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Misantropía

La verdad es que no se sabe bien a qué viene todo ese despliegue incesante de teorías psicológicas y sociológicas, puesto que estaría meridianamente claro en torno a qué dos elementos ha girado siempre el mundo de los humanos en todas las épocas de que tenemos noticia: la envidia y el afán de venganza. La primera se disfraza cristiana y modernamente con las galas del ideal rousseauniano de la igualdad, e incluso del amor universal (Rousseau, «la tarántula de la humanidad»); y el segundo, claro está, pasa por ser sed de justicia.

(Pero la misantropía nos viene en momentos o accesos, además parece haber conocidos que la anulan y la desmienten con su ejemplo, menos mal)

En cualquier caso, ya se sabe que el hombre al fin y al cabo no importa, es algo que tiene que ser superado.

Lo delirante

El mandato de «amad a vuestros enemigos» pierde buena parte de su aspecto delirante si recordamos que, sin duda, hay amores que matan

Pobre loco

«¿Han visto ustedes alguna vez una niña tan bonita como el más abandonado de los gatos de albañal?»

(…)

«Esto me recuerda el tiempo en que mi amigo y camarada Romundt, un maestro en Schopenhauer e incrédulo si alguna vez conocí a alguno, anunció públicamente su intención de unirse a la Iglesia de Roma. A mí y a los otros asociados de la universidad nos hizo la misma impresión que si nos hubiera dicho que estaba cansado de ser un hombre y que en una fecha futura entraría en una jaula del zoológico local para convertirse en mono. ¿Qué lo ha fatigado tanto de la aventura del pensar?, le preguntamos, y por supuesto, no contestó»

(Atribuidos, controvertidamente, a Nietzsche en el manicomio).

 

 

 

Casado

Parece que este hombre es un entusiasta de la inteligencia artificial, ya sabemos que no le llega con la que le dio madre naturaleza

Confianza

¿Tener confianza en los poderes y las instituciones del Estado cuando se halla infiltrado de funcionarios neofranquistas, o colaboradores de FAES?

El ateo

El ateo no tiene por qué estar loco, ni ser un nazi. Al ateo no tienen por qué haberle violado de pequeño, ni tampoco necesita como condición para ser ateo haber caído en relaciones incestuosas en su pubertad.

No habrá de ser el ateo, para serlo, un monstruo moral, un desalmado.

Al ateo no tiene por qué faltarle nada, ni razón ni moral.

Tal vez el de las carencias de razón y de humanidad sea, bien al contrario, el creyente.

De Don Miguel

«La inteligencia de S. Paparrigópulos era clara, sobre todo clara, de una transparencia maravillosa, sin nebulosidades ni embolismos de ninguna especie. Pensaba en castellano neto, sin asomo alguno de hórridas brumas septentrionales ni dejos de decadentismos de bulevar parisiense, en limpio castellano, y así era como pensaba sólido y hondo, porque lo hacía con el alma del pueblo que lo sustentaba y a que debía su espíritu. Las nieblas hiperbóreas le parecían bien entre los bebedores de cerveza encabezada, pero no en esta clarísima España de esplendente cielo y de sano Valdepeñas enyesado. Su filosofía era la del malogrado Becerro de Bengoa, que después de llamar tío raro a Schopenhauer aseguraba que no se le habrían ocurrido a éste las cosas que se le ocurrieron, ni habría sido pesimista, de haber bebido Valdepeñas en vez de cerveza, y que decía también que la neurastenia proviene de meterse uno en lo que no le importa y que se cura con ensalada de burro»

(Por gentileza de A. Bell, americano del Norte que sabe más de España que muchos de nosotros)

Dioniso el Justo

«Tal vez convenga recordar que, en la más grande festividad dionisíaca, la de las Antesterias, la supresión de las barreras entre los muertos y los vivos implicaba la de todas las demás barreras que definían en la ciudad los diferentes status. Y entonces todo se hace posible. Nos hemos preguntado por este curioso ‘efecto liberador’ de la muerte…Ahora lo comprendemos mejor. Cuando los Infernales invaden la ciudad y se mezclan con los vivos, todo el mundo se convierte de nuevo en ‘hijo de Tierra’ y se hace todo lo que requiere el nivel hypokhthónios del interior.

Al igual que la tragedia, el dionisismo nunca pierde su vigor.
Saludemos a Dioniso-el-Justo. Y saludemos a Zeus, dios también justo. Hay dos hijos, y sólo dos, a los que éste se tomó la molestia de engendrar él solo: Atenea, diosa de la razón, y Dioniso, dios de la locura.»
(María Daraki: Dioniso y la diosa Tierra, final).

Wittgenstein

La gran lección de Wittgenstein, lo que le hizo inmortal, es su advertencia de que la confusión conceptual puede tener efectos devastadores en la vida de las personas.

(Como les pasa a los espectadores de LaSexta en España)