Manipuladores

En vena nietzscheana hay que decir que, para todo “así” y para todo “asá”, la declaración de que “el humano debe ser así y asá” carece por completo de sentido inteligible, habida cuenta de que la de la libertad no es sino la ideología del verdugo o del agitador llevados ambos por el deseo de encontrar culpables. Pero entonces todos aquellos que nos dicen todavía hoy cómo debemos “gestionar” nuestras emociones, es decir, lo que nos tiene que alegrar y entristecer; todos esos policías del alma que no se paran en barras lo que en realidad pretenden es dominarnos absolutamente. Los curas y las monjas, con aquello de que debemos amar a nuestros enemigos (¡!); los psicólogos y las psicólogas, con la murga de que debemos ser empáticos, o si no asertivos, mandato en lo que coincidiría más bien milagrosamente la moral con la salud mental; las locutoras de La Sexta, con el lloriqueo incesante que busca nuestra entrega sentimental a la solidaridad con las diversas desgracias que sin cesar el mundo dispone, y seguirá casi con seguridad disponiendo por los siglos de los siglos; los flojeras leninistas en versión latina que son los de Pablo Iglesias y su panda, exigiendo de nosotros empatía como la única clave para solucionar el estancamiento de la situación con el problema catalán; o bien Monedero denunciando, para acabar de indignarnos del todo, la actitud según él asesina de la policía madrileña que se la tiene jurada a los manteros desde el presunto racismo institucional imperante. Nada de esto tendría ningún sentido a no ser que lo contempláramos desde la suposición de una sed de dominio desmesurada por parte de todos estos cabecillas y cabezones que aspiran nada más y nada menos que a manipular nuestras emociones constantemente. Los líderes de masas siempre han querido ser técnicos consumados en el manejo de los resortes retóricos del modelado emocional, como se sabe desde Aristóteles y luego con Hitler. Pero hacen el ridículo todos ellos, porque hoy sabemos que si no queremos en el alma ajena nadie entra, y quien pugne por entrar en la nuestra nos está dando permiso para darle una patada en el culo a la menor oportunidad que tengamos.

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