Historias del Padre Genaro

-“Padre, creo que he pecado…de nuevo”.

-“De qué se trata esta vez, hijo mío, te veo pasándolo mal”.

-“Sí, estoy muy inquieto por causa de mi prima”.

-“¿Por?”

-“Porque me gusta besarla, y cuando la veo hago todo lo posible por besarla. ¿Es grave lo mío?”

-“Bueno, hay que examinar de qué beso se trata, todo depende de eso, del asunto de la casuística. En el Seminario hacía furor una obra muy pía que también tenemos aquí, en la Biblioteca, y que te recomiendo de corazón porque sé de las turbulencias de tu edad: El beso, concepto y taxonomía moral, por el Padre Rollo O.P. Apoyado en la erudición pastoral de este impoluto varón, yo te digo que sin lugar a dudas el beso de prima se halla equidistante del beso de hermana y del beso de novia, pero a mil leguas del beso de mujer mala. Doy por sentado desde luego que se trata de una prima hermana, porque de lo contrario la evaluación pastoral sería demasiado intrincada”

-“No le acabo de entender”.

-“Pues que besar a una prima no tiene por qué ser pecado, siempre y cuando se trate de un auténtico beso de prima, sin deslizamientos a terrenos que no vienen a cuento por ser ajenos a la naturaleza intrínseca de este beso, naturaleza que define el tipo”.

-“Pero, ¿cómo puedo saber si le doy besos de prima a mi prima o besos de otra clase, digamos besos desnaturalizados?”

-“Lo has entendido. Para saberlo, se requiere madurez ética y potencia de discernimiento en el autoexamen. Pero mi deber es ayudarte porque yo tengo de las dos cosas para dejarlo de sobra. En el beso a tu prima, tú concéntrate, ¿el regodeo y la fruición se depositaban en los meros labios, es decir, sin control consciente centralizado, sin interiorización en la parte hegemónica del alma? Para ayudarte a recordarlo, dime ¿qué hacías en el acto del beso con las manos?. Y si tus manos hacían algo durante el beso a tu prima, o se movían como intentando hacer algo, ¿tu te dabas cuenta de lo que hacían tus manos o eras por completo ajeno a sus manejos? En definitiva, ¿qué pasa con la identidad personal en lo que dura un beso tuyo a tu prima? ¿Es el beso a tu prima algo del yo?”

-“La verdad es que mis manos no hacían nada, se trataba sólo de un beso. Y un beso sentido, controlado por la conciencia, más que disfrutado periféricamente como el que come un melocotón”.

-“Esto va pero que muy bien. Queda excluida la mujer mala, y prácticamente hasta la novia. Ahora vamos a la otra parte. Cuando besabas a tu prima, ¿sentías por ella un amor como si dijéramos a toda prueba, un amor espiritual por encima del tiempo y del espacio? ¿Un amor como basado en algo que te controla y ante lo que sólo se puede asentir y callar?”

-“¡Hombre no, era simplemente un beso agradable y sentido!”

-“¡Eureka! Tu caso es entonces el del puro amor primal, usando la terminología innovadora del docto Padre Rollo, sin peligrosas desviaciones hacia la hermana o hacia la mujer mala, ni siquiera la novia. Un beso que responde a su concepto, la definición misma del bien. Ergo, de pecado, nada”.

-“Padre Genaro, su sabiduría es medicina para mi alma atribulada”.

(La tarde iba cayendo y los últimos rayos del sol del otoño madrileño se reflejaban con timidez en las ventanas aún abiertas pero custodiadas con rejas de aquel manicomio municipal que las privatizaciones habían entregado a la gestión compartida de los Jesuitas y la Sección Femenina. Ya se oían los primeros ronquidos de los enfermos en brazos de Morfeo, hasta las cejas como estaban de neurolépticos). 

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