«Aquellos fueron los buenos tiempos, cuando podías mirar hacia el centro y no ver más que cielo abierto y los enormes y viejos edificios de otra época; cuando la plaga urbana (los almacenes y fábricas abandonados u ocupados, los solares vacíos, los muelles en decadencia, los callejones, los interminables tesoros que todos ellos deparaban a los niños) era tan romántica y mágica como los bosques encantados de los cuentos ilustrados. Ahora, el paisaje del centro ha sido destruido y lo dominan unas inmensas torres gemelas de absoluta fealdad, insipidez y mediocridad, y unas estructuras menores llenas de fealdad, insipidez y mediocridad anegan los solares, y los almacenes y fábricas abandonados u ocupados se han convertido en propiedades de lujo llenas de «espacios vivideros», los solares se han llenado con más de lo mismo, los callejones han quedado cegados, los inquietantes muelles en decadencia se han desvanecido y han sido reemplazados por «agradables espacios recreativos» y lúgubres «paseos marítimos», e incluso los niños ya no son niños, sino pegotes de papel maché formado con la sección «Estilo de vida» de The New York Times, productos de una «crianza» en estos «espacios vivideros», atados con correa y bozal para realizar sus «actividades estructuradas» o disfrutar de «tiempo de calidad» en los «agradables espacios recreativos», malnutridos por el pábulo de la «corrección política», los ordenadores, la televisión y una «dieta equilibrada» con alguna «chuchería» o «snack» ocasional, sin ningún sitio donde jugar, sin imaginación y sin libertad, surgidos de un útero aeróbicamente adecuado y comprobado con ultrasonidos, con un nombre moderno y la condena de un destino común, una esterilidad exánime en un lugar estéril y exánime»
Tosches, Nick. El manuscrito de Dante.
