IRIS MURDOCH

En la primera novela de esta genial filósofa escritora el protagonista acostumbra a ir a charlar y tomar té con una señora que regenta un inverosímil negocio de venta de libros y periódicos viejos en el que nadie entra, fumando sin parar cigarrillos que va encendiendo cada uno de ellos con la colilla del anterior, y rodeada de una multitud de gatas que paren sin parar y se orinan por todas partes, encima de los libros y los periódicos.

Un día el protagonista entra en la tienda especialmente deprimido, y la señora le pregunta: “¿de qué se trata esta vez, de dinero, de sexo o de gente?” “¿Cómo?”, responde él. Y entonces ella sentencia: “sí, los tres infiernos de la vida humana, el dinero, el sexo y la gente”.

EL PRAGMATISMO

En La voluntad de creer, William James sostiene que la satisfacción del creyente cuenta como evidencia de la verdad de su creencia.

Con esta mayúscula ingenuidad, el pensador americano está definiéndonos, exactamente, en qué consiste la muerte de Dios. Contra el pragmatismo habría que recordar aquello de Freud, la gente no quiere la verdad sino el consuelo. Pero hay algunos que son tan cándidos o tan astutos como para asegurarnos que el consuelo sería justamente la verdad, que la verdad no es otra cosa que el consuelo, transitando del modo más vergonzoso desde el instrumentalismo en filosofía de la ciencia, que por supuesto se puede defender, a las cuestiones éticas de la vida humana, donde de lo que se trata es de todo lo contrario si somos honrados: de huir del autoengaño y la represión. Una vez más pienso en el loco nazi que iba por ahí diciendo que “verdadero es lo que me gusta” (una expresión que a mi juicio condensa la esencia de la neurosis).

RUA DOS DOURADORES

En esta calle de la Baixa lisboeta vivía en un cuarto piso el heterónimo de Pessoa Bernardo Soares, y en ella también trabajaba, en un segundo piso, como ayudante de escribiente. De la Rua dos Douradores pudo trazar un completo microcosmos de la condición humana en su más sangrante historicidad (sus compañeros de trabajo y su jefe, la empleada de la mercería de la esquina con quien todos los días se cruzaba pero a la que jamás se atrevió a decir palabra por mucho que deseara intimar con ella, el hortera inevitable, el peluquero que le contaba anécdotas, la casa de comidas del primer piso cuyos camareros emigrados de Galiza habían llegado a ser verdaderos maestros en el arte de la mediocridad como vía garantizada para ser feliz, los dos preocupados por su salud cuando veían que no se había bebido completa la botella de vino acostumbrada, el chico de los recados, el viejo de todos los días bajando la cuesta…). En el mundo circunscrito por esta calle y las dos perpendiculares que son la Rua Vitoria y la Rua Assunçao, apenas unos metros más allá, abajo y arriba, Soares iba a proyectar las más profundas reflexiones filosóficas y las más sensibles recreaciones poéticas que nunca se puedan leer en escritor alguno. El Pessoa real, en cambio, acostumbraba a oxigenarse de vez en cuando, tomando el aire que venía del Tejo, yéndose a pasear por el Terreiro do Paço, un poco más abajo en línea recta.

NIETZSCHE EN INGLÉS

La floreciente recepción actual de Nietzsche por parte de la filosofía angloamericana—en otro tiempo llamada “analítica”—lo que buscaría es ¡to make sense of Nietzsche! (¡¡Como si por sí mismo no lo tuviera!!). No sé si esto, a lo peor, no va a significar al final otra cosa que el intento de ajustar su pensamiento a los cánones del “sentido común” que es el anglosajón (el sentido común de ese tipo de gente), medio utilitarista medio cristiano. Pero, en cualquier caso, lo que están haciendo todos estos estudiosos que sólo leen y escriben inglés me recuerda lo que dijo Nietzsche una vez sobre la filosofía académica: “Nunca ha turbado a nadie”. O sea, están tratando de convertir una filosofía por esencia turbadora en otra inocua y domesticada, “que se pueda entender”. (Cfr. en especial el tipo de filosofía, ellos la llaman “misión” muy significativamente, que preside la política de las ediciones de los “Nietzsche Studies”, así como la tan interesante obra de Maudemarie Clark con su talento lógico de catequista).