NIETZSCHE CONTRA EL CRUCIFICADO

Sin duda ninguna, no hay mediación posible: Dionisos contra Cristo, y si Hölderlin llegó a pensar lo contrario era por iluso. Y lo peor es que la constitución cultural y epocal de las pulsiones que harían nuestro cuerpo al trabajarlo abren mundos cerrando otros. De manera que la impronta judeocristiana, el troquelado de Tomás de Aquino y Lutero, para no decir nada del mismísimo Jehová…hace imposible que muchos filósofos entiendan a Nietzsche, incluso hoy tras tantos años ya de investigación nietzscheana. Y entonces seguimos leyendo los disparates de siempre sobre su pensamiento; que son disparates, claro está, para los que no entendemos nada de la dialéctica del pastor y el rebaño, ni sabemos nada del espíritu santo ni del cielo ni el infierno, una colección de absurdos para nosotros. Por ejemplo, viva Kierkegaard, que tener conciencia de culpa es lo que nos hace de verdad ser más que animales (esa atrocidad del masoquismo moral según la cual solo en el remordimiento más brutal me experimento como yo mismo: nunca soy más yo que cuando me siento un miserable absoluto). Por ejemplo, que el Übermensch no sería sino un regreso al animal, o al narcisismo invulnerable del padre de la horda primitiva (que al parecer vendría a ser lo contrario del pastor de las ovejitas, como bien ilustran Torquemada y Netanyahu). De modo que, concluye el filósofo siempre teólogo, incluso el teólogo ateo, lo de Nietzsche tuvo que ir a parar en Hitler de manera impepinable. Como no te sientas culpable, como para ti carezca de sentido la idea de pecado, ni siquiera eres de la especie humana…eres un desecho porque vas a ponerle la mano encima al cuerpo del primero o la primera que pase por tu lado para violarlo o torturarlo si es que nadie te ve. Esto es justo contra lo que luchaba Nietzsche precisamente: contra el animal enfermo…(por el Cristianismo o por el alcohol, las dos aportaciones al mundo de la cultura europea)-

Por cierto que esto de que hablo ahora era lo esperable, según el propio Nietzsche. La verdad es que tenemos el cuerpo cristiano perdido, tan cristianísimo es nuestro cuerpo, incluso el de los que se consideran ateos, que en el fondo todos llegamos a pensar que el que no se siente un cabrón con pintas de cuando en vez no es sino un nazi de mierda. Cuando a un cura se le habla de los casos de pederastia se encoge de hombros observando que al fin y al cabo todos somos solo humanos, con lo cual se puede sospechar que la conciencia del pecado sí que es una estratagema de malvados que necesitan considerar normal y universal lo que les pasa a ellos.

Hasta Freud y Lacan entrarían en el disparate. En su Seminario 7, este último llega a dar por hecho que el decálogo del tal Yahvé bajando del monte aquel es ni más ni menos que la moral eterna, pura y dura, necesaria, universal…lo que hay que hacer para ser bueno tanto entonces como ahora nos lo sirvió el dios del pueblo elegido. Pero su presunto maestro había ido mucho más al fondo: el pecado, sentirse culpable, no es para Freud nada sublime, en absoluto, sino simplemente la consecuencia de nuestra situación trágica en tanto seres necesitadamente sociales: ante las salvajadas y los roces que antes o después te va a deparar la vida en común, o le pegas al otro una bofetada o bien te la pegas a ti. No hay salida. Y no me vayan a venir con la historia de lo bonita que es la saña con la que arremete contra nosotros el Über-Ich. Ese sí que es un cabrón con pintas.

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