Archivo de la categoría: Sin categoría

Seriedad

Un viejo que busca la fuente de la juventud únicamente no hará el ridículo con ello si puede demostrarnos que ya la buscaba cuando tenía dieciséis años, y solo nos lo tomaremos de verdad en serio si puede convencernos de que esa búsqueda es lo que le ha tenido ocupado toda su vida

Formación en Valores

El progreso de la cultura occidental se ha hecho tan incontestable, tan indiscutible, que ahí están, sin salir de la cosa nostra, el Santander, Caixabank, el Bilbao Vizcaya, el Sabadell, el Ing, Mercadona, y toda esa cuadrilla de salteadores de caminos, solícitos más que nunca para formarnos en lo de ser buenos y honrados, con herramientas para pensar y empatizar, con mucho coaching, con premios para quien se comporte, para educarnos en valores, culturizarnos en habilidades digitales, y por si fuera poco traernos arte plástico y musical, haciendo un puro paraíso, en fin, de la vida humana. Que ya era hora.

Como si Al Capone oficiara el día de difuntos una misa directa al Señor de todos los corazones.

Baboso Rajoy Virtual

Cuando se tiene la cabeza ya completamente vacía, cuando no le han quedado ni siquiera las maldades ni tampoco las estupideces, al imbécil de solemnidad siempre le quedará el recurso de decirnos que lo que tenemos que hacer para resolver nuestros problemas es digitalizarlo todo.
Hasta a la madre que lo trajo o que lo dio, qué a gusto se quedó, regalo del mundo.

Romantic Love

«Huxley’s world controllers, by contrast, rely on less blatant means (bio-engineered predestination, psychological conditioning, soma) to prevent people from wanting to think for themselves. Herd mentality and promiscuity are promoted, while high art, individuality, knowledge of history, and romantic love are discouraged»

(Nick Bostrom, 2005)

Los fanáticos

A diferencia del fanático puigdemontiano, hay que pensar que la duda no es debilidad sino lúcida fortaleza

La cultura de los psicólogos, esos exquisitos

Revela el progreso del conocimiento tan esperanzador al que estamos asistiendo en nuestros días, pero no solo eso sino además el progreso de la sensibilidad humana y de la moral en general, como también la elevación inaudita de nuestra estatura política que atiende a la diversidad, en suma, revela todas estas cosas excelentes el hecho de que los que son además de tontos pedantes, bonita combinación hoy tan frecuente, llamen al sordo de toda la vida, en vez de sordo, hipoacúsico.

Lulú

«Andrés Hurtado trataba a pocas mujeres; si hubiese conocido más y podido comparar, hubiera llegado a sentir admiración por Lulú. En el fondo de su falta de ilusión y de moral, al menos de moral corriente, tenía esa muchacha una idea muy humana y muy noble de las cosas. A ella no le parecía mal el adulterio, ni los vicios, ni las mayores enormidades; lo que le molestaba era la doblez, la hipocresía, la mala fe. Sentía un gran deseo de lealtad. Decía que si un hombre la pretendía, y ella viera que la quería de verdad, se iría con él, fuera rico o pobre, soltero o casado. Tal afirmación parecía una monstruosidad, una indecencia a Niní y a doña Leonarda. Lulú no aceptaba derechos ni prácticas sociales. –Cada cual debe hacer lo que quiera— decía. El desenfado inicial de su vida le daba un valor para opinar muy grande”

(Pío Baroja, El árbol de la ciencia, 1911)

Monasterio del Paular

«–Yo no los he resuelto–murmuró Ossorio–. Cada día tengo motivos nuevos de horror; mi cabeza es una guarida de pensamientos vagos, que no sé de dónde brotan.
–Para esa misticidad–repuso Schultze–, el mejor remedio es el ejercicio. Yo tuve una sobreexcitación nerviosa, y me la curé andando mucho y leyendo a Nietzsche. ¿Lo conoce usted?
–No. He oído decir que su doctrina es la glorificación del egoísmo.
–¡Cómo se engaña usted, amigo! Crea usted que es difícil de representarse un hombre de naturaleza mas ética que él; dificilísimo hallar un hombre más puro y delicado, más irreprochable en su conducta. Es un mártir.
–Al oírle a usted, se diría que es Budha o que es Cristo.
–¡Oh! No compare usted a Nietzsche con esos miserables que produjeron la decadencia de la humanidad.
–Fernando se incorporó para mirar al alemán, vio con asombro que hablaba en serio, y volvió a tenderse en el suelo»

(Pío Baroja, Camino de perfección, XIV, 1902)