La filosofía del PP

Ha dicho la Aguirre (finales de Marzo de 2015) que está deseando abrir un debate ideológico en el PP, “porque no va a ser todo economía”. Al parecer, sería más que nunca necesario para el Partido el debate de ideas, sin duda porque en este momento les urge distinguirse de otros que también ponen la política al servicio de la empresa y sus intereses, con el chocante razonamiento, pero para ellos tan obvio que ni haría falta repetirlo, de que el interés privado de las empresas viene a coincidir exactamente con el de la sociedad en su conjunto.
Pero pienso que pocas sorpresas podemos esperar en relación con el debate ideológico del PP. Está claro que para todos ellos, y a tenor de sus medidas y de sus conductas, el sentido más general de la vida humana, porque es el único de verdad universalizable y que todos entienden, sería el de hacerse rico, o bien el de ponerse, sin rechistar, al servicio de los que son ricos (y por eso los ricos son los auténticos benefactores sociales, porque en cualquier caso le darían el sentido de su vida a los que no han podido serlo). Por cierto, se trata de una concepción de la vida humana alarmantemente próxima a la que es propia de la chusma más abyecta, por lo menos según una importante vertiente de nuestra tradición filosófica y espiritual. Así que habrá que borrar todo rastro de esta tradición en la escuela (Rita Barberá pisoteando a Aristóteles, Wert devorando a Spinoza).
En cuanto a lo que no es economía, “porque no todo va a ser economía”, aquí sí que no cabe ningún enigma porque hay que recordar aquello que la Aguirre exclamó en una ocasión, en un revelador rapto de entusiasmo que no pudo o no quiso contener: “¡Esa magnífica libertad que sólo nos da Jesucristo!”. (Por lo demás, ha contratado esta vez para su campaña a otro contundente desvalijador de lo público que dicen que es pariente de Santa Lucía Figar, a quien Dios tenga en su gloria).
Esta libertad que sólo da Jesucristo insuflaría su aquel de espiritualidad en la reseca y más bien brutal filosofía del Partido, especie de Realpolitik de Tomelloso. Pero ya se sabe lo que dijo Jesús respecto de la conveniencia de guardar nuestro tesoro en el cielo, adonde no llegan ni la corrosión ni los ladrones. Algo así como bonos no del Estado sino de la Vida Eterna.
Es decir, vendría a complementar su neoliberalismo, la ideología del PP, con todo aquello del cochambroso Nacionalcatolicismo tan tradicional y manoseado que fuera el de sus progenitores. Pero con una importante innovación: el Imperio Español ya no le hará ascos al dinero con su inútil mohín de fijodalgo muerto de hambre, sino que sabrá repartir con lucidez sus ímpetus imperiales entre las respectivas exigencias de esta vida y de la otra. En esta vida hay que invertir y emprender, y después guardar las ganancias en Suiza o en Andorra. Para la otra habría un método diferente de ahorro, que como siempre consiste en el sacrificio de sí y en la confesión periódica. Como muchas veces nos habría dado a muchos la impresión de que todo esto es bastante contradictorio, ahí está en nuestro tiempo, para desmentirla, el verdadero emblema de la filosofía del PP, Bárcenas comulgando en misa de doce. ¡Ese es el nuevo español, por fin ya del todo compatible con los mercaderes protestantes del Norte! (Según algunos este nuevo español arrancaría en su genealogía del opus dei del Franquismo, vencedor en sus luchas intestinas con los falangistas, y que continúa con poderosa vocación de futuro en nuestros días).

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