La verdad es que este conocido libro, y conste que siempre fue mi preferencia para la versión en verso, tendría su aquel. Y en este momento me viene a la memoria aquella dedicatoria de Enrique Jardiel Poncela redactada poco antes de dar a la imprenta su La tournée de Dios, «A Dios que cae muy simpático». Por mucho que lo lean los evangélicos esos, lo cual resulta sin duda paradójico habida cuenta de lo que voy a decir ahora mismo, hay en la Biblia por lo menos dos verdades incontestables y sumamente relevantes para la orientación en la vida humana. Y apuesto a que con independencia de la época y la cultura.
La primera, tan evidente como el 2 + 2 = 4, aunque verdad de diferente tipo, es que «Hominis vita supra terram militia est«. Incluso sin Trump. La segunda, creo que asimismo del Antiguo Testamento, la de que «Stultorum numerus infinitus est«, lo que cualquiera de mi edad ve claramente incluso sin Trump.
Pero es que, por si esto fuera poco como escuela para la vida, lo que tiene la Biblia es que te hace pensar un montón, evangélicos aparte. Porque tampoco nos cabrá la menor duda de la conclusión a la que se llega del modo más suave a partir de este ínfimo apunte: que la razón de que la vida sea para los humanos una continua guerra, siempre y en todo lugar, no es sino que el número de estúpidos y de estúpidas (con toda la gama entre unos y otras) es de hecho infinito. Incluso sin Trump y sus imitadores.
