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Catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid "SO VIEL MISSTRAUEN, SO VIEL PHILOSOPHIE"

¡¡Pobre Canuto!!

Tuve que ir esta semana pasada al cementerio, y allí, paseando entre las hileras de los nichos para distraer mi dolor, pude ver el del pobre Canuto, así le pusieron sus padres, es de suponer que tras una noche de severa intoxicación etílica. ¿Se imaginan la vida del pobre Canuto? Todo un infierno. Si hubiera sido profesor los alumnos le habrían dicho: Don Canuto, «¿permite una pregunta?» Sus parejas, porque a todos nos pilla el amor y los amores, le habrían llamado «Canutillo» con absoluta seguridad en ciertos momentos de intensidad. Y lo de sus hijos hipotéticos, mejo no imaginarlo, el insufrible trauma de los hijos del padre Canuto. 

En fin, nos consuela pensar que el pobre Canuto, al parecer, nunca en su vida se cambió el nombre. De manera que en realidad tuvo lo que se mereció, por masoquista.

Siglo XIX

El cuadrado de la verdad nos lo dio el siglo XIX: Darwin, Marx, Nietzsche, Freud.

Por fuera del cuadrado, en lo sucesivo, simplemente la impostura o el autoengaño, que sin duda puede ser tan consoladora, bonita, divertida, sobre todo interesante.

Luego vinieron las guerras más terribles.

María Zambrano, catolicona inspirada, tuvo que decir lo que dijo de Nietzsche y de Freud, por necesidad.

El nasciturus

Ya le están afilando al nasciturus las cuchillas de la verja, para cuando esté crecidito.

Nasciturus moriturus…

«Razón y fe»

Hablar con voz engolada de la sempiterna murga de «razón y fe» (el tema estrella en tiempos del florecimiento de las Universidades del Opus) empieza por presuponer, de la manera más taimada, que la tal «fe» sería una forma de conocimiento. Pero eso es presuponerlo todo así sin más, no cuestionar justamente lo que habría que cuestionar por encima de todo. Porque podría ser la «fe», precisamente, el modo más eficaz de (auto)desconocimiento.

El «problema del mal»

Parece ser que con toda seguridad Nietzsche le tenía envidia a Stendhal porque éste había escrito aquello de: «La única disculpa de Dios es que no existe».

«Claros del bosque»

«Y queda la nada y el vacío que el claro del bosque da como respuesta a lo que se busca. Mas si nada se busca, la ofrenda será imprevisible, ilimitada. Ya que parece que la nada y el vacío–o la nada o el vacío–hayan de estar presentes o latentes de continuo en la vida humana. Y para no ser devorado por la nada o por el vacío haya que hacerlos en uno mismo, haya a lo menos que detenerse, quedar en en suspenso, en lo negativo del éxtasis. Suspender la pregunta que creemos constitutiva de lo humano. La maléfica pregunta al guía, a la presencia que se desvanece si se la acosa, a la propia alma asfixiada por el preguntar de la conciencia insurgente, a la propia mente a la que no se le deja tregua para concebir silenciosamente, oscuramente también, sin que la interruptora pregunta la suma en la mudez de la esclava»

María Zambrano

Los tiempos que corren

¡En qué país  estamos viviendo! Para defender lo justo y lo sensato hay que exponerse a que te rompan la cabeza con una porra.

Llorar

“Un persistente error ha llevado a creer al hombre occidental, dentro de la tradición de Job tanto como en la de Edipo, que enaltecerse exija desarraigarse, desprenderse de las propias entrañas. Sólo el corazón como símbolo y representante de ellas ha encontrado alguna fortuna, mas olvidándose cada día más ese aspecto del símbolo corazón, de ser depositario del gemir de las entrañas trabajadoras, proletarias. Ellas trabajan a toda hora, a toda hora soportan, ofrecen y producen. Y ese su exceso se derrama vivificante, si se les deja abierto el corazón para que entren. Y al corazón abierta la mente para que en ella cante y diga. El corazón, que con su música rescata el crujir de las entrañas que se resecan, cuando no les llega ni una lágrima desde los ojos que fijos sólo para ver ya no lloran; puro cristal, pura retina. Sólo para ver sirven los ojos, solamente para ver, se ha creído—se sigue creyendo.  Así, los ojos que no lloran se confunden”

(María Zambrano, «El libro de Job y el pájaro»,  El hombre y lo divino)

Imite usted a Cristo, si eso le va

Merkel considera penalizar el suicidio asistido para terminales. Según su secta debe ser que sólo Él, que te la dio, te puede quitar la vida (y debe ser que el Estado alemán, por ejemplo, es un representante de Él, se arroga esa función).

Pero claro, eso a nosotros nos importa un comino, y absolutamente nadie tiene derecho a supeditarnos a la crueldad de una religión. Si usted, Merkel, cuando sea terminal, como seremos todos con suerte de haber hecho todo el recorrido, quiere ofrendarse en la crucifixión del cáncer de huesos, pongamos por caso, ofreciendo el suplicio a su Señor para mayor gloria del mismo, hágase su voluntad de usted. Pero, por favor, a nosotros déjenos en paz, y si decidimos que nos mate alguien que esté dispuesto a ello, para no ser sometidos a una tortura que a nuestro parecer no tiene ningún futuro futuro, por favor déjenos hacerlo con la suavidad que afortunadamente nos permite la ciencia.

Ni usted, ni su Dios, son nadie para prohibírnoslo.