Catalá

Muchas verdades lo que tienen es que son de infarto, igual que mezclar antidepresivos con alcohol.

El malvado

Definitivamente, hay gente mala, están las malas personas, los que no son malos solo de vez en cuando, como jugando, aburridos de ser buenos. Están los malos malos. Se podía pensar que había idiotas y locos, pero no, también los hay malos. Que, por supuesto, también pueden ser idiotas y locos. Aunque son categorías diferentes.

Aunque la locura propiamente hablando es rara en los individuos. Pero frecuente en las sociedades y en las épocas, escribió Nietzsche. No hace falta dar ejemplos de la gente enloqueciendo, todos los conocemos.

(Aviso: para rentabilizarnos, wordpress pone aquí abajo de vez en cuando anuncios de maletas o incluso de bancos).

Certeza básica

Con el progreso tan costoso de la sociedad del conocimiento, recientemente se nos ha manifestado que ahora, al parecer, la certeza básica y fundamento absoluto de la verdad ya no sería el vetusto «yo pienso, yo soy», ni otra antigualla por el estilo, sino la evidencia incontestable, y por tanto universal para todo ente de razón, de que no fue sino la Virgen de la Almudena, por supuesto esa y no otra, la que un día del año nosécuántos habría salvado al pueblo madrileño de sucumbir en unas espantosas inundaciones.

Zoido

A ese nuevo ministro Zoido juraría que me lo encontré en la cuarta feria de la emprendeduría en charcutería y casquería, creo que cerca de Socuéllamos, pregonando su mercancía de gallinejas y criadillas surtidas.

Yo pasaba por allí causalmente.

Ser filósofo

Conviene al que desea oficiar de filósofo serio, no tanto una limpieza de cutis cuanto una de psique, su instrumento de trabajo, el filósofo artesano de sí mismo necesita hacer añicos todos sus espejos deformantes, practicar la autodisciplina, ser psicoanalista de sí mismo e incluso visitar buenos psiquiatras de cuando en cuando, si es posible amigos, con todo el inapreciable arsenal de sintéticos equilibrantes del estado de ánimo y destructores en la cuna de demencias incipientes (¡esa alianza culturalmente invencible de filosofía y medicina!).

Eso está claro, a la vista del delirio narcisista de la tecnotrascendencia, en el que están yendo a parar cada vez más iluminados, embeleco tardocapitalista a la altura de los de la Obra.

Freud

«Si quieres la vida prepara la muerte» (adaptando el dicho latino sobre la guerra).

(Si lo que quieres es vivir plenamente cada momento en su preciosa fugacidad, ten en cuenta siempre esa fugacidad de todos y de todo, empezando por la tuya)

Vigor

Virtuoso es el que tiene fuerza.

(Cicerón en Tusculanas: virtus viene de vis, potencia, energía, vigor).

Nos dice Montaigne

Contra Spinoza

Solo el que ha aprendido a morir ha aprendido a ser libre.
En cambio el vulgo, instalado en la estupidez animal, pretende superar el miedo a la muerte simplemente no pensando nunca en ella. (Por lo demás es algo imposible, una impostura ante sí mismo).
Por eso los egipcios hacían traer un esqueleto a sus fiestas y a sus banquetes.

Nos dice Montaigne.

Afán de distinción

Ayer lo contó la locutora de la CNN, la línea 1 del Metro de Santiago de Chile llevaba una hora cortada entre La Moneda y Universidad Católica, o entre ésta y Salvador, no lo recuerdo bien, porque un señor de sesenta años se había tirado al paso del tren. Venciendo el escrúpulo de penetrar con la fantasía en el alma de un individuo, no digamos en la de un suicida, recinto más que sagrado, me atrevo a apostar a que fue un caso de intolerancia a la insignificancia.
Aquí en Santiago, a casi todas las horas del día, te barren literalmente de la calzada cientos y miles de personas de toda condición, la mayoría juveniles y enérgicas, peatones y ciclistas. Son multitudes que se apresuran en todas las direcciones y que te hacen sentir la absoluta indistinción en que todos vivimos, te hacen notar que no eres nadie, que nadie es nadie.
Un suicidio por afán de distinción, tal es mi conjetura, porque si no el hombre se habría tirado al Mapocho. Y no se tiró al Mapocho sino a la vía del Metro de la línea 1.
Lo que no sabía el reciente sexagenario, ingresado en la edad en que la insignificancia se agrava porque se empieza a estar de más, sobre todo en Santiago, lo que el sesentón ignoraba es que la locutora de la CNN, tras participarnos el incidente por la única razón del trastorno colectivo que causó, pasó como si tal cosa a comentar las cosas de la actualidad futbolística santiaguina.