EL ESTADO ESPAÑOL

Es absolutamente evidente que el nacionalismo catalán, y también el vasco, como poco, son enemigos mortales del Estado español, y siempre lo serán, sin conciliación posible. No digo enemigos de la nación española porque eso en el fondo daría lo mismo, entre las papillas nacionalistas todos ellos siempre se acaban entendiendo en su demencia de fondo. Y entonces, cualquiera que tenga interés en defender y promover el Estado español, por fuerza ha de tomar a nacionalistas catalanes, y vascos, como enemigos mortales, en justa reciprocidad meramente reactiva. Y si no lo hace así carece de realismo político, es un peligro público porque entonces es un político de pacotilla.

JESÚS DE NAZARETH

Para que no nos sigan haciendo perder más el tiempo con asuntos tan abstrusos como la divinidad de Cristo. Está bien algo de lo que dijo Jesús entre su nacimiento y su muerte, como lo de llevar la espada y terminar con los hipócritas. Pero eso de que Dios Padre dejó encinta a una virgen mortal de un Dios hijo mediador por cuya tortura y muerte en la cruz los humanos serían salvados de sus pecados y de la muerte, ¡eso es un delirio, un brote psicótico al que no hace falta añadir nada más para verlo en su realidad!

DEMOCRACIA Y VERDAD

Un hombre, una mujer de partido, no tienen nada que ver con la verdad puesto que lo único que cuenta para ellos son los votos, los votos son su único criterio de “verdad”. Pero que una idea o una tesis o un parecer sea mayoritario o haya convencido al mayor número no significa en modo alguno que sea verdadero, esto es evidente e indiscutible. Tal vez, incluso, cuente por ello como más falso que verdadero. De manera que la mujer y el hombre de partido se hallarían obligados por su propia naturaleza a mentir de manera sistemática, a mentir como bellacos. En el sentido de tomar y hacernos tomar como verdadero lo que de ninguna manera lo es. Pero esto mismo sería el significado de “verdad” en el nivel básico o primario.

Es político el que tiene un olfato infalible para detectar la tesis que sirve a los intereses de su Partido, y solo ahí se le presentará entonces la verdad misma, una verdad que querrá inmediatamente hacernos ver como la verdad para todos. Pero esta su verdad necesariamente unilateral es por fuerza, por unilateral, lo contrario de la verdad.

Se sube un peldaño con la relación polémica entre las verdades unilaterales de las personas y los Partidos, peldaño intermedio desde el cual el nivel anterior sería justamente el de lo falso. Por último a veces se asciende al peldaño definitivo con el tipo de relación en apariencia contrario al anterior, es el nivel “racional” del pacto, el contrato, el concierto. Desde aquí por supuesto que los dos inferiores se muestran una vez más como lo falso propiamente tal. Todos y cada uno son verdad y mentira.

PULSIÓN DE MUERTE

Para María Zambrano, tan optimista ella, el fascismo no era cosa española sino extranjera. Y continuaba diciendo que para entender al hombre fascista había que partir de la figura nietzscheana del resentido esencial. Es el resentido un invertido porque odia la vida y da vivas a la muerte en su fuero interno o a voces, y entonces quiere ajusticiar de un tiro en la nuca a los que se sienten felices de vivir y por eso son libres, con la excusa de que necesariamente serían culpables, dado que el mundo no es como tiene que ser. Al contrario de María Zambrano, Jacobo Muñoz aseguraba que en nuestro país tiene que cumplirse el ritual del degüello recíproco cada setenta años como media.

Nos puede sorprender en un primer momento que el fascismo español extraiga hoy sus señas de identidad de la reivindicación de caza y toros. Pero no es nada sorprendente, en el fondo, porque hay apasionados de estas cosas peregrinas que ante todo desean DAR LA MUERTE. Con los toros y la caza, con este tipo de gente se trata solo de pretextos para poder descargar su instinto asesino, cuya acumulación en intensidad les llega a sofocar y a hacerles odiosa la existencia. Incluso llegan los más devotos de este culto mortuorio a hacer de su vida un ejercicio de dar la muerte, a otros o a sí mismos. Como aquella verdadera novia de la muerte que conocí hace un tiempo, lo llevaba inscrito en su cuerpo, una apasionada de los toros que proclamaba por doquier su amor a la cultura española tras rezar con impresionante unción por iglesias y catedrales imponentes. Cultura católica, cultura de la muerte la nuestra, como casi todas las habidas hasta ahora, por lo demás, pero de una muerte que según sus defensores llevaría a la vida eterna. Ahora que, sin duda, debemos dar gracias a Dios por que este ejercicio fascista de dar o darse mulé en cualquiera de los registros, imaginario, simbólico o real, no haya pasado a ser lo que de verdad es, puro y duro odio al género humano y a la vida en general, quedándose de momento circunscrito a los pobres animales. Excepción hecha, claro está, del claro apoyo de mucha de esta gente a los violadores. Y es que por supuesto también la violación es una manera de dar la muerte.

EN HONOR A KUNDERA

“Pero, si el porvenir no representa un valor para mí, ¿a quién o a qué me siento ligado?: ¿A Dios? ¿A la patria? ¿Al pueblo? ¿Al individuo? Mi respuesta es tan ridícula como sincera: no me siento ligado a nada salvo a la desprestigiada herencia de Cervantes”

El arte de la novela