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La irresistible ascensión de Arturo Pi

Los trepas de toda la vida ahora aprenden lenguajes muy tranquilizadores para su conciencia de trepas, lenguajes que son un disfraz más para seguir trepando. Por ejemplo, se reúnen todos juntos en congresos estúpidos para disertar sobre el famoso emprendimiento y la “voluntad de crecer”. O bien, si son muy atrevidos, sobre la “voluntad de poder” que  a fin de cuentas sería la clave de la vida humana y la vida como tal. Porque el trepa cuando es trepa mayúsculo, superlativo,  se lanza a encontrar justificación cósmica y quizá metafísica a la odiosa deformidad espiritual que constituye a su tipo humano.  Y es que lo de ser un trepa rematado nacería solo, a fin de cuentas, de la pura incapacidad  para emprender el camino derecho y caminar por él sin disfraces ni manipulaciones, sin bajas astucias de conspirador.

Voxitorra

En la mitología de los pueblos hispánicos, Voxitorra es el nombre de un monstruo fanático que amenaza con robarles a los niños su país. Según los expertos, al Voxitorra le vendría del Cristofascismo su granítica coherencia interna, su reposar en sí mismo, su ser de tal y cual manera. Y es que piensa como los obispones, además de ayunar en Montserrat.

Locuciones que indican lo imposible: “Ser más burro que Voxitorra”, “estar mas chalado que Voxitorra”.

La derechona

En una cadena de televisión española muy del gusto del respetable, donde cada martes y cada jueves se dan cita para vomitar insensateces las muestras más patológicas en lo mental de la política nacional, desde la extrema derecha a la extrema izquierda, han dado hoy la noticia del reciente discurso de un cierto personajillo del PP, al parecer gerifalte regional de la cosa, pero cuyo nombre nunca se me queda en la cabeza, sin duda por lo triste de su condición humana e intelectual. Habría venido a decir el tal ilustre, literalmente, que el español auténtico es el que celebra las Navidades poniendo el belén, y por supuesto además celebraría la Semana Santa compungiéndose de corazón. Lo que le debe ocurrir a esta joya de menda es que jamás lee libros, igual que su maestro Trump, el animal que ahora les ampara y les quita el miedo a los suyos, igual que Hitler amparaba y envalentonaba a sus abuelos cuando procedieron a la masacre famosa de los tres años y muchos más después.

De modo que los que no celebramos esas festividades tan jondas, tan nuestras, tan populares, ni por supuesto vamos jamás a la “tauromaquia” esa de los huevos ni tampoco de caza, cosas ambas de supervalientes, no seríamos españoles auténticos a juicio de esta gente. Se ve que ya nos van queriendo asesinar o expulsar de nuestro país, como cuando aquello. ¡¡Se siguen creyendo que para ser español hace falta ser cristofascista!! ¡¡Y ocurre justo al revés!! ¡¡Estos ladrones de patrias, que se habrán creído!!

Yo le diría a este imbécil de baba que leyera, por ejemplo, a María Zambrano, pero sería inútil, no la va a entender.

Badiou

«Hágase la Justicia y perezca el mundo» es el lema de siempre del fraile fanático, también en sus versiones laicas o revolucionarias.

Nosotros estamos en el extremo opuesto, es decir, preferimos el mundo como es a la nada, o sea, a lo que los fanáticos llaman «cielo», también en traducciones laicas.

Camulo

Camilo Alonso Vega fue un veterano de la Guerra de Marruecos que se sumó al golpe franquista, llegando a Procurador en Cortes, Ministro de la Gobernación y Capitán General. De modo cariñoso, todos sus compañeros fascistas le llamaban “Camulo”, oficialmente porque era “obstinado”, pero a mí mi padre me contaba que en realidad porque era una bestia parda.

Una vez el Generalísimo le llamó para decirle, “Camilo, les tienes que quitar a los españoles El sentimiento trágico de la vida (Unamuno)”, y me contaba mi padre que el tal Camulo iba por ahí, muy preocupado, preguntándoles a sus camaradas: “¿Y cómo les quito yo un sentimiento a los españoles?”.