El cretino es basicamente un ladrón de tiempo, un vampiro, inmortal a tu costa, que chupa atención y aspira a ser tu Moloch. Cuando te das cuenta de ello, que no es nada fácil, tu consiguiente indignación va a convertirse en su combustible.
Había una divinidad antigua, aparte de Laverna, muy menor, que fungía como patrón de ladrones y estafadores, Mercurio o Hermes. Con ello, el mundo grecorromano perseveraba en su magnífica tarea cultural de incorporar y aun celebrar los aspectos más tenebrosos de nuestra existencia. Latía ya en sus sabios y filósofos la intuición, en la actualidad refrendada por la investigación científica, de que el tránsito de la pura animalidad al animal humano, y del infante al adulto, se entendería de modo clarísimo en el momento en que un chimpancé aprende a disimular, a fingir, a engañar a su congénere comportándose como dándole a entender que el plátano del que se ha apropiado en realidad estaría en la caja en la que justamente no está. Saber engañar es la alborada de la gran inteligencia y la verdadera marca del Logos en nosotros, los primates que hemos sido y en tantas cosas seguimos siendo. Hasta el lenguaje propiamente humano, en su función argumentativa matriz de todas las lógicas, inasequible al chimpancé, proviene de la necesidad que tiene el grupo de detectar al ladrón y al estafador, el polizón que no paga pero se aprovecha de todas las ventajas que le proporcionan los otros ejerciendo su pasmosa habilidad manipuladora. Porque el que necesita mentir para que no le peguen una patada en el culo representa uno de los mayores peligros para la especie humana, tan lista como es. Algo de lo que Popper se hallaba absolutamente convencido.
Ahora bien, en sus escritos de madurez el mismo Nietzsche señala la Habsucht o el ansia de posesiones como afecto básicamente positivo. Esto ha dado ocasión a que el filósofo se haya podido utilizar por los apropiadores de lo ajeno como su santo patrón justificador. El que te expropia sería todo un señor mientras que tú, desvalijado de lo tuyo, como digas algo que suene a protesta no eres más «un resentido con las patas cortas» del resentimiento. A esto se añade, para colmo, que ha venido siendo constante el uso de Nietzsche para ensalzar al mentiroso y llevarlo al rango de lo sobrehumano. Porque está claro que el ladrón se ve obligado a mentir sistemáticamente, hasta que al final la mentira le parece la misma verdad refulgente.
Lo que resulta sumamente interesante es que todo idiota acaba yendo a robarle a Nietzsche, a desvalijarle, desde el más canalla emprendedorcillo del fracaso empresarial hasta el filósofo más respetado, Heidegger o Habermas, sin ir más lejos. Porque Zaratustra regala, el ladrón no se siente realmente a gusto como no presente lo robado a Nietzsche como de su cosecha.
Y lo que hace reír del ladrón esencial es el inverosímil detalle de que cuando le sugieren que devuelva lo que ha robado se pone enfermo porque lo experimenta como un robo de SU obra.
