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Acerca de marrodri57

Catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid "SO VIEL MISSTRAUEN, SO VIEL PHILOSOPHIE"

La muerte

«Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte».
(Ni en la propia ni en la ajena, y mucho menos cuando la tiene delante)

Wittgenstein

Constatar hechos lingüísticos en lugar de avanzar pseudoexplicaciones salvajes, esa fue la senda por la que pretendió lanzar a la filosofía Ludwig Wittgenstein.
Con lo que el trabajo de Platón, Aristóteles o Leibniz quedaba reducido a una lamentable pérdida de tiempo carente por completo de sentido, mientras que una charla de los mormones, de los testigos de Jehová o de los del Opus había que concluir que estaban perfectamente en orden porque el lenguaje religioso en cualquiera de sus formas sí que se hallaba entretejido con una forma de vida.
Una indignante manera de resituar el trastorno mental.

Creer

Freud dijo aquello tan cierto de que la gente no quiere la verdad sino el consuelo. Es la necesidad acuciante de creer en algo, de creer en cualquier cosa por muy absurda y delirante que sea. O mejor, cuanto más absurda y delirante sea una cosa con más pasión se llegará a creer en ella.
De modo que parece haber una relación directa entre el delirio y la felicidad del consuelo.

Que se presente un canijo caduco anunciando que él es la reencarnación de San Miguel Arcángel y que por esa razón ser irrigada/o con su semen trae como consecuencia la purificación del alma, oséase la salvación, uno no sabe si es para tirarse por el suelo de la risa, llamar a los loqueros o simplemente para quedarse como si tal cosa, porque la verdad es que se vienen oyendo cosas aun más raras (como que se acabó la crisis).

Pero lo imperdonable, lo que no tiene nombre y desafía a cualquier movimiento del pensar es que hayan surgido alrededor de 20 mujeres jóvenes que se conviertan en fervientes seguidoras del majadero. Para salvarse, supongo.

Enseñar

Lo único que hace a un buen profesor es su pasión por lo que enseña.
Lo demás son ficciones para vivir de algo (porque de algo hay que vivir).

Los bellacos contra la Universidad

Ahora son los bellacos de todos los pelajes, antes era solo el más nefasto ministro, los que renuevan el esfuerzo por demoler la universidad (pública, por supuesto, a los curas todo el respeto del mundo, sólo les pasa lo de la pederastia pero en lo demás fenómeno). Se dan cita en ello con sus insultos los que no pudieron entrar porque no sabían hacer la O con un canuto, o los que calentaron su culo muchos años en ella y se aprovecharon todo lo que pudieron de un sueldo fijo para dedicarse a lo que más querían, merodear por los hipódromos, los bares de gambas, y escribir bobadas ni siquiera siniestras.
En fin, toda la chusma se junta ahora en el mismo empeño porque igual van a adquirir poder por fin los inteligentes, y eso a ellos les da pavor, no habiendo sabido nunca para qué sirve la inteligencia como no sea para asesorar al inversor, o para medrar, o para descargar en palabras todo el caudal del odio a lo que sea, sobre todo a la vejez y a la vida en general, a la propia inutilidad.
Los de PRISA abominan de la endogamia (¿y lo de ellos como lo llamaríamos?, ¿gangsterismo?), o vuelven a esgrimir a los cretinos que dicen que ellos enseñan a enseñar, los metaprofesores de Rubalcaba, los incapaces de investigar que lógicamente desprecian la investigación y le van contando a uno que para aprobar lo definitivo es L al cuadrado SER, o sea, leer leer subrayar, esquema, repaso: los pedagogos de Rubalcaba, la única y tan triste alternativa que este país ha dado al Opus Dei en cuestiones de enseñanza.

Perdonar es lo mismo que morirse

Dejarse quitar el dolor y la rabia que nos constituyen lo intenta de nosotros el que nos pide perdón o si no la misma vejez con su frío lacerante pero tan tranquilizante, y es que al fin y al cabo perdonar es hacerse viejo, hay que ser realmente viejo para olvidar lo inolvidable.
Por eso decimos que no, que el dolor y la rabia es lo que hace pensar, y que dejárselos arrebatar no equivale a volver a entrar en el paraíso porque paraíso no existe ninguno, sino llana y simplemente a morirse. (Además, una cosa es segura de un paraíso existente per impossibile, y es que allí no se pensaría en absoluto).
Por fortuna, el mundo jamás nos va a permitir, mientras sigamos con los ojos bien abiertos, que se difuminen ni que se echen a perder nuestro dolor y nuestra rabia…

Viva la Roma pagana

Leyendo la historia de Augusto redactada con tanta seriedad por Adrian Goldsworthy, a uno le asalta la nostalgia imaginaria de todas aquellas épocas pretéritas en que la crueldad humana era descarada y valiente.
Todos sabían que a quien disponía de sesenta legiones no se le podía tocar demasiado las narices.
Y quien tenía una guardia personal de fornidos esclavos germánicos de absoluta lealtad merecía todo el respeto del mundo, hasta ahí podíamos llegar.
Hoy sucede en el fondo exactamente igual, la clave del poder sigue siendo al final la amenaza de la muerte, pero con la Europa cristiana y moderna la crueldad se fue haciendo cada vez más interior, más hipócrita, más moralista, y a los torturadores se les hizo necesario esconderse tras miles de máscaras. Lo cual no los hace en absoluto menos crueles pero sí mucho más repulsivos.
Mucho más sana, mucho menos dolorosa una bofetada que el veneno del debate televisivo.

Amor

Amarás a tu empresa por encima de todo, y a tu jefe como a ti mismo.
Una psicóloga esbirro promociona la innovación de medir la reacción emocional del empleado: la idea de la esbirra es poner su invento al servicio del departamento de selección de personal. Sabremos sin lugar a dudas si amas de todo corazón a tu empresa, como no la ames a la calle, y es que el empleado amante sube la productividad y es ejemplo de perfecta sumisión.
Del amor a Jehová al amor al padre (padre padrone), y del amor al padre al amor al cura pederasta que acaba pidiendo perdón por el daño causado a la Iglesia (el único perdón sería de diez a veinte años de cárcel, cuando no la castración química). Y del amor al amoroso cura pederasta al amor al empresario que te da la vida. ¡Quiero a la Coca Cola! ¡La Coca Cola, pan de mis hijos, respiro de mi mujer, báculo de mi vejez!
Amén, amén, amén. Nos llevarán a lo de siempre, panem et circenses!