¡QUE SE MUERAN LOS VIEJOS!

Encima que no tenemos tiempo para nada, porque, aparte de lo nuestro vocacional, lo de ir al médico se ha convertido para todos nosotros, y eso con mucha suerte, en un trabajo a media jornada cuando no a tiempo completo, no dejan de meterse todos ellos, semiviejos ya, contra nosotros los viejos, mayormente por falta de paciencia porque más bien pronto que tarde nos va a llegar lo que a todos llega sin excepción. Están los que no son viejos, los semijóvenes están que trinan con nosotros porque dicen que nos lo comemos todo, y ellos y ellas en la miseria, y muchas sin cotizar ná de ná o casi ná. Como esa joyita de escritorzuela, una que pusieron pingando en el periódico, que arremete contra los viejos en un libro reciente, recuperando el lenguaje aquel de la SS, cuando nos llamaba a cada uno de nosotros «unidad de gasto», se sobreentiende que improductivo. En la prehistoria, se conoce, a la vieja o viejo que se quedaba del todo sin dientes, no pudiendo ya ofrecer a la comunidad transhumante el servicio de reblandecer los pellejos de vacuno para eso del cuero, muerde que te muerde y bien mezclado con las babas añejas tan corrosivas, allá que nos dejaban tirados en un recodo del monte, que la tribu no está para lujos ni en la prehistoria ni menos ahora. Como lo de la Ayuso en Madrid, vamos, pero sin paripé moralista porque ya se sabe que para los posmodernos hay que decir adiós a la verdad, a todas las verdades menos a una que es la suya sin duda, la verdad de la pasta gansa del trepa que te trepa.

Pero justo por lo del parné nos vamos salvando del garrote buenista de los trepas tan verdugos, hemos reactivado el turismo de temporada baja, reatas de viejos danzando por Europa, y el espacio aéreo español me dijeron que colapsado en invierno por vejestorios pululando de aquí para allá, porque nada como oficiar de itinerante perpetuo para alejar de ti, en vano a la larga, la idea de que uno de esos es tu viaje último y sanseacabó. Dos horas y media esperando todos sentados en un avión en Roma porque ni diós cabía ya en la península ibérica de tanto anciano como iba por los cuatros costados del aire (claro que a los curas rollizos de sotana cara se les daba una higa pues iban embelesados viendo en sus móviles de última generación eso del fútbol que tanto les pone a todos ellos como distracción, menos al padre Ángel, que iba como en la quinta fila rezumando vapor de pura santidad).

El turismo de rancios contrarresta los excesos del progreso médico que a tantos le hacen seguir viviendo más allá de los ochenta. Así que como nos han encontrado lo de la rentabilidad social que te permite escapar a la sentencia de muerte, o sea, el valor para los bancos y los que apañan el negocio de las mascarillas, y para las empresas conectadas con la medicina y la farmacia, viagra etc., entonces nos salvamos aunque solo sea de momento, porque todo en la vida es de momento. De tu ser viejo vive gran parte de la industria.

Y en lo laboral te cagas por las bragas con lo de los viejos, porque lo laboral se halla como preñado de trepas de fuerte carga viral edípica, todos contra el viejo que no tiene derecho a nada aunque sobre el papel si puede y quiere aún trabajar tiene derecho a trabajar. Porque mientras tanto, los no viejos aquí pasándolas putísimas, apegotonados los unos contra los otros por causa del tapón, y pongamos por caso la uni envejecida, y por eso justamente, a ver si no: todos esos cerebros requetemarchitos diciendo tonterías al estudiantado, no como los profes de mediana edad, que todo lo iluminan con su caída de ojos. ¿Qué se habrá creído este viejo de mierda? Claro que le seguimos queriendo, somos buena gente, pero en su casa, o si no contemplando una obra ayusil de tantas que hay en una plaza madrileña, con sus zapatos de rejilla.

Está la expresión esta tan elegante para designar la táctica de bandadas de mediojóvenes edípicos tarados y de mala baba: «hacerle la cama a X», siendo X el viejuno de turno, el pollavieja, en el fondo cualquiera que sea su edad cronológica porque lo que cuenta es el odio al padre, se ve que matarle no lo mataron en su día, por mucho que lo internaran en el psiquiátrico cuando le dio por decir lo que pensaba, que ya lo dice Lacan, que si das importancia a lo que se te ocurre, por ejemplo tanta que vas y lo cascas, estás como Trump y entonces al manicomio directo con él o ella porque das mucha lata de dios a tus descendientes también laborales con esas verdades tan intempestivas. Colaboran entonces los semijóvenes de izquierda con las políticas vaciadoras de viejos de las diferentes trilaterales.

«¿Quién manda aquí?», dice el que llega de nuevo al grupo, henchido de ambiciones de mejorar el mundo. «¿Ese manda?. ¡Pues a cortarle el cuello!», le pasó hasta a Pablo Iglesias, pasaron por alto que aún se puede defender. Viene a consistir la estratagema de hacerle la cama a X, siendo X un vejestorio con cáncer, es un suponer, en irle haciendo el trato con ellos tan absolutamente insoportable que al cabo se tiene que ir o se vuelve loco o simplemente va y la espicha, de ahí lo de hacerle la cama que viene a ser como dejarle espacio para deitarse e irle poniendo la mortaja. Todo el problema es su prisa, su impaciencia, y voy a terminar con un ejemplo, una anécdota graciosísima. Me cuenta un colega que al final de una conferencia los integrantes de un Seminario nietzscheano allá que se fueron a cenar porque además había que celebrar algo, no recuerdo bien el qué. Allí toda la plana mayor de los triunfadores, y los que mandaban al máximo nivel (el que reservaba aulas y la que oficiaba de informática mayor). Y aconteció que un viejo doctor quedó frente al doctor Liebre, como recién salido del horno, y ya conocido por sus osadas iniciativas, todas por el bien del grupo y de la humanidad en general. Pues hete aquí que el viejo doctor departía muy amigablemente con el tal Liebre, a lo que ayuda la cerveza, cuando este, de repente y de forma absolutamente impertinente, le clavó en la mirada sus ojos de roedor servil al mismo tiempo que le susurraba de modo que solo él se apercibiera: «¡Pero qué hijo de la gran puta estás hecho tú, cabronazo!». Claro que estas cosas a los ancianos quieras que no les pueden sumir en la desorientación porque empiezan a dudar del estado más bien decadente de sus facultades mentales. Así que acaban pidiendo la baja o jubilándose. Y casi lo peor le llega al decrépito cuando descubre que las autoridades colaboran encantadas en esto con los trepas mediojóvenes, porque se deben a su rector. Pero no hay que dramatizar ni ser tan egoísta, así la uni se renueva y donde antes se hablaba de Kant, de Nietzsche o de Dennett, supongamos, ahora, liquidado el vetusto, se empezará hablar de cosas a la altura de los tiempos, por ejemplo de que las que sí saben son las plantas del tipo cardo borriquero, y no los seres humanos con su Logos ese de mierda, o de que yo soy sabio porque me acuesto con quien me apetece, sea sujeto animado o inanimado, y no como tú, que andas siempre con las mismas manías, so imbécil. Así que no hay mal que por bien no venga, se trata de la astucia de la razón haciendo la Historia para el bien de todos, el colectivo del espíritu, se entiende.

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