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Catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid "SO VIEL MISSTRAUEN, SO VIEL PHILOSOPHIE"

EL PSICOANÁLISIS

El buen psicoanalista tiene mucho de artista. Y los pacientes adecuados son los que tienen un cierto nivel reflexivo que sin duda no todos tienen. En definitiva, un buen psicoanálisis requiere bastante tiempo, y la nuestra es la era de la prisa. Esto nada tiene que ver con «el método científico». Como decía Jesús Mosterín, toda psicología, toda, es metafórica. A él esto le hacía sospechar de la psicología. Pero estaba equivocado: una psicología no metafórica no es psicología, es otra cosa, nadie sabe qué. Porque que lo sea es inevitable y tiene una razón muy profunda, el lenguaje humano. De modo que aquí, en el psicoanálisis, o el psicoanalista tiene mucho talento o no vale para nada, se queda en mero charlatán.

Todas las reacciones:

1Mariano Rodríguez González

UN SENTIDO DEL ESCRIBIR

Mihi ipsi scripsi (Nietzsche). Eso intenta ese escritor peculiar que no se tiene a sí mismo por escritor, porque reconoce que no escribe para los demás sino únicamente para sí mismo (con el fin de fijar todos los buenos momentos para descubrir el hilo de oro que es el sentido de su existencia). Pero la escritura de sí no es una forma de terapia, en absoluto, sino una de descubrimiento a través de la autodisciplina. Esa sería la forma perfecta de autocultivo o cuidado de sí, por la que llegar a respetarse, y no hacerse a uno mismo nada que jamás se haría al otro (el amor propio como base de todo posible altruismo, o en realidad, del único que no es peligroso, que no sirve de máscara para otra cosa).

TIRAR DE LA MANTA

Cuando tiras de la manta o dices la verdad (cuando «faltas al respeto»), claro está que te van a calificar de «cruel» todos los sinvergüenzas. Pero también esos a los que les importa un bledo que los sinvergüenzas sigan campando a sus anchas, los defensores de la mentira piadosa, representantes o descendientes directos de la casta sacerdotal que insisten en la barbaridad de que hay que cuidar del rebaño. Era lo simpático y grande de Jesús, cuando anuncia que él trae la espada, o sea, que viene a tirar de la manta (pero eso de que, al hacerlo, se nos tendría reservado un lugar «en la casa del Padre» francamente no lo entiendo).

NUESTRA DECADENCIA IMPARABLE

Desde que irrumpiera el cristianismo en nuestra cultura occidental, esa extrañísima planta de invernadero oriental, con esa su pujanza incomprensible, la perversión de la autodenigración sadomasoquista no deja de llevarnos de la manera más insaciable, más viciosa, al fondo del fondo en todos los caminos de la vida. Esta brutal expresión de la pulsión de muerte nos habría echado a perder completamente al persuadirnos de que puede haber una vida otra, mejor, del todo feliz, más allá de esta. Cuando la única vida otra es la nada pura y dura.

EL SECRETO DE LA VIDA

Para llevar una vida medianamente alegre, la medida estratégica esencial sería hablar de verdad exclusivamente con aquellas personas a las que puedas comprender y que te puedan comprender. O sea, solo ser sincero con tus iguales. Con todos las demás, y como resulta que dios ha muerto, ya se sabe que «todo» estaría permitido. Cuando digo «todo», claro está que me refiero a la mentira y al disimulo, siempre que sean necesarios como medida defensiva. Y es que hay que atenerse estrictamente a la regla de no mostrar tu «alma» a quien no te pueda comprender, porque de lo contrario te va a acabar destrozando, queriéndolo o sin quererlo.

NAPOLEÓN

Napoleón se dedicó a reforzar la escuela pública francesa al principio, mientras defendía la república, siempre amenazada, con sus increíbles hazañas militares. Pero cuando se volvió un tirano hizo todo lo posible por debilitarla. Y es que la escuela pública francesa de aquella época era terriblemente exigente en Lógica, y ya se sabe, la Lógica es muy peligrosa para el poder. Nos lo cuenta Stendhal.

HOSPITALES CATÓLICOS DE MADRÍS

Hasta aquel momento había sido ella, la bella Jarifa, la más aplicada estudiante del Colegio de la Jesuitinas de la Ribera del Manzanares. Pero no solo eso, también de las más devotas, casi lo era ardientemente, nunca se perdía un Ángelus, una sabatina, el rosario del recreo, lo que fuese. Escuchaba sin perder ripio las reflexiones tan santas del Padre Floro, con verdadera fruición, como sorbiendo una a una sus palabras. Como es lógico, las hermanas estaban sencillamente prendadas de ella, y ya imaginaban cosas grandiosas para su futuro en sus mentes calenturientas. Pero un día, en mitad de la clase de finanzas y emprendimiento, hete aquí que empezó a gritar incoherencias haciendo extraños gestos y como babeando. La profesora, muy alarmada, mandó avisar enseguida a la madre superiora, y esta, tras comprobar que aquello no era nada normal, decidió llamar al Padre Floro. Algo hizo este hombre de recursos, cosa no reñida en su caso con la santidad, que en un santiamén se ponía en acción el potente músculo sanitario de la Comunidad. Acabaría ingresada la infeliz en la planta de Psiquiatría de uno de los Hospitales Católicos de Madrís; en concreto, y si mal no recuerdo, el «Beato Genaro» de Moralzarzal. Iba a ser diagnosticada Jarifa, tras los pocos días que quedó allí en observación, de DBC (Desorden Blasfematorio Compulsivo). Naturalmente, aplicaron los médicos del centro el protocolo a seguir en estos casos cada vez más frecuentes, el tratamiento de exorcismos puesto a punto por aquel célebre dominico tan experto, cuyo nombre en este momento no me viene. (Ya se sabe, o pasar por eso o el exilio para la pobre Jarifa).