Comentario a una rauda y memorable viñeta de “El Roto”

De repente la derecha europea se vuelve buenecita, sacan lo de los derechos humanos, confirman su identidad de demócratas y de cristianos, o de nacional-católicos opusdeístas. Ya se sabe que su proeza es desmentir al Evangelio desde dentro del Evangelio, es decir, hacer viable la definitiva reconciliación del Dinero con Dios, como si Jesús, al expulsar a los mercaderes del templo, lo que habría estado implicando, en realidad, no fuese sino que a la Bolsa no se va a rezar sino a especular seriamente, como Dios manda. Cuanto más atroz sea este capitalismo más necesidad tiene del Papa Francisco, de alguien exactamente como él. Sin los éxtasis de la caridad cristiana el capitalismo sería de todo punto insoportable para los seres humanos y tarde o temprano reventaría por sí solo.
Ahora los derechones, y sus bien pagados bien-pensantes, nos quieren mover a otra de sus mendaces conciliaciones de siempre, la del altruismo compasivo con lo que uno de ellos ayer llamó “egoísmo inteligente”. (Ya se sabe que Rajoy como es más tonto de lo normal resulta mucho más claro: por supuesto que somos solidarios, pero no vamos a serlo a cambio de nada). Los sirios van a conseguir que sean sostenibles nuestras pensiones, representan una interesante inyección de capital humano y de recursos de todo tipo, aseguró el caritativo experto de turno.
Así que de nuevo se dibuja ante las insaciables y voraces fauces del empresariado cristianísimo el paraíso terrenal de Díaz Ferrán, ruicesmateos y los demás de su calaña: plusvalías suculentas, pistonudas, porque esta vez los desgraciados del mundo se hallan en el colmo, y van a tener que elegir entre ser despanzurrados en un bombardeo o que les chupen la sangre a ellos y sus hijos por cinco euros al día.
(Por otra parte nos han cerrado todas las salidas del miedo, porque en UK acaban de derrotar la iniciativa del suicidio asistido en nombre de la sacralidad de la vida, o sea, que tu vida no es tuya, pertenece a un Dios de esos, casualmente el suyo, y por eso se convierte tan a menudo en una muerte en vida).

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