El gran error consiste en creer que siempre que uno fracasa es porque se ha equivocado. Que la culpa es suya, vamos: el judeocristianismo dándose la mano con el capitalismo para llevarnos a todos a la servidumbre o a la locura.
Archivo del Autor: marrodri57
Un problema
Fabricar pobres, y además tantísimos, tendría para los que trabajan en fabricarlos un peligroso inconveniente: ¿qué van a hacer al final con ellos? Ya se sabe lo molesto que es un pobre. Bueno, dirán ellos, pues que se vayan del país. O si no, que se mueran…
Un tipejo
Entrevistaron a un tipejo en el único canal de televisión español que aún no te abruma con mentiras todo el día. Un representante aquí de Fondos de Inversión Extranjeros, muy dicharachero, con acento del sur, campechano, hasta decía alguna palabrota, un buen muchachote todo sinceridad española. Y además valiente, los Fondos de Inversión ya se sabe que «no conceden entrevistas a la televisión porque como mucho empatan y muy probablemente pierden». Era listo el tipejo, intelibrón como él solo.
Según aseguraba él todo estaba bien, todo era lo natural, y los Fondos de Inversión vendrían por fin a salvarnos a todos con su inyección de capital, tan necesaria ahora, como el pan de nuestros hijos. Hasta en lo inmobiliario, decía, que era lo suyo, incluso los Fondos de Buitres cumplirían, si lo pensamos bien, una labor bienhechora, igual que son necesarios los buitres en la cadena trófica de la naturaleza. Todo estaba perfecto, todo era lógico, todo era normal. Lo que no se puede hacer es emitir cuatrocientos mil millones en deuda pública, ni promover vivienda social para alquilarla a cuatro cuartos pidiendo préstamos millonarios a la Banca Alemana, porque luego hay que devolverlos, y es la ruina, lo que ha pasado aquí. Todo habría sido demencial, y de ahí la crisis, el mercado enseguida se corrige a sí mismo en sus escasas desviaciones, lo malo es el error humano de los incompetentes. Casi me había convencido ese tipejo, oyéndole y viéndole hablar allí, en la barra del Ritz, todo sonrisas, traje y corbata de primera, muy campechano, simpaticón, dicharachero, como un trilero de feria. ¡¡Pues a ver si después de todo va a resultar que el capitalismo salvaje es la vida misma, la normalidad de la naturaleza, de manera que el que pierde en su juego mortal es un fracasado natural, o sea, no era lo suficientemente listo y trabajador como para adaptarse a lo real. Y a mí qué me cuentas.
Pero de pronto el entrevistador le pilló bien pillado. De aquel simpaticón tan campechano, tan español, que hasta decía palabrotas demostrando que se puede ser del pueblo pero rico, de repente salió brutal, incontenible, el chorro violento del odio al pobre. Odio violento al pobre, al que no paga, al que no puede pagar porque lo suyo es vivir gratis, vivir de gorra, «como todos hacen al sur de Madrid», decía el tipejo. Y su odio llegaba al culmen al referirse a los partidos que le daban subvenciones al pobre, el pesebre de los votos, los partidos esos que permiten que el pobre no pague, que pueda respirar, que pueda vivir gratis. Había perdido para entonces aquel muchachote toda su compostura, he aquí que se reveló el fascista esencial, el fascistón de toda la vida, o la esencia del fascista que son los Fondos de Inversión.
El caso de España
El hecho de que en España, como se puede constatar de manera incontestable en los discursos de todos sus capitostes, el delirio neoliberal venga a haber afectado con entusiasmo a los que pretenden continuar la herencia cristofascista del 18 de Julio, nos ilustra sobre lo indudable de que el meollo de todo el asunto es la vieja y demacrada lucha de clases, en la que uno de los bandos casi ni puede resistirse ya.
«Pues el fascismo nace como ideología y actitud anímica de la profunda angustia de este mundo adolescente, de la enemistad con la vida que destruye todo respeto y devoción hacia ella. Rencores y resentimientos profundos que no han podido romper su costra»
(María Zambrano, 1937)
Así que la falsificación viene del resentimiento y del odio.
«Se produce el fascismo en una situación social y económica determinada, sin duda. Pero el fascismo lo hacen los fascistas, y hay un ‘hombre fascista’ con sus características que podríamos reconocer aunque lo hallásemos en una isla desierta; hay un funcionario fascista de la inteligencia; una utilización del poder de la inteligencia y sobre todo el poder de enmascarar, de falsificar, que tiene la inteligencia. El fascismo nos muestra la desgracia que para el hombre es el conservar las palabras, los conceptos sin vida ya, de cosas que han sido y ya han dejado de servir. Sería mucho mejor que, cuando tales épocas llegan, el hombre olvidase todo lo que en otros tiempos sirvió para su grandeza y se encontrase de nuevo solo»
(María Zambrano, 1937)
Nihil novum sub sole
«Pero esta audacia, este afán desmedido de verdad y veracidad, este desenmascaramiento constante de todo, no hubieran existido de no estar aguijoneados por el amor más terrible, ardiente y decisivo. No habrían existido si Nietzsche no hubiera sido un enamorado»
(María Zambrano: «Nietzsche o la soledad enamorada», 1939).
LA PSICÓLOGA
La psicóloga de la televisión quería sin duda esperanzarnos al referirse a las «fortalezas de amor» con que contaban aquellos pobres niños que habían sufrido tan gran desastre, y que era deber de los psicólogos liberar y poner en acto.
Con ese lenguaje tan chocante en una científica por supuesto que se desbordaba su sentimiento maternal, sin duda un poco ofensivo para los que la escuchaban por acompasarse a la perfección con la tradicional babosería vaticanista.
Cultura cristiana al cien por cien la de la psicóloga, por encima de la científica que se daría por descontada. Lo cual se notaba en que hablaba de amor, y no de apego o de cualquier otra cosa.
