Archivos Mensuales: enero 2014

“Razón y fe”

Hablar con voz engolada de la sempiterna murga de “razón y fe” (el tema estrella en tiempos del florecimiento de las Universidades del Opus) empieza por presuponer, de la manera más taimada, que la tal “fe” sería una forma de conocimiento. Pero eso es presuponerlo todo así sin más, no cuestionar justamente lo que habría que cuestionar por encima de todo. Porque podría ser la “fe”, precisamente, el modo más eficaz de (auto)desconocimiento.

“Claros del bosque”

“Y queda la nada y el vacío que el claro del bosque da como respuesta a lo que se busca. Mas si nada se busca, la ofrenda será imprevisible, ilimitada. Ya que parece que la nada y el vacío–o la nada o el vacío–hayan de estar presentes o latentes de continuo en la vida humana. Y para no ser devorado por la nada o por el vacío haya que hacerlos en uno mismo, haya a lo menos que detenerse, quedar en en suspenso, en lo negativo del éxtasis. Suspender la pregunta que creemos constitutiva de lo humano. La maléfica pregunta al guía, a la presencia que se desvanece si se la acosa, a la propia alma asfixiada por el preguntar de la conciencia insurgente, a la propia mente a la que no se le deja tregua para concebir silenciosamente, oscuramente también, sin que la interruptora pregunta la suma en la mudez de la esclava”

María Zambrano

Llorar

“Un persistente error ha llevado a creer al hombre occidental, dentro de la tradición de Job tanto como en la de Edipo, que enaltecerse exija desarraigarse, desprenderse de las propias entrañas. Sólo el corazón como símbolo y representante de ellas ha encontrado alguna fortuna, mas olvidándose cada día más ese aspecto del símbolo corazón, de ser depositario del gemir de las entrañas trabajadoras, proletarias. Ellas trabajan a toda hora, a toda hora soportan, ofrecen y producen. Y ese su exceso se derrama vivificante, si se les deja abierto el corazón para que entren. Y al corazón abierta la mente para que en ella cante y diga. El corazón, que con su música rescata el crujir de las entrañas que se resecan, cuando no les llega ni una lágrima desde los ojos que fijos sólo para ver ya no lloran; puro cristal, pura retina. Sólo para ver sirven los ojos, solamente para ver, se ha creído—se sigue creyendo.  Así, los ojos que no lloran se confunden”

(María Zambrano, “El libro de Job y el pájaro”,  El hombre y lo divino)