible para él de comprender a los católicos, ¡pudiera ser también al colmo de comprender a los católicos españoles! El único problema es que el de la rata eclesiástica es un personaje más bien inverosímil. Y además su heroica lucha tan admirable a lo que aspira es, cómo no, a esa potente anestesia católica de siempre que nos trae la paz pero también la mediocridad y el letargo.

Maximiliano Rubín es todo un enigma filosófico. A este ¿loco de atar? le denomina Galdós, simplemente, “el filósofo”, con lo cual estaría casi todo dicho. Con sus delirios místicos la locura se hace indiscutible, contundente, ofensiva, uno no sabe si compadecerse o burlarse de él. Y por otra parte, con su delirio racionalista posterior, averigua y demuestra verdades constantemente sin tener que preguntar a nadie. Una primera hipótesis es que con esta exclusión social de su pensamiento calculador se acompañaría a fin de cuentas lo demencial del hiperracionalismo con el que pretende demostrarse a sí mismo que su cabeza está en orden y funciona como un reloj suizo, no como la de los demás.

Pero el caso es que, en Maxi, delirio místico y delirio racionalista acaban por llegar, por diferentes vías, a la misma verdad incontestable, para él fundamental: que su mujer está encinta del despreciable Juanito Santa Cruz. La enseñanza galdosiana del caso, a mi parecer, es que lo que llamamos locura afectaría tanto al entusiasmado por sus visiones privadas, carentes de lógica conceptual, como al que es consumado maestro en una lógica absoluta de la que están ausentes esas visiones. El pensamiento sensato lo hacen la mezcla de las dos, lógica y arrebato.

JUNG SOBRE EL PÁLIDO CRIMINAL

“No ayuda decir que algo es bueno o malo. Decir que es malo ayudaría menos que nada para lo más importante, a saber: que podemos aceptar lo malo. Como ven, cuando lo aceptamos, hay una oportunidad de que algo pueda cambiar, pero nunca lo aceptamos. Podemos mejorar solo cuando aceptamos lo que es parte de nosotros. Entonces podemos cambiar, no antes”

(El Zaratustra de Nietzsche, p. 487)

JUNG: TERGIVERSAR LA PULSIÓN

“Aquí Nietzsche o Zaratustra preparan nuestras mentes para una importante intuición, a saber: no es ‘yo’ lo que es inteligente. Cuando decimos ‘yo’, queremos decir nuestras mentes y pensamos que todo lo que conocemos de nosotros mismos es conocido. Es un prejuicio muy curioso. Por ejemplo, justo ayer una señora relativamente inteligente estaba en mi consulta–aparentemente ha leído muchos libros–y me hablaba de su extraña neurosis. Dijo: “Y lo más interesante es que mi neurosis no tiene ninguna causa, absolutamente ninguna; no tiene sentido ni razón”. Respondí: “Entonces es un regalo del cielo, pues nunca he escuchado hablar de una neurosis sin causa”. “Sí”, replicó, “debe ser algo así porque en realidad no hay ninguna causa para ella, lo sé todo sobre mí misma” ¡Qué inocua e inocente! ¡Es absolutamente consciente de su psicología! Hay una montaña, pero no la ha visto. Al final de la sesión sabía que algo se había producido en ella que ella no había producido. La ha producido a ella; ha vivido algo que no entendía, que no conocía, y eso la vivió a ella.

Resulta un gran descubrimiento que debajo, o aparte de nuestra psique o nuestra conciencia o nuestra mente, hay otra inteligencia de la que no somos los hacedores y de la que dependemos. Como pueden comprobar, el gran temor de Freud sería que puede haber algo afuera que no es ‘yo’. Afirmar que hay una inteligencia mayor fuera de nuestra mente implica que debemos estar locos. Como Nietzsche. Desgraciadamente para Freud, Nietzsche no era el único que tenía esos pensamientos; era la convicción de miles de años anteriores a Nietzsche que la inteligencia humana no era la última palabra, que incluso su mente era el resultado de algo detrás de la pantalla, que no somos los hacedores, sino que hemos sido hechos. Nuestra mente no es el dios creativo que trae a la existencia un mundo de la nada. Hay una preparación. Hay, antes que la conciencia, un inconsciente del que la conciencia surgió una vez, y que es una inteligencia que seguramente supera nuestra inteligencia de un modo indefinido” (El Zaratustra de Nietzsche, pp. 389-390)

Pero lo que nos hace sería el animal radical, por supuesto que pasado por la sociedad: por el lenguaje y la cultura. Lo que Nietzsche llamaba “una inteligencia más amplia”, más inteligente que la nuestra consciente-linguística, no es ningún espíritu brahmánico objetivo ni nada por el estilo. Sino la pulsión funcionando al modo darwiniano. Es ya una costumbre saquear a Nietzsche para utilizarlo en pensamientos completamente ajenos a él, ¿quién no lo ha hecho?