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Acerca de marrodri57

Catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid "SO VIEL MISSTRAUEN, SO VIEL PHILOSOPHIE"

La ética

Un flamante título universitario de «Neuromárketing», sin duda todo lo contrario de una fábrica de parados, termina su programa con un tema dedicado a las «consideraciones éticas». Es como si terminara igual el programa de un título de salteador de caminos.

Siempre he notado que los que te hablan de la necesidad de reivindicar la conciencia moral tienen algo que ocultar que huele fatal, y de lo que se trata es de perfumarlo. Aunque sin duda en el caso del neuromárketing el perfume de la moralina lo único que logra es que huela todavía peor, a cobarde hipocresía. Nadie tiene el valor de decir simplemente, mire, vamos por la pasta, por eso nos reunimos, trabajamos, estudiamos y vivimos.

Dos de Mayo

«Durante aquella guerra sublime contra Napoleón, que en la posteridad pondrá a los españoles del siglo XIX por delante de todos los demás pueblos de Europa y les asignará el segundo lugar después de los franceses, don Blas fue uno de los más famosos capitanes de guerrillas. El día que su gente no había matado por lo menos un francés, don Blas no dormía en una cama: era un voto».
(Stendhal, «El arca y el aparecido»)

A don Blas le iban a nombrar comisario de policía de Albolote, en Granada, donde se dedicó a sembrar el pánico entre los vecinos torturando liberales a instancias de los realistas. Se decía que hasta el todopoderoso obispo le tenía miedo.

Era la época en que decía Gautier que cuando se atravesaba España te podían matar en cualquier momento.

La verdad

Vivir en la mentira no es vivir sino desperdiciar la única vida que tenemos. El hipócrita, el que se engaña no vive («de verdad»): No se trata de moral sino simplemente de querer vivir. Por eso mismo la vida tiene que ser un combate peligroso, contra el mundo y contra nosotros mismos. Por eso vive más el filósofo.Nietzsche

Blasfemo

Se puso a hacer yoga en mitad de la capilla de la Facultad de Filosofía de la Complutense, pero el cura con sus improperios le estorbaba la debida concentración.

Metáforas

Empezó a fumar con la esperanza de desengancharse de su adicción a los chicles de nicotina.

Lo filosófico

El problema esencial es que no se entiende lo filosófico. Por lo menos desde un punto de vista muy importante, consiste lo filosófico en estar en guerra contra uno mismo–bien es verdad que con acuerdos de paz transitorios que son una verdadera felicidad–, siendo capaces los filósofos de no cejar y mantenerse en ese estado de guerra interior casi permanente. Pero entonces consiste también lo filosófico, lógicamente, en llevar esta guerra a todas partes a las que se va, en extenderla a las conciencias y los cuerpos.
El rendimiento social de lo filosófico es por lo tanto la movilización más íntima. Lo que se logra es que todo lo que se expone al influjo del filósofo evita el estancamiento, lo que se consigue es que nunca coagulen los procesos o rematen en el uno definitivo, o mejor, que nunca puedan creerse a sí mismo coagulados. Lo filosófico nos afecta haciéndonos cobrar conciencia de que envejecer, en sentido estricto, no sería inevitable, al contrario que morir. De lo que se trata es de morir joven devorado por el tiempo.

La enfermedad de Nietzsche

Me llegan el mismo día dos documentos sobre la enfermedad de Nietzsche. Los dos ofrecen pruebas para descartar el tradicional diagnóstico de sífilis, en el sentido de que hay demasiadas cosas que no cuadran. El uno, sobre la base de observaciones practicadas en la clínica de Jena, la atribuye entonces a un pretendido síndrome de amargura (embitterment) y resentimiento (como un hipotético trastorno límite de mala leche), que por supuesto simplemente no existe pero que con todo y con eso estaría relacionado con trastornos del ánimo como del tipo bipolar, concluyendo así que la enfermedad de Nietzsche habría sido puramente mental o psicológica. El otro, mucho más documentado, sin duda científico en el mejor sentido, de unos médicos de un Departamento de Neurología de una Universidad belga, encuentra en cambio que todos los síntomas de Nietzsche encajarían perfectamente con el hoy llamado CADASIL, siglas en inglés de una enfermedad neurológica hereditaria que probablemente ya habría sufrido el padre del filósofo, igual que él lleno de síntomas y de muerte prematura.

Lo cual me lleva a pensar otra vez lo que siempre había pensado siguiendo a no pocos pensadores, que el concepto mismo de enfermedad meramente psicológica o mental es un completo absurdo, de todo punto ininteligible. Sin duda como ocurrir ocurre de todo, por ejemplo que cada uno de nosotros es como es, o como lo ha hecho una educación que en muchos casos no tiene nada que ver con la realidad del mundo, y que el mundo es como es, o sea, muchas veces insoportable, y entonces acaba contigo sobre todo si has recibido una educación de ese tipo. O que uno es demasiado tonto o demasiado listo y se mete en líos infernales sin saber o poder luego salir de ellos. Las inexistentes enfermedades «puramente» mentales habría que tratarlas por lo tanto como lo que son, problemas existenciales o sociales, o sea, habría que tratarlas cambiando el medio o cambiando la forma de vida, o sea, política o filosóficamente. Como por lo demás se ha hecho durante milenios, antes de que llegaran los que quieren ser médicos sin estudiar medicina.

«Lo que uno descubre como ‘psicología’ de la locura no es más que el resultado de las operaciones con que se la ha tratado. Toda esa psicología no existiría sin el sadismo moralizador en que la encerró la ‘filantropía’ del siglo XIX con las apariencias de ‘una liberación’»
(Maladie mentale et psychologie, 1954)

Juan Arnau

No concuerdo con Juan Arnau en su opinión de que a la filosofía «hoy nadie le hace caso» porque los filósofos académicos, tanto más si son «analíticos», escriben cosas exclusivamente para ellos que solo ellos entienden. Lo que pasa sobre todo es que en todo barrio y todo pueblo sale hoy un tonto que no sabe hacer la O con un canuto pero que, a falta de algo mejor, se va anunciando por ahí como «filósofo», disertando por doquier sobre lo malísimamente mal que escribía Hegel, no como Bergson, sin ir más lejos, que además era sensible a las necesidades de la gente digamos normal. Todos sabemos que un astrofísico ha tenido que estudiar mucho y duro, ha tenido que estudiar cosas difíciles porque en eso se mezclan las matemáticas nada menos. Pero la filosofía la hace cualquiera, entre la Wikipedia y una rápida lectura a fragmentos de filósofos reunidos. El humano es por naturaleza filósofo, no digamos Esperanza Aguirre.

A este elemento que hoy tanto prolifera no le haría ninguna falta haber estudiado filosofía para triunfar (filosofía, no me refiero a budismo fofo), en realidad se abren paso simplemente revolviendo unos cuantos libros y sobre todo con técnicas de marketing fenicio. Que si hoy lo que la gente compra es la libertad, el alma, etc. etc., y otro humo semejante, pues es eso lo que se lleva al mercado. Lógicamente esta vocación de mercader de humo no es compatible con una carrera en las ciencias serias. Y si es verdad que la filosofía hay que vivirla, eso no es lo mismo que convertirla en mercancía barata.

Stendhal

«Este sentimiento es sincero, y por lo tanto respetable» (Del amor).

¿Se puede elevar esto a máxima de conducta, incluso a principio político?