Archivo por meses: julio 2014

Al revés que la ciencia y la religión

«La filosofía auténtica, en cambio, no ofrece ninguna seguridad ni remedio, porque es la «apertura» que trasciende toda configuración del mundo, toda objetividad y, por tanto, toda forma de anticipación y previsión. Mantiene abierto el problema, más allá de toda respuesta, o sea impide cerrar el sentido del Todo-envolvente en cualquier respuesta objetiva. Tiene abierto el espacio libre de la Trascendencia, que permite trascender todo objeto y toda tentativa que, como la cristiana o en general la religiosa, quiera objetivar la Trascendencia»

Severino relatando a Jaspers (p. 227 edición española)

A favor del urbanita

En un pueblo español, para que a uno no le despellejen en las conversaciones de vecinos, con esa caridad cristiana tan característica del aburrimiento más profundo, lo mejor es adoptar el comportamiento grave, y con su mucho de unción, de una especie de cura sin excesivas pederastias, y sobre todo hablar como un medio tonto.
Ya se sabe, «nadie es más que nadie».

Jaspers

Lo más difícil pero lo más necesario, asumir la culpa inevitable, es decir, tu propia limitación o finitud.
Ser tú mismo te enfrenta a los otros.
Y también al mundo, contra el que seríamos impotentes: y entonces, al final, no es la alegría del naufragio, como en Nietzsche; sino recibir, en el naufragio mismo, el presagio o revelación de lo que envuelve o la trascendencia

Revueltas del miedo

Que Esperanza Aguirre le tenga tanto miedo a Podemos ¡¡como a Eta!! (ambos usarían «los mismos argumentos», dice la prenda) no significa, por supuesto, que Podemos tenga nada que ver con Eta, por mucho que ella lo crea o pretenda hacerlo creer.

Lo que sí significa, entre otras muchas cosas, es que el miedo a perder su posición de dominio absoluto alcanzaría en Esperanza Aguirre la misma intensidad que el miedo a la muerte.

La lucha por la vida es en realidad la lucha por el poder, ya lo dijo aquél.

La gaya ciencia 183

«La música del mejor futuro.—Para mí el primer músico sería aquél que sólo conociera la tristeza de la felicidad más profunda, y ninguna tristeza que no fuera ésa. Hasta ahora no ha habido músico tal»

[A veces pienso que nunca he leído nada más profundo que este aforismo de Nietzsche.
Dicho de otra manera, estas pocas palabras me afectan profundamente, incluso llego a creer que es justo lo que a mí me pasaría.
Y tengo la desgracia de que no soy músico ni tampoco poeta; y además, sobre todo, como hasta ahora yo no podía entender que esto que aquí se dice fuera posible como algo no sólo no patológico sino en absoluto preocupante, incluso positivo, entonces me daba por hacer cosas raras para encontrarle razón a la tristeza, como fumar sin ir más lejos]

Un precio demasiado elevado

El que quiere a demasiadas personas no tiene más remedio que tenerlas en cuenta también imaginariamente cuando no está con ellas: es decir, mirándose a sí mismo con los ojos de ellas, juzgándose a sí mismo desde la conciencia de ellas. Por ello experimentará demasiado a menudo remordimientos insensatos.
El amor es el mensajero de la culpa.

Alarma

Reunidos en una mesa, el inefable ministro Wert y el pájaro de turno de la OZDE con la Patri la del botín, han puesto hace poco de manifiesto su alarma por la situación catastrófica de la Universidad Pública española, dicen ellos a partir de los informes que ellos mismos y sus amigos diseñan, justificando entonces la idea que tanto les interesa del carácter insostenible de su financiación. No es que nos falte dinero hasta para fotocopias, es que el que nos dan lo derrochamos.
La verdad es que compartimos esta alarma, y no sólo porque nuestros universitarios, al parecer, tengan el mismo nivel de los bachilleres japoneses (los japoneses, ya se sabe, que los educan también para manejar dinero e invertirlo, igual es que lo tienen), sino sobre todo por el hecho de que en un país europeo, y se supone que democrático, tengamos el Ministro de Educación que tenemos. Vamos, como un bachiller japonés, o si no del Congo.
El modelo para salir de este caos universitario sin duda serán para esta gente las universidades del Flopus dei, sobre todo si son on line, que por ejemplo suben en las listas amenazando a los profesores en cuanto bajan las calificaciones, y según rumores los tienen doce horas al día trabajando incluidos los fines de semana. (También se oye que alguna tarde es verdad que la reservan para cuchipandas de místico tenor).
Está claro, por lo demás, que estos señores y estas señoras le ven escasa posibilidad de ser explotado a un especialista en Cicerón («no se ajusta al mercado de trabajo», dicen ellos en su caritativo lenguaje), a no ser que el graduado en Clásicas se convierta en camarero del Fluger King. Y entonces se ahorraría mucho con una universidad del Fluger King, directamente. Además, el especialista en Cicerón habrá contraído sin duda la funesta manía de pensar y con ella la tentación de ser libre, algo incompatible con las exigencias de su mercado laboral