Debates

Compadezco a Pablo Iglesias por tener que ir a enfrentarse con esa chusma que justifica el paraíso fiscal y miente constantemente porque han hecho del engaño, el fraude, el dolo y la falsedad no sólo su medio de vida sino su modo de vida. Son los fascistas esenciales, esos que todo lo invierten, ya lo supo ver María Zambrano durante la Guerra Civil. (Franco fusiló por traidores a los que se negaron a traicionar con él al gobierno legítimo).

A mí mi madre no me parió para ensuciarme y degradarme intentando razonar con estos canallitas de cara de culo. Prefiero irme del país, o incluso que me hiervan a fuego lento a tener que hablar con ellos.

Lo malo es que ahora los que viven del fraude y la impostura son muchos y muy poderosos, y por supuesto quien dice la verdad amenaza su mera existencia. Por eso tienen que ir a por él, para cortarle la cabeza, no tienen otra opción. Por eso es admirable la valentía de Pablo Iglesias.

¡¡Pobre Canuto!!

Tuve que ir esta semana pasada al cementerio, y allí, paseando entre las hileras de los nichos para distraer mi dolor, pude ver el del pobre Canuto, así le pusieron sus padres, es de suponer que tras una noche de severa intoxicación etílica. ¿Se imaginan la vida del pobre Canuto? Todo un infierno. Si hubiera sido profesor los alumnos le habrían dicho: Don Canuto, «¿permite una pregunta?» Sus parejas, porque a todos nos pilla el amor y los amores, le habrían llamado «Canutillo» con absoluta seguridad en ciertos momentos de intensidad. Y lo de sus hijos hipotéticos, mejo no imaginarlo, el insufrible trauma de los hijos del padre Canuto. 

En fin, nos consuela pensar que el pobre Canuto, al parecer, nunca en su vida se cambió el nombre. De manera que en realidad tuvo lo que se mereció, por masoquista.

Siglo XIX

El cuadrado de la verdad nos lo dio el siglo XIX: Darwin, Marx, Nietzsche, Freud.

Por fuera del cuadrado, en lo sucesivo, simplemente la impostura o el autoengaño, que sin duda puede ser tan consoladora, bonita, divertida, sobre todo interesante.

Luego vinieron las guerras más terribles.

María Zambrano, catolicona inspirada, tuvo que decir lo que dijo de Nietzsche y de Freud, por necesidad.

El nasciturus

Ya le están afilando al nasciturus las cuchillas de la verja, para cuando esté crecidito.

Nasciturus moriturus…

«Razón y fe»

Hablar con voz engolada de la sempiterna murga de «razón y fe» (el tema estrella en tiempos del florecimiento de las Universidades del Opus) empieza por presuponer, de la manera más taimada, que la tal «fe» sería una forma de conocimiento. Pero eso es presuponerlo todo así sin más, no cuestionar justamente lo que habría que cuestionar por encima de todo. Porque podría ser la «fe», precisamente, el modo más eficaz de (auto)desconocimiento.

El «problema del mal»

Parece ser que con toda seguridad Nietzsche le tenía envidia a Stendhal porque éste había escrito aquello de: «La única disculpa de Dios es que no existe».

«Claros del bosque»

«Y queda la nada y el vacío que el claro del bosque da como respuesta a lo que se busca. Mas si nada se busca, la ofrenda será imprevisible, ilimitada. Ya que parece que la nada y el vacío–o la nada o el vacío–hayan de estar presentes o latentes de continuo en la vida humana. Y para no ser devorado por la nada o por el vacío haya que hacerlos en uno mismo, haya a lo menos que detenerse, quedar en en suspenso, en lo negativo del éxtasis. Suspender la pregunta que creemos constitutiva de lo humano. La maléfica pregunta al guía, a la presencia que se desvanece si se la acosa, a la propia alma asfixiada por el preguntar de la conciencia insurgente, a la propia mente a la que no se le deja tregua para concebir silenciosamente, oscuramente también, sin que la interruptora pregunta la suma en la mudez de la esclava»

María Zambrano

Los tiempos que corren

¡En qué país  estamos viviendo! Para defender lo justo y lo sensato hay que exponerse a que te rompan la cabeza con una porra.

Llorar

“Un persistente error ha llevado a creer al hombre occidental, dentro de la tradición de Job tanto como en la de Edipo, que enaltecerse exija desarraigarse, desprenderse de las propias entrañas. Sólo el corazón como símbolo y representante de ellas ha encontrado alguna fortuna, mas olvidándose cada día más ese aspecto del símbolo corazón, de ser depositario del gemir de las entrañas trabajadoras, proletarias. Ellas trabajan a toda hora, a toda hora soportan, ofrecen y producen. Y ese su exceso se derrama vivificante, si se les deja abierto el corazón para que entren. Y al corazón abierta la mente para que en ella cante y diga. El corazón, que con su música rescata el crujir de las entrañas que se resecan, cuando no les llega ni una lágrima desde los ojos que fijos sólo para ver ya no lloran; puro cristal, pura retina. Sólo para ver sirven los ojos, solamente para ver, se ha creído—se sigue creyendo.  Así, los ojos que no lloran se confunden”

(María Zambrano, «El libro de Job y el pájaro»,  El hombre y lo divino)