Lo que ahora llamáis «espiritualidad» no sería más que un malentendido que al parecer pretenden que esté de moda. Pero lo lamentable de este malentendido es que arrancaría no tanto del desinterés por comprender como de vuestra cobardía y vuestra pereza del todo congénitas, cerrándose al esfuerzo de pensar lo que se sabe. ¿Quién tiene hoy la fuerza necesaria para esto, pensar lo que se sabe? Como queréis vivir bien, habéis renunciado a conocer, o lo que es igual, os habéis convertido en creyentes porque lo contrario os habría resultado demasiado molesto.
Según curas y monjas, a ver si no, en caso de que hagas lo que ellos/as digan, tienes reservado un espacio en «la casa del Padre», asegura este tipo de gente que tal fue la promesa de su Dios, hoy parecería una especie rara de oferta inmobiliaria. Estando una vez en lo más alto de la isla de Capri, pregunté por el precio de una noche en un hotel muy vistoso, 800 euros del ala, de lo que hace ya años. Me negué y me niego a pagar por ninguno de los dos alojamientos, es un robo, y por ahí que se andan los dos, aunque parezcan tan diferentes, ya que si el uno es por toda la eternidad, el otro es cierto y no imaginario.
Un pueblo-rebaño, un pueblo obediente que ve en la docilidad la bondad pura y dura, un pueblo que se deja conducir porque lo necesita, un pueblo que nunca sospecha del pastor porque asegura amarlo y hacer de los enemigos del pastor sus propios enemigos, ese no es pueblo, es populacho.


