Los capataces

Las devastadoras políticas neoliberales no habrían podido imponerse con tanta facilidad si no hubiese sido por la solícita colaboración y la sistemática traición sibilina de ciertos rufianes procedentes de la izquierda, siempre en venta y muy astutos, que se han acabado especializando en ejercer de capataces.
Me vienen de pronto a la cabeza cinco o seis nombres, pero en todo caso hay muchos más, cuyo denominador común es el estar magníficamente instalados, en primer lugar, y en segundo haber llegado a esa edad de la vida en que uno se llega a imaginar, delirando, que la única codicia que vale la pena, porque es la única con posibilidades reales de satisfacerse aquí y ahora, es la codicia de dinero. Todas las demás les han quedado ya muy lejos, entre ellas la de hacer algo que valiera realmente la pena en su teatral y despreciable existencia.
Pero ya desde jóvenes había algo en ellos de mercachifles, de charlatanes de feria con corbata, de trileros del Rastro, de ahí su infalible instinto en la mediación y el apaño. Son los profesionales de la mentira, íntimamente emparentados con políticos corruptos y curas descreídos.

Culmen

Acaba de decir muy serio un tipo joven en la tele que, como el Leganés ya es de primera, el ya se puede morir tranquilo.

La Iglesia Católica

No me entra en la cabeza que siga existiendo una institución multinacional y milenaria que se te acerca para decirte que te quiere con el amor de una madre, porque sería tu madre.

(Toda liberación es por definición liberación de la madre).

 

Obispo Cañizares

Hace muy bien el obispo este en defender a la siempre en peligro «familia cristiana». Porque si no hubiese familias cristianas, los psicólogos, psiquiatras, etc. se irían todos al paro. (Tampoco interesaría el teatro del absurdo).

El origen de la religión, la filosofía, la ciencia

ODA XXXV
A LA FORTUNA

Diosa, que en Ancio deleitoso imperas,
Pronta a inefable altura
Ora a elevar la humilde criatura,
Y las pompas triunfales
Ora a trocar en tristes funerales:
El pobre labrador tu nombre invoca,
Fortuna, humildemente;
Del mar te invoca reina omnipotente
El marino que abruma
En tracia nao la Carpacia espuma.
Y acátante ciudades y naciones,
El latino arrogante,
El dacio agreste y el escita errante,
Y los tiranos fieros,
Y las madres de los reyes extranjeros.
No hundas con mengua la columna enhiesta,
No permitas, o diosa,
Que al ciudadano plebe numerosa
Pacífico amotine,
Y con sus armas el imperio arruine.
Va delante de ti la inexorable
Necesidad, que muestra
Clavos enormes en su férrea diestra,
Garfio retorcido
Y gruesas cuñas y plomo derretido.
Te adora la Esperanza, la Fe rara
De alto velo ceñida,
Y tras ti marchan, cuando tú ofendida
Desnudando brocados
Sales de los alcázares dorados.
El falso amigo entonces se retira,
Y la ramera inmunda,
Que huyen de uncirse a mísera coyunda,
Y solo fueron fieles
Hasta apurar la hez de los toneles.
A César que a Britania, fin del mundo,
A volar se prepara,
Conserva, o diosa, y el enjambre ampara
De juventud valiente,
Temible a las regiones del Oriente.
Cicatrices y crímenes nos cubren,
¡Ay!, de rubor y afrenta,
Y hermanos expirando en lid cruenta.
Linaje endurecido,
¿Qué delitos no habremos cometido?
¿Qué altar la juventud, qué lugar santo
Respetó despiadada?
Ojalá en nuevo yunque arma forjada
Sirva solo al castigo
Del masageta y árabe enemigo.

(Horacio)

El alma

El descubrimiento de que el alma no existe producirá un ahorro global de muchísimos millones, pero consiguientemente también un aumento del paro, con el desmantelamiento de la industria religiosa.

Tordesillas

Está claro que no tenemos todos los mismos derechos. Los tontos de remate deberían tener menos, eso lo exige el bien común.

Por ejemplo, no deberían tener el derecho a ser elegidos alcaldes.

(Ni alcaldes ni nada)

La risa de Foucault

Como prolongación potenciada de la de Nietzsche, la risa de Foucault se rió de todo lo ridículo (o de casi todo, porque para reírse de todo lo ridículo no hay tiempo en una vida humana).

Por ejemplo, al referirse a la herida narcisista infligida por Pasteur a todos los médicos de la historia, herida de la que aún hoy no se habrían recuperado del todo. Porque Pasteur reveló que antes de él todos los médicos habían sido los agentes principales de la enfermedad, sus productores propiamente dichos, al contagiarla y extenderla inexorablemente con sus reconocimientos de los pacientes en sus consultas y en los hospitales atestados.

Insectos

Si fuera cierto que los insectos pueden tener conciencia, posibilidad que casi defiende Peter Singer hoy en El Diario, entonces no me extrañaría nada que Mariano Rajoy también la tuviera, no obstante las numerosas evidencias en contra.