Jacobo Muñoz

Hoy he recordado algo que le oí decir una vez a Jacobo Muñoz, y que considero que tiene su importancia, así que él me perdonará que lo divulgue, donde quiera que esté. “Los estudiantes de filosofía son prometedores y fascinantes hasta que cogen el algoritmo”, dijo, justo entonces dejan de serlo porque ya no piensan en sentido estricto, a lo peor ya no pensarán nunca en el sentido estricto de la palabra. Por causa de sus maestros creyentes, algoritmizados como recetas de cocina. Alguien piensa filosóficamente mientras no pretenda filosofar en marxista de ley , o en buenista, o en heideggeriano, o en feminista de alguna ola última, o en deleuziano tal cual. Porque desde ese momento es como si fabricara churros en vez de pensar, todos le saldrán igualitos, trate el tema que trate. Muy cómodo y muy fácil, pero la máquina no es pensamiento filosófico, es todo lo contrario. Y si Nietzsche me va bien a mí, particularmente, es porque él nunca podría utilizarse como máquina virtual, como una aplicación de móvil que se te descarga en tu cerebro para los restos, siempre mirando lo real como lo mismo, fabricando churros todos iguales.

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