Comuniones Navideñas

El Papa Francisco contraponiendo rotundamente el amor a la fuerza-y-la riqueza, es decir, a la “mundanidad” del mundo, el demonio y la carne: el Niño Jesús como símbolo místico de todos los niños bajo las bombas, los niños refugiados, los niños abandonados y huérfanos ahogándose en el mar y vagando perdidos entre alambradas. El Niño es lo sagrado: el Niño no es de este mundo. ¡Quién no va a amar a los niños si no es pederasta!

El discurso del Rey de España: no abrir heridas cerradas, vayamos por la paz, sobre todo unidad, y también educación para adaptarse al progreso tecnológico. Los intereses de España son los intereses de todos los españoles. La Corona y el Uno Místico como su única legitimidad. Trascendiendo toda diferencia, coincidencia de todos los opuestos.

El discurso de Salchichas Campofrío: asumir las evidentes contradicciones de los españoles, asumir sus diferencias, para ser capaces de superarlas (Hegel Campofrío). Los intereses de España son los de todos nosotros, y la actitud espiritual correcta será recompensada con la ingesta masiva de las mejores salchichas, la comunión de la salchicha místico-patriótica. La Salchicha Campofrío como Obra de Dios, reconciliación del abajo con el arriba, del dinero con el pueblo (Dios). La salchicha cuerpo de Cristo.

Todos hacen promoción de lo suyo, en nuestro mundo todos son empresarios de sí mismos, y no pueden no serlo.
Para empezar, este Papa, el más transparente que hemos tenido, usando a fondo el instrumento cristiano de la compasión, la compasión que debilita y aniquila al que tiene el atrevimiento de ser feliz. Sin duda hay que darlo todo por el niño que sufre, pero no movidos por la compasión, la compasión es un ataque, es violencia para el que compadece y para el compadecido. Pero puede ir bien la compasión para quien no es capaz de echar el resto por motivos diferentes, más limpios. Porque el amor no es lo mismo que la compasión, el amor no degrada ni al amante ni al amado, sino todo lo contrario.
El Papa nos cuela de rondón, una vez que hemos sido trabajados por la compasión, el cuento del otro mundo, un cuento como mínimo disparatado pero que además insulta al único mundo que hay. Porque el amor, dice el vicario de Cristo, no es de este mundo. Como si no hubiera un amor natural, un amor de los hombres como seres terrenales. Un amor que es la mayor fuerza y la mayor riqueza, lo más mundano del mundo.
La unión mística continua con el entusiasmo monárquico, se extiende el carisma al disimular que la única unión sensata es la del contrato, la que conviene y potencia a los individuos que han decidido unirse. Como Salchichas Campofrío, en su ascenso del mero consumo de carne embutida al plano espiritual de la idea platónica de nación en este caso española, una empresa española, nuestra, arraigada en la sangre bien nutrida de salchichas. Toda comunión es sanguínea, ya sabemos, el hombre es lo que come.

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