Archivos Mensuales: enero 2018

La cultura de los psicólogos, esos exquisitos

Revela el progreso del conocimiento tan esperanzador al que estamos asistiendo en nuestros días, pero no solo eso sino además el progreso de la sensibilidad humana y de la moral en general, como también la elevación inaudita de nuestra estatura política que atiende a la diversidad, en suma, revela todas estas cosas excelentes el hecho de que los que son además de tontos pedantes, bonita combinación hoy tan frecuente, llamen al sordo de toda la vida, en vez de sordo, hipoacúsico.

Lulú

“Andrés Hurtado trataba a pocas mujeres; si hubiese conocido más y podido comparar, hubiera llegado a sentir admiración por Lulú. En el fondo de su falta de ilusión y de moral, al menos de moral corriente, tenía esa muchacha una idea muy humana y muy noble de las cosas. A ella no le parecía mal el adulterio, ni los vicios, ni las mayores enormidades; lo que le molestaba era la doblez, la hipocresía, la mala fe. Sentía un gran deseo de lealtad. Decía que si un hombre la pretendía, y ella viera que la quería de verdad, se iría con él, fuera rico o pobre, soltero o casado. Tal afirmación parecía una monstruosidad, una indecencia a Niní y a doña Leonarda. Lulú no aceptaba derechos ni prácticas sociales. –Cada cual debe hacer lo que quiera— decía. El desenfado inicial de su vida le daba un valor para opinar muy grande”

(Pío Baroja, El árbol de la ciencia, 1911)

Monasterio del Paular

“–Yo no los he resuelto–murmuró Ossorio–. Cada día tengo motivos nuevos de horror; mi cabeza es una guarida de pensamientos vagos, que no sé de dónde brotan.
–Para esa misticidad–repuso Schultze–, el mejor remedio es el ejercicio. Yo tuve una sobreexcitación nerviosa, y me la curé andando mucho y leyendo a Nietzsche. ¿Lo conoce usted?
–No. He oído decir que su doctrina es la glorificación del egoísmo.
–¡Cómo se engaña usted, amigo! Crea usted que es difícil de representarse un hombre de naturaleza mas ética que él; dificilísimo hallar un hombre más puro y delicado, más irreprochable en su conducta. Es un mártir.
–Al oírle a usted, se diría que es Budha o que es Cristo.
–¡Oh! No compare usted a Nietzsche con esos miserables que produjeron la decadencia de la humanidad.
–Fernando se incorporó para mirar al alemán, vio con asombro que hablaba en serio, y volvió a tenderse en el suelo”

(Pío Baroja, Camino de perfección, XIV, 1902)