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MUJERES Y LIBROS

Subraya Foucault que San Jerónimo citaba profusamente a Teofrasto a propósito del debate sobre las molestias que el matrimonio le supone al filósofo: «No es posible amar a la vez a una mujer y los libros».

El PLACER

Aunque habría que considerar las adicciones para matizar esto adecuadamente, me parece cada día más probable que el criterio de la acción correcta no es otro que el placer, y que, por tanto, para citar a Nietzsche, Kant «se volvió idiota» con lo del imperativo categórico. Es la corporalidad bien organizada o no decadente la que nos dice qué es lo correcto, en cambio el decadente elige invariablemente lo que le perjudica. Es el placer del otro y el placer tuyo los que sirven de criterio. Lo cual por supuesto que no excluye el esfuerzo incluso duro; y lo cual nos pone de manifiesto hasta qué punto la vida que vivimos en nuestra época va hacia abajo, es decadente. Porque cuántas cosas hace hoy la gente que vayan realmente acompañadas de placer?

EL CRISTIANISMO

Al leer LAS CONFESIONES DE LA CARNE, a uno le asalta a veces la potente impresión de que el Cristianismo, por lo menos aquel hacia el siglo IV, es por encima de todo una insufrible cursilería. Pero ya sabemos lo que comentó la cristianísima María Zambrano, que la cursilería es la hermana de leche del fascismo. Una descomunal y perniciosa cursilada había sido el platonismo, el simplificado. Gente invertida que por encima de todo no está dispuesta a mancharse viviendo en el mundo. Y según la mejor María, el hombre fascista no es sino la extrema degradación de ese idealismo filosófico tan caro a Occidente.

¿ESCLAVOS PRODUCIENDO ESCLAVOS? LO ABYECTO COMO TAL

«Pero para poder conducir a una humildad en la que haya desaparecido la voluntad propia, toda ascesis debe hacerse en la forma general de la obediencia.»

“Se comprende el lugar que, en el camino hacia la perfección, da Casiano a la humildad entendida como estado permanente de obediencia, aceptación de cualquier sometimiento, voluntad de no querer y renuncia a cualquier voluntad”

De Historia de la Sexualidad IV. Las confesiones de la carne por Michel Foucault, Horacio Pons)

LO CORRECTO

En la BBC recomiendan que, en vez de decir «enano», digamos «persona de crecimiento restringido». A mí se me ocurre, en esa línea, que al tonto le digamos «persona de sesera menguada».

LLUVIA DORADA

Aparte de la viruela del mono, hoy debería hablarse también de otra dolencia que lleva tiempo estando muy de moda, pero esta vez dolencia mental, igual de peligrosa o más. Acabo de ver en las Noticias (que se parecen cada vez más al NO-DO) a centenares de personas, físicamente digamos que «normales», pero sin duda adictas a esa perversión para cuya inclusión en el mercado del sexo en los bajos fondos de la prostitución habilitaron la especialidad llamada «lluvia dorada». Les mean encima, ¡y van y aplauden!

ESTÚPIDOS

Ya se dijo, no te pongas a discutir con un estúpido. Porque te baja a su nivel, y allí seguro que te gana. Mark Twain.

LA PALABRA

«En el principio no fue la palabra; esto es evidente»

(Antonio Damasio y, con él, todo lo que propiamente sabemos hoy como definitivo)

NIETZSCHE Y SPINOZA

Con Nietzsche pasa esto a menudo. Por ejemplo, atacando al «populacho educado» de los románticos que buscan ante todo sublimidad, elevación del sentimiento y pechos hinchados, subraya en una ocasión («Nietzsche contra Wagner», epílogo 2) que «nosotros los convalecientes» necesitamos por el contrario una clase de arte muy diferente, un arte solo para artistas. Es decir, un arte ligero y burlón que ha renunciado al mal gusto de querer la verdad a cualquier precio, como los fanáticos, pues tenemos la suficiente experiencia de la vida como para saber que la verdad ya no sigue siendo verdad si se le retiran los velos. Bueno, pues en este punto, el filósofo hace como de pasada la observación siguiente: «tout comprende– c’est tout mépriser». Comprenderlo todo es despreciarlo todo: esta frase se impone como un resplandor absolutamente incuestionable. Y a nosotros, cuando la leemos, se nos abre de repente otra ventana mental con el nombre de otro grande, Spinoza. Con su observación, Nietzsche ha refutado de un solo golpe, inapelablemente y sin pretenderlo en realidad, todo el pensamiento de Spinoza. El que había creído en una época su antecesor…