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Acerca de marrodri57

Catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid "SO VIEL MISSTRAUEN, SO VIEL PHILOSOPHIE"

Aburridas

En el lenguaje corriente funcionando adecuadamente no se plantea jamás problema filosófico alguno.

(Tal vez por eso las personas corrientes son tan aburridas)

La muerte

Lo que algún solemne patético ha llamado «el doloroso enigma de la muerte» en realidad no tendría nada de doloroso porque no hay en la muerte enigma alguno

El idiota

Hablar con un idiota en el sentido de intentar comprenderle exige quieras que no adoptar su perspectiva siquiera sea temporalmente. Lo cual te lleva irremisiblemente a convertirte en un idiota. Y lo peor es que empantanarse en la idiotez resulta muy irritante y muy deprimente porque es lo mismo que sumergirse en la confusión. Nunca acabas de saber bien qué te ocurre, si es efecto de la maldad o de la locura del otro (que a lo peor han destapado y estimulado las tuyas). Ocurre que la idiotez es prácticamente imposible de definir, nunca se sabe con precisión en qué consiste, hay que aprender a notarla. En el fondo, el idiota es inconcebible.

El idiota daría por hecho que su modo de pensar es el de todo el mundo y que lo que quiere él lo quieren todos. Te habla de sí mismo haciéndose una repulsiva propaganda. Fía a la palabra lo que no puede ser dicho. Se da a sí mismo en público lo que querría que los otros le dieran. Y su óptica es sumamente potente porque resulta tan simple que es casi imposible luchar con ella. Lo único, mirar a otro lado y seguir adelante.

Por eso es tan peligroso hablar con todo el mundo.

En el Metro

Iba allí sentada en el vagón la buena señora aún no anciana pero cerca, iba completamente ausente. Barajaba con una mano más que nerviosa frenética unas estampitas de colores referidas a milagros de santos, al parecer, mientras que con la mano que le quedaba libre, muy habilidosa, pasaba las cuentas inverosímiles de un rosario rosa con un crucifijo tirando a fosforescente. Intenté mirarle a los ojos para poder darme cuenta de su situación, de qué estaba pensando y cuál era la vida que en ellos latía. Pero su mirada era hermética como un muro de cemento y lo único que llamaba la atención en su rostro era el incesante bisbiseo de sus labios devotos. Lejos del Metro, fuera de la gente, en diálogo con el Dios Uno y Trino.

La crisis no deja de hacer estragos devastadores.

Negar la evidencia

En un Instituto de enseñanza media.

Un alumno llega desde atrás y le propina a otro, que está de pie al lado del armario y los percheros, una tremenda patada en los riñones. El agredido sale despedido contra el armario y del golpe se le caen encima todos los abrigos.

«¿Por qué ha hecho usted esa barbaridad de agredir a un compañero?»

«Yo no le he hecho nada, se ha caído contra el armario el solo».

«Haga el favor de dejar de usar el móvil mientras estamos en clase». «Yo no estoy usando el móvil», dice la interpelada, usando el móvil.

«Por favor, les he dicho que no coman en clase». «Yo no estoy comiendo nada», asegura el estudiante con la boca llena de pan y chorizo.

Todo esto es llevar la política a la calle, negar cualquier evidencia, toda evidencia. Es la consecuencia de lo que están haciendo los que gobiernan en España. Ya no habría ninguna diferencia entre verdad y mentira, todo es verdad, todo es mentira. Nietzsche dijo pensando Ulises que la máxima fuerza vital se daba en aquel «que tiene muchas vueltas». Pero Ulises se arriesgaba a que lo cogieran en un renuncio porque hasta ahora el que mentía y engañaba se arriesgaba a que lo pillaran, y entonces tenía que aguantar las consecuencias incluso con su vida. Pero ahora los más repugnantes embusteros ocupan los cargos de mayor responsabilidad.

Viviendo en la mentira sistemática lo primero que ocurre es que hablar o conversar ya no tiene ningún sentido. No sirve ya de nada. Es más, hablar con el que niega la evidencia equivale a degradar la palabra y a ensuciarla. ¿Qué se puede hacer con el que niega la evidencia, visto que es imposible hablar con él? Porque lo normal es que él mismo se excluyera con esa actitud de toda comunidad humana.

Debates

Compadezco a Pablo Iglesias por tener que ir a enfrentarse con esa chusma que justifica el paraíso fiscal y miente constantemente porque han hecho del engaño, el fraude, el dolo y la falsedad no sólo su medio de vida sino su modo de vida. Son los fascistas esenciales, esos que todo lo invierten, ya lo supo ver María Zambrano durante la Guerra Civil. (Franco fusiló por traidores a los que se negaron a traicionar con él al gobierno legítimo).

A mí mi madre no me parió para ensuciarme y degradarme intentando razonar con estos canallitas de cara de culo. Prefiero irme del país, o incluso que me hiervan a fuego lento a tener que hablar con ellos.

Lo malo es que ahora los que viven del fraude y la impostura son muchos y muy poderosos, y por supuesto quien dice la verdad amenaza su mera existencia. Por eso tienen que ir a por él, para cortarle la cabeza, no tienen otra opción. Por eso es admirable la valentía de Pablo Iglesias.