Organización institucional pre-científica de la materia psiquiátrica.
Altamente ambigua, nociva y provechosa.
Organización institucional pre-científica de la materia psiquiátrica.
Altamente ambigua, nociva y provechosa.
Que la creencia religiosa, cualquiera de ellas, no deje nunca de ser constitutivamente demencial, lo cual es evidente, no le quitaría nada del valor simbólico que pueda tener en concreto, como senda particular de ese laberinto infernal que es el «alma» humana.
«Estuvo mal, muy mal, el pobrecillo, con su brote psicótico en curso. Se ha pasado toda la noche volando de fiebre, sin pegar ojo, hablando continuamente de cosas incomprensibles. La única que recuerdo es porque la repetía sin cesar: algo así como que el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, lleno de gracia y verdad…En fin, se conoce que después la medicación le fue haciendo efecto y se quedó más tranquilo, lo que decía empezaba ya a tener algún sentido, todo lo anterior no habría sido más que un mal sueño…
¡¡Somos afortunados por contar con estos adelantos de los psicofármacos!! ¿Que tuvo que ser de nosotros cuando no los había?»
La teología católica en su trasfondo psiquiátrico no es más que delirio sistematizado, como el del paranoico pero en latín, un delirar intergeneracional cristalizado en dogmas de fe que sin duda tendría su foco generador en lo fisiológico de las hormonas torturadas, en el semen retenido de los varones pensantes de la secta, pues ya se sabe que sobre todo en lo filosófico «semen retentum venenum est».
La única manera de liberarnos del olor a sacristía que asfixia a nuestro país sería que estos varones del semen retenido se liberaran antes a sí mismos, o se curaran. Orgasmoterapia intensiva. El burdel, tan denostado, como única esperanza, Rouco en una orgía que durara años.
Hablarles a los niños del «pecado» es un atentado a la salud pública, promueve la enfermedad mental.
Desde que tengo memoria, esta gente siempre ha fabricado independentistas de forma absolutamente natural, lo extraño sería lo contrario.
Nuestro amor a Rosa Díez es el mismo descomunal amor que Rosa Díez se tiene a sí misma.
Nada habría de malo en las cosas, la maldad no es más que opinión, el fruto de la limitada perspectiva humana. El sabio contempla con la mirada de la eternidad el seguirse ineluctable de todas las cosas desde Rosa Díez. Y por descontado que el sabio se une a esta necesidad del orden natural como parte del mismo, pero una parte que de algún modo trasciende su ser-parte en el amor intelectual a Rosa Díez, uno y todo.
En cuanto a Jiménez Losantos, está claro que es un modo de la única sustancia, según algunos ignorantes un modo cabrón de Rosa Díez. Pero esto sólo en tanto visto desde la limitación de nuestra perspectiva humana. Superada esta limitación de la mirada en el amor al orden eterno de la naturaleza, descubrimos que Losantos viene a ser el Ángel de la Guarda.
No hay duda de que tranquiliza mucho saber que el amor con que todos amamos a Rosa Díez no es un amor desordenado de ésos, sino lisa y llanamente la consecuencia ineluctable de que su naturaleza concuerde y por tanto refuerce nuestra propia naturaleza, todos dispuestos a vivir en la libertad del Estado que ella diga. En el fondo nuestro amor por Rosa Díez no deja de ser lo mismo que el amor que ella se tiene a sí misma, o nuestro amor por el orden mismo de la Naturaleza o de Dios. En el límite, el amor que todos sentimos por Rosa Díez no sería otra cosa que el amor que Dios se tiene a sí mismo. Es el nuestro por Rosa Díez un genuino amor intellectualis dei. Así que con esto estaría todo dicho.
Lo mismo, exactamente lo mismo, vale decir de nuestro encendido amor por Jiménez Losantos (pero claro, mutatis mutandis).
O sea, en el fondo, que Dios los cría y ellos se juntan