LA SEMANA SANTA

El plan de Dios: que los humanos fueran salvados por el amor infinito de su Hijo, que fueran salvados de la muerte o del pecado (original). Para efectuar semejante salvación, este rescate verdaderamente morrocotudo, Dios-Hijo habría de entregarse Él mismo, al modo suicida, a los humanos criminales para ser torturado y asesinado de una muerte infamante y terrible.

[Si nos queremos explicar tan bizarro relato solo habría una manera: rescatar divinamente a la Humanidad, por amor, de su culpa o deuda contraída por el pecado no significa sino pagar lo que la Humanidad «debe». O sea, asumir en la propia carne divina el terrible castigo que merece el pecado del humano. La tortura y la muerte, la sangre, el dolor y el sufrimiento de la Pasión de Cristo, todo eso no sería más que moneda de cambio de la vida eterna: Contabilidad de verdugo, Metafísica de Verdugo; ya lo dijo San Pablo, la Locura de la Cruz]. (Lo que todavía no sé bien es por qué se metieron en todo este delirante tinglado los «sabios según el mundo», involucrando en el lío judeocristiano nada menos que a Platón y a Aristóteles. Tenían que haber seguido la distinción paulina).

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