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Acerca de marrodri57

Catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid "SO VIEL MISSTRAUEN, SO VIEL PHILOSOPHIE"

The Greeks

«The most fortunate and satisfactory configuration of the political and social situation can scarcely be found among the Greeks; this goal is borne in mind by our visionaries of the future. Terrible! For it must be judged according to the following criterion: the more spirit, the greater the suffering (as the Greeks show). Therefore, too: the more stupidity, the more well-being. The philistine of culture is the most satisfied creature ever seen under the sun, and must have a stupidity commensurate with it»

(Nietzsche, PF  II, 1ª, 3 [65])

 

 

Las estupideces de los grandes

Ni siquiera los más grandes están exentos de estupidez, debe ser porque tienen que descansar de vez en cuando de su agotadora grandeza.

Lo que dijo Freud del sobrehumano de Nietzsche identificándolo con el padre de la horda primordial es una soberana estupidez, sin ninguna duda, pero también explicable por el hecho de que Freud mismo vivía de remendar los estragos que causa el moralismo judeo-cristiano.

Lo que dijo Ortega de la cursilería de Nietzsche, «como buen fin de siglo que era», es algo absolutamente incomprensible. Contra Nietzsche se podrá decir de todo, y al cristiano se le cae la baba, y con razón, con esa posibilidad. Pero no, por supuesto, que era un cursi. Cursi era José Antonio Primo de Rivera, que además llevaba la muerte escrita en los ojos.

Naturalmente estas dos estupideces que menciono como ejemplos fueron proferidas ambas, como ha venido siendo usual, mientras se saqueaba el pensamiento nietzscheano de todo su contenido, para aprovecharse bien de él, tanto Freud como Ortega.

¡Nadie es más que nadie!

La mayoría hemos tenido la experiencia de notar sin lugar a duda la superioridad del otro en algún terreno o en alguna ocupación de las consideradas especialmente valiosas. A partir de ella, quiero suponer que por regla general, surge el sentimiento de la admiración e incluso la disposición a imitar noblemente el modelo del que se evidencia como superior a uno en tal o cual cosa excelente. Pero hay algunos majaderos pretenciosos que en lugar de admiración y respeto responden a su experiencia de la superioridad del otro con un odio, una envidia y un rencor que sin duda nos sorprenden porque pueden llegar al extremo de dar sentido a buena parte de su trabajo y de sus esfuerzos de ahora en adelante, verdadera misión de su vida. Me refiero al afán de rebajar el mérito ajeno y atribuirlo a no sé qué maquinaciones del establishment de los poderosos, al poder del dinero (¡dinero manda!) o incluso a la perversidad del destino que se aplica cruelmente contra el mediocre afectado de resentimiento. Lo más habitual en estos casos patológicos es emplearse a fondo contra la superioridad percibida del otro con el morbo de la moralina que se deleita en denunciar la bajeza inconfesable e imperdonable de todo lo que pretende pasar por excelente o simplemente superior a lo común.

Por otro lado, también tenemos los que nunca muestran rencor ni envidia, pero solo porque son estúpidos y nunca han advertido la superioridad de nadie.

Y además hay otra salida, muy frecuentada, a ese trauma de la percepción de la superioridad ajena, que es la de evitar el dolor del resentimiento diciéndose uno a sí mismo que tanto trabajo en ese tema a mí no me interesa, será una racionalización, en fin, que vaya al psicoanalista el otro superior a mí, tranquilo en su casa igual que yo.

Seriedad

Un viejo que busca la fuente de la juventud únicamente no hará el ridículo con ello si puede demostrarnos que ya la buscaba cuando tenía dieciséis años, y solo nos lo tomaremos de verdad en serio si puede convencernos de que esa búsqueda es lo que le ha tenido ocupado toda su vida

Formación en Valores

El progreso de la cultura occidental se ha hecho tan incontestable, tan indiscutible, que ahí están, sin salir de la cosa nostra, el Santander, Caixabank, el Bilbao Vizcaya, el Sabadell, el Ing, Mercadona, y toda esa cuadrilla de salteadores de caminos, solícitos más que nunca para formarnos en lo de ser buenos y honrados, con herramientas para pensar y empatizar, con mucho coaching, con premios para quien se comporte, para educarnos en valores, culturizarnos en habilidades digitales, y por si fuera poco traernos arte plástico y musical, haciendo un puro paraíso, en fin, de la vida humana. Que ya era hora.

Como si Al Capone oficiara el día de difuntos una misa directa al Señor de todos los corazones.

Baboso Rajoy Virtual

Cuando se tiene la cabeza ya completamente vacía, cuando no le han quedado ni siquiera las maldades ni tampoco las estupideces, al imbécil de solemnidad siempre le quedará el recurso de decirnos que lo que tenemos que hacer para resolver nuestros problemas es digitalizarlo todo.
Hasta a la madre que lo trajo o que lo dio, qué a gusto se quedó, regalo del mundo.

Romantic Love

«Huxley’s world controllers, by contrast, rely on less blatant means (bio-engineered predestination, psychological conditioning, soma) to prevent people from wanting to think for themselves. Herd mentality and promiscuity are promoted, while high art, individuality, knowledge of history, and romantic love are discouraged»

(Nick Bostrom, 2005)

Los fanáticos

A diferencia del fanático puigdemontiano, hay que pensar que la duda no es debilidad sino lúcida fortaleza

La cultura de los psicólogos, esos exquisitos

Revela el progreso del conocimiento tan esperanzador al que estamos asistiendo en nuestros días, pero no solo eso sino además el progreso de la sensibilidad humana y de la moral en general, como también la elevación inaudita de nuestra estatura política que atiende a la diversidad, en suma, revela todas estas cosas excelentes el hecho de que los que son además de tontos pedantes, bonita combinación hoy tan frecuente, llamen al sordo de toda la vida, en vez de sordo, hipoacúsico.

Lulú

«Andrés Hurtado trataba a pocas mujeres; si hubiese conocido más y podido comparar, hubiera llegado a sentir admiración por Lulú. En el fondo de su falta de ilusión y de moral, al menos de moral corriente, tenía esa muchacha una idea muy humana y muy noble de las cosas. A ella no le parecía mal el adulterio, ni los vicios, ni las mayores enormidades; lo que le molestaba era la doblez, la hipocresía, la mala fe. Sentía un gran deseo de lealtad. Decía que si un hombre la pretendía, y ella viera que la quería de verdad, se iría con él, fuera rico o pobre, soltero o casado. Tal afirmación parecía una monstruosidad, una indecencia a Niní y a doña Leonarda. Lulú no aceptaba derechos ni prácticas sociales. –Cada cual debe hacer lo que quiera— decía. El desenfado inicial de su vida le daba un valor para opinar muy grande”

(Pío Baroja, El árbol de la ciencia, 1911)