Monasterio del Paular

“–Yo no los he resuelto–murmuró Ossorio–. Cada día tengo motivos nuevos de horror; mi cabeza es una guarida de pensamientos vagos, que no sé de dónde brotan.
–Para esa misticidad–repuso Schultze–, el mejor remedio es el ejercicio. Yo tuve una sobreexcitación nerviosa, y me la curé andando mucho y leyendo a Nietzsche. ¿Lo conoce usted?
–No. He oído decir que su doctrina es la glorificación del egoísmo.
–¡Cómo se engaña usted, amigo! Crea usted que es difícil de representarse un hombre de naturaleza mas ética que él; dificilísimo hallar un hombre más puro y delicado, más irreprochable en su conducta. Es un mártir.
–Al oírle a usted, se diría que es Budha o que es Cristo.
–¡Oh! No compare usted a Nietzsche con esos miserables que produjeron la decadencia de la humanidad.
–Fernando se incorporó para mirar al alemán, vio con asombro que hablaba en serio, y volvió a tenderse en el suelo”

(Pío Baroja, Camino de perfección, XIV, 1902)

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