AGUSTINOS

«Como abogado defensor de Dios, este obispo terrible representa a la parte demandante contra sí mismo y todos los demás compañeros de destino en la autorreferencia demasiado humana. Se desnuda, el acusado de pecado original y de rebelión originaria, mostrando todos los recovecos de su voluntad no resignada. Al hacerlo expone a la luz que en el ser humano interior no sólo habita la verdad, sino también el motivo para la desesperación, la maldad narcisista, la corrupción ajena a Dios, la huella del separatismo satánico.

Lo que Agustín puso en marcha aquí fue nada menos que aquella inquisición fundamental contra el amor propio humano que será una de las constantes de la antigua historia de la mentalidad occidental»

(P. Sloterdijk: Temperamentos Filosóficos. De Platón a Foucault. )

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