NIETZSCHE Y LOS JUDÍOS

“Hay que hacerse a la idea de que cuando un pueblo sufre y quiere sufrir de fiebre nerviosa nacional y ambición política—, su espíritu queda cubierto por toda suerte de nubes y perturbaciones, en definitiva, por pequeños ataques de embrutecimiento: por ejemplo, entre los alemanes de hoy, unas veces es la estupidez antifrancesa, otras la antijudía, otras la antipolaca, otras la cristiano-romántica, otras la wagneriana, otras la teutónica, otras la prusiana (…).

Todavía no me he tropezado con ningún alemán que haya simpatizado con los judíos; y por muy incondicional que sea el rechazo del antisemitismo propiamente dicho por parte de todos los hombres prudentes y políticos, lo cierto es que esta prudencia y esta política no se dirigen, pongamos, contra la naturaleza misma del sentimiento, sino solo contra su peligrosa desmesura, particularmente contra la expresión insípida e ignominiosa de este desmedido sentimiento, — no hay que engañarse sobre este punto. Que Alemania tiene en abundancia suficientes judíos, que el estómago alemán, la sangre alemana pasan penurias (…) para acabar siquiera con ese cuanto de ‘judío’ (…). ‘¡No permitir la entrada a nuevos judíos!’ (…)

Pero los judíos son, sin lugar a dudas, la raza más fuerte, más tenaz y más pura que vive ahora en Europa; saben cómo triunfar aun en las peores condiciones (mejor incluso que en condiciones favorables), por medio de determinadas virtudes que hoy gustan de ser tachadas de viciosas, — gracias, sobre todo, a una fe decidida que no necesita avergonzarse frente a las ‘ideas modernas’; ellos cambian, si es que lo hacen, siempre solo a la manera como el Imperio ruso realiza sus conquistas, — como un imperio que tiene tiempo y no es de ayer —: es decir, de acuerdo con el principio ‘¡lo más lento posible!’ Un pensador que cargue sobre su conciencia el futuro de Europa deberá contar, de entre todos los escenarios que se plantee sobre dicho futuro, con los judíos y también con los rusos como aquellos factores más seguros y más probables en el gran juego y lucha de fuerzas. Lo que ahora en Europa se denomina ‘nación’, y que en realidad es más una res facta que nata (incluso a veces se parece, hasta casi confundirse con ella, a una res ficta et picta), es en todo caso algo que está en devenir, joven, fácilmente desplazable, todavía ninguna raza, ni mucho menos algo aere perennius como lo es la raza judía: ¡estas ‘naciones’ deberían guardarse cuidadosamente de toda competencia y hostilidad irascibles! Que los judíos, si quisieran–o si se les obligara a ello, como parecen querer los antisemitas—, podrían tener ahora mismo el predominio, de hecho, literalmente, el dominio sobre Europa, es algo incontestable; que no trabajan ni hacen planes en esa dirección, también. De momento quieren y desean más bien, incluso con cierta importunidad, ser absorbidos y succionados en y por Europa, anhelan por fin ser estables, tolerados, respetados, y fijarle una meta a la vida nómada, al ‘eterno judío’—; y uno debería tener muy en cuenta este tira y afloja (…) e ir a su encuentro: para lo que tal vez sería útil y justo proscribir a los vocingleros antisemitas del país”

Más allá del bien y del mal-251.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .