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Cosmodicea

«(…). De hecho, el mundo existente que nos importa está creado por nosotros–por nosotros, es decir, por todos los seres orgánicos–es un producto del proceso orgánico que se presenta como productor de formas, creador de valores. Visto desde él como totalidad: todo bien y mal es solo perspectivista para el individuo o las partes individuales del proceso; pero en conjunto es todo mal tan necesario como el bien, la decadencia tan necesaria como el crecimiento
–el mundo de lo incondicionado, si existiera, sería lo improductivo.
pero se ha de comprender de una vez que existente e incondicionado son predicados contradictorios»

(Nietzsche, FP-1884, 26 [203], p. 573)

La Legión

Me enteré el otro día de que los caballeros legionarios tienen su Cristo especial, y que ese Cristo es el de la Buena Muerte, o sea, el Cristo de la eutanasia, literalmente. Así que me ha dado por pensar que cuando los legionarios fueron hace poco a aquel hospital a cantar su himno de novios de la muerte ante enfermos terminales, tal vez lo hicieron movidos por la intención caritativa y progresista de darles a todos ellos una esperanza.

La lechuza

Si una filosofía sirve para algo es porque provoca, no el vuelo de la lechuza, sino el vuelo de la gentuza. Que se vaya lejos la gentuza, que se pierda por ahí, ese será siempre el mejor efecto de la actividad filosófica. Lo que da la medida de su valor social.

Haloperidol

Tanto amó Dios al mundo que les envió a su Hijo para que lo torturaran y lo mataran, y así librarse del pecado o vencer a la muerte o deificarse. (O algo por el estilo). 

Por si esto fuera poco, tiene usted ojos de mujer fatal.

Tener alma

Ser libre o tener alma no es otra cosa que dominar tu atención, fijarte en lo que de verdad te importa, sin que te inoculen memes o te manipulen.

Pobre Fernández

Aquel joven prometía, fue un desengaño amoroso lo que le hizo acabar dándose al alcohol, el juego online y las procesiones de Semana Santa.

Elvira Lindo

Siempre me asombró la mala leche profunda con que reacciona el «buenista» al empleo de este feo calificativo peyorativo, con lo que se le ve el plumero meridianamente. El problema del buenista no es que nos resulten desagradables los bobalicones que viven de serlo, el problema del buenista es que se reserva el derecho de juzgar moralmente a todo bicho viviente, habiéndose declarado de entrada esencialmente bueno a sí mismo, como la gestora del PSOE, que ni apuñala por la espalda ni nada. Por eso, quien no es buenista como él, y por eso no escribe en «El País», simplemente es malo, es muy malo, y sin duda vota a Trump o cosas incluso peores.
Ser buenista no es exactamente ser gilipollas sino más bien hacérselo, tener una profesión que da para todo. Se vive de la moralina, en la literatura o en la política o en el trato cotidiano. Es una profesión sin duda muy rentable, la de representar que se quiere a todos los desgraciados del mundo, hacer como si te preocupara todo muchísimo, apuntándote a la última ridiculez de la eterna moda moralista, como reivindicar el uso de tacones para síndromes de Down salidos del armario. Cuando en realidad seguro que te la bufa el asunto. Los profesores de ética convencen hoy a todos sus alumnos mostrando lo útil que es en la vida ser una buena persona. Mejor dicho, lo que vale para todo es parecer una buena persona, serlo de verdad es lo de menos.
De los cuatro pederastas que conocí a lo largo de mi vida, todos eran buenistas, puro amor al niño rebosaban los cuatro y por supuesto se dolían enormemente de todas las desgracias de la humanidad en general.
Parece que Lindo anhela salvar al mundo. A mí me parece que querer «salvar al mundo» está bien si eres hijo de Dios, si no es materia psiquiátrica o de simples listillos.

Puta envidia

«Desmontando la utopía escandinava»…lo que habría que desmontar de una vez es la envidia, motor del mundo muchísimo más que el amor. (No digamos por aquí).

Día del Padre

Asqueado por el ridículo y asfixiante moralismo que nos llueve continuamente encima, como orina de macho cabrío. Lo digo después de leer en Facebook unas encendidas alabanzas a la educación nipona, pues parece centrada desde la infancia más tierna en la fabricación de buenas personas, ciudadanos cabales y decentes, gente de principios. ¡¡Qué bonito!! Digo yo que será para prepararlos a tratar con las máquinas hasta fundirse con ellas, que es lo que probablemente vayan a hacer las criaturas el resto de sus días, una vez desterrados de su horizonte asiático las Humanidades y el pensamiento no empresarial. Recuerdo, justo ahora, algo que dijo un antiguo camarada de gamberradas juveniles: el que va por ahí con la moralina en la boca todo el santo día, da la casualidad de que es siempre el más cabrón de todos.

Preferiría ser noruego, la verdad, los más felices del planeta por varios años consecutivos, por lo menos desde que la cosa se mide según un baremo que parece serio. Los noruegos, esos sí que no se suicidan cuando están de vacaciones más de cinco días, sin que tengan que ir a machacarse el cuerpo quince horas diarias viendo ruinas etruscas. Es más, cualquier diseño político diferente del noruego debería ser rotundamente calificado de aberración fuera de la realidad. Noruega como modelo y meta, lo demás son bobadas y perder el tiempo.

Día del padre, religiones del padre y religiones de la madre. El Cristianismo, en realidad religión del hijo, el hombre como hijo, que decía la muy católica María Zambrano. Habían empezado mucho tiempo atrás los cultos dionisíacos adorando en el falo simbólico los misterios de la sexualidad, que son al fin y al cabo los de la vida indestructible. Luego vino la Edad Media, la vida eterna del don de la persona, bien implementado en los mecanismos del DNA, como luego se iba a ver en las clínicas del Opus. El verbo se hizo carne, en definitiva. Ese es el poder del Cristianismo, la familia, padre, madre, hijo/a, los tres sagrados en tanto rociados del espíritu santo. ¿Quién no ve a su hijo o hija como sagrados, como lo sagrado o lo propiamente irrebasable, indisponible?
Por eso el tal Cañizares se recelaba el otro día un holocausto de cristianos, porque la Familia, su Sagrada Familia, se hallaría amenazada, entre otras cosas, por los de la comunidad LGTBI, con ellos peligraría el nacimiento, el parto, el torrente sin fin de la vida esta vez personal, porque el Hijo no nació de la carne, sino que graciosamente bajó a la carne. Quien quiera meterle un dedo en el ojo a Cañizares que cuestione la Familia y todo el familiarismo. Para Cañizares no es posible que el verbo descienda a la carne salida del aquelarre químico de la probeta o incluso del útero mecánico.

Las religiones son atavismos de la sangre, pero en un mundo en el que ya no hay misterios la sangre no nos merece ningún respeto reverencial. Hasta el padrino más truculento se llenaría de recogimiento cuando piensa en “la mia mamma!”, pero eso son cosas de cuando la mafia se vuelve buena. A la devoción a la madre la vienen a complementar, lógicamente, la pederastia, la prostitución, las drogas, el asesinato. Sangre y suelo, toda procesión nacionalista, heredera del fervor religioso, nacionalista del tipo que sea, incorpora curas en primera fila, no puede ser de otra manera. El amor a nosotros mismos requiere el desprecio de los de fuera, o su conversión.