NIETZSCHE O LA PASIÓN DE LA VERDAD

«Hay, pues, que descartar de una vez esas preguntas, propias de un maestro de escuela, que dicen, por ejemplo: ‘¿qué quería Nietzsche?’, ‘¿qué quería decir Nietzsche?’, ‘¿qué sistema filosófico profesaba Nietzsche?’: Nietzsche nada quiere, sino que está en poder de una pasión inconmensurable hacia la verdad. Nada persigue; Nietzsche nunca piensa para, con su pensamiento, instruir al mundo o hacerlo mejor, ni para buscar una posición tranquila; el éxtasis del pensamiento es su único fin, y en el pensar están el único placer, la única recompensa, la única voluntad (egoísta y elemental, como toda pasión demoníaca). Nunca en este despliegue de fuerzas se refiere a una ‘doctrina’; hace tiempo que está más allá ‘de esa puerilidad del principiante que es el dogmatismo’ y más lejos todavía de toda religión. (‘En mí nada hay de común con el fundador de una religión, la religión es asunto del pueblo’). Nietzsche practica la filosofía como quien practica un arte y, como un verdadero artista, no busca el resultado, ni cosas fríamente definitivas, sino únicamente un estilo, ‘el estilo de la moral’, y, como un verdadero artista también, experimenta los escalofríos de la inspiración»

Stefan Zweig: La lucha contra el demonio, pp. 279-280 de la edición de Acantilado 1999.

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