Jacobo Muñoz

Hoy he recordado algo que le oí decir una vez a Jacobo Muñoz, y que considero que tiene su importancia, así que él me perdonará que lo divulgue, donde quiera que esté. “Los estudiantes de filosofía son prometedores y fascinantes hasta que cogen el algoritmo”, dijo, justo entonces dejan de serlo porque ya no piensan en sentido estricto, a lo peor ya no pensarán nunca en el sentido estricto de la palabra. Por causa de sus maestros creyentes, algoritmizados como recetas de cocina. Alguien piensa filosóficamente mientras no pretenda filosofar en marxista de ley , o en buenista, o en heideggeriano, o en feminista de alguna ola última, o en deleuziano tal cual. Porque desde ese momento es como si fabricara churros en vez de pensar, todos le saldrán igualitos, trate el tema que trate. Muy cómodo y muy fácil, pero la máquina no es pensamiento filosófico, es todo lo contrario. Y si Nietzsche me va bien a mí, particularmente, es porque él nunca podría utilizarse como máquina virtual, como una aplicación de móvil que se te descarga en tu cerebro para los restos, siempre mirando lo real como lo mismo, fabricando churros todos iguales.

Ser feliz

“O único homem feliz é o que nao toma nada a sério. Quanto mais as coisas se tomam a sério, mais infeliz se é. O que toma a sério a sorte de humanidade é quase o mais infeliz de todos os homems…Quase: o que toma a sério a sorte do mundo e o enigma do universo é ainda mais infeliz”

Fernando Pessoa , Livro do Desassossego

LA INSIGNIFICANCIA

“Para nosotros los asiáticos, un individuo es una hormiga. Para ustedes, es un hijo de Dios. Es un concepto asombroso”

(Lee Khan Yew, ministro de Singapur, respondiendo a las grandes protestas contra la sentencia de flagelación impuesta a Michael Fay por vandalismo)

SAGRADO

“¿Hay algo sagrado? Sí, digo yo con Nietzsche, lo hay. Bien es cierto que no podría rezarle, pero sí que puedo mantenerme en la afirmación de su magnificencia. Este mundo es sagrado”

(DANIEL DENNETT)

Lo malvado: el “egoísmo”

“Sin contar con el hecho adicional de que el que ha decidido ser egoísta, en el sentido nietzscheano de dejar de obedecer para pasar a escucharse a sí mismo, lo más probable es que sea perseguido con toda la crueldad del mundo por los creyentes de estricta observancia, sean éstos religiosos o políticos: “¡Por eso hay todavía tan pocos que sean un ego! La demanda de Estado, de instituciones sociales, de Iglesias, etc., no ha perdido fuerza. V<ide> [Véanse] ¡las guerras! ¡Y las ‘naciones’!””

Más allá del rebaño. Nietzsche, filósofo de la mente

La pelu

Como me colgaba ya el flequillo hasta literalmente las narices, consecuencia no solo de mi hallarme como siempre demasiado ocupado sino también y sobre todo de un desaguisado estético del pasado reciente infligido a mi persona en el mismo establecimiento, en el día de ayer me encaminé de mala gana a la pelu. Pero al abrir la puerta y meter la cabeza para atisbar el panorama de su interior, advertí la presencia adusta de cuatro o cinco damas que frisaban o rebasaban los setenta y cinco, las cuatro de gesto torvo y mirada severa, como dispuestas a juzgar a todo el que allí entrara por sus pecados, reales e imaginarios. Así que decidí irme y lo dejé para hoy. Y hoy sí que tuve suerte, no había nadie, las dos profesionales de la tijera pasaban las horas del calor absorbiendo, como si los necesitaran para seguir con vida, los mensajes publicitarios del televisor al que daban directamente las sillas destinadas a los clientes en fase de espera.

Inmediatamente se dispuso a laborar alegre en mi decadente cabellera mi peluquera habitual, precisamente la dueña del negocio, que era la de más edad, pero también, y por lo mismo, la de más sólida experiencia de la vida y no pocos conocimientos bien fundamentados, cosas que bien se notaban al compararla con la tendencia a recaer en el vacío mental de su compañera. Y en seguida empezó la conversación sustancial, ella fue directa al grano, habiendo pasado pronto por encima de los debidos lamentos por el calor infernal que los dos por supuesto emitimos a dúo. Era el tema sustancial lo de la Pantoja, que al parecer, se me informó con rigor y exhaustivamente, aguantaba en un programa de televisión de los más canallas, en el que se la humillaba y escarnecía día sí día también para diversión del televidente. La Pantoja lo hacía, se me relató, en el colmo de la bajeza, porque por lo visto ganaba unos 80.000 del ala cada semana que resistía allí en pruebas y disgustos ya impropios de su respetable edad. En seguida quise matizar yo, llevado de mi natural bonhomía, que se había venido rumoreando insistentemente en torno al jugoso asunto de que la folclórica se hallaba con el agua al cuello en los campos económico y patrimonial, de modo que no solo era preciso disculpar su conducta sino sobre todo saberla comprender, lo que en definitiva viene a ser lo mismo. Y es que cuando uno se juega tantísimo hará casi de todo para evitar hundirse. En la repisa debajo del espejo pude contemplar entonces la fuente primaria de toda esa sabiduría peluqueril, un ejemplar del Hola, reluciente y con pinta de recién comprado.

En fin, al poco tiempo de llegar abandoné el lugar despidiéndome efusivamente de mi peluquera, porque por poco dinero gracias a ella llevaba un corte de pelo que no estaba mal, y por si esto fuera poco me marchaba de allí instruido.

Nietzsche and Darwin

Neither Darwin nor Nietzsche was politically correct, fortunately for us.

(Political correctness, in the extreme versions worthy of the name, is antithetical to almost all surprising advances in thought. We might call it eumemics, since it is, like the extreme eugenics of the Social Darwinists, an attempt to impose myopically derived standards of safety and goodness on the bounty of nature)

Daniel Dennett