Freud

«Si quieres la vida prepara la muerte» (adaptando el dicho latino sobre la guerra).

(Si lo que quieres es vivir plenamente cada momento en su preciosa fugacidad, ten en cuenta siempre esa fugacidad de todos y de todo, empezando por la tuya)

Vigor

Virtuoso es el que tiene fuerza.

(Cicerón en Tusculanas: virtus viene de vis, potencia, energía, vigor).

Nos dice Montaigne

Contra Spinoza

Solo el que ha aprendido a morir ha aprendido a ser libre.
En cambio el vulgo, instalado en la estupidez animal, pretende superar el miedo a la muerte simplemente no pensando nunca en ella. (Por lo demás es algo imposible, una impostura ante sí mismo).
Por eso los egipcios hacían traer un esqueleto a sus fiestas y a sus banquetes.

Nos dice Montaigne.

Afán de distinción

Ayer lo contó la locutora de la CNN, la línea 1 del Metro de Santiago de Chile llevaba una hora cortada entre La Moneda y Universidad Católica, o entre ésta y Salvador, no lo recuerdo bien, porque un señor de sesenta años se había tirado al paso del tren. Venciendo el escrúpulo de penetrar con la fantasía en el alma de un individuo, no digamos en la de un suicida, recinto más que sagrado, me atrevo a apostar a que fue un caso de intolerancia a la insignificancia.
Aquí en Santiago, a casi todas las horas del día, te barren literalmente de la calzada cientos y miles de personas de toda condición, la mayoría juveniles y enérgicas, peatones y ciclistas. Son multitudes que se apresuran en todas las direcciones y que te hacen sentir la absoluta indistinción en que todos vivimos, te hacen notar que no eres nadie, que nadie es nadie.
Un suicidio por afán de distinción, tal es mi conjetura, porque si no el hombre se habría tirado al Mapocho. Y no se tiró al Mapocho sino a la vía del Metro de la línea 1.
Lo que no sabía el reciente sexagenario, ingresado en la edad en que la insignificancia se agrava porque se empieza a estar de más, sobre todo en Santiago, lo que el sesentón ignoraba es que la locutora de la CNN, tras participarnos el incidente por la única razón del trastorno colectivo que causó, pasó como si tal cosa a comentar las cosas de la actualidad futbolística santiaguina.

Claridad

Con motivo de tratar el asunto de la confusión a la hora de elegir a qué vamos a dedicar la vida, por ejemplo en lo relativo a nuestra profesión o a la «vocación», le explicaba Wittgenstein a su amigo Drury que la falta de claridad en los conceptos puede acarrearnos muchas veces consecuencias verdaderamente catastróficas para nosotros como individuos o incluso como sociedad cuando tomamos decisiones.

Impostores

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Aunque parezca algo así como la lógica de las cosas, simplemente el paso del tiempo nos acaba poniendo a todos en nuestro lugar. O sea, en ningún lugar en absoluto, pero ni mucho menos el lugar que nos habíamos querido figurar como real cuando el delirio del que habíamos partido todos en el comienzo.
Por eso no tiene vuelta de hoja: a medida que nos aproximamos a la conclusión de la vida van cediendo las imposturas hasta esfumarse en la plaza pública.
Aunque muchos, erigiéndose en sucesores o discípulos de los viejos impostores, se dediquen a prolongar en el tiempo la impostura de aquéllos como impostura propia, fingiendo además que el tiempo no se ocupó de destrozarla en su momento.
Pero toda prolongación mimética de la impostura termina doblemente cortada en seco, o al contrario, de modo paulatino. Porque el tiempo siempre sigue pasando, nunca hay «siempre» que valga.
Los más lúcidos son los que más sufren porque saben de la impostura que los constituye, y van notando cómo se va astillando a los ojos de todos. O si no porque son honestos e intentan no caer en ninguna, lo cual es realmente doloroso, tal vez sobrehumano.
Parece que solo se puede vivir pasablemente administrándose periódicamente pequeñas dosis de autoengaño. Pero hay que andarse con ojo, porque el autoengaño a dosis masivas produce un asco invencible, asco de sí mismo o de los demás.

Los animales

No me atrevo a sentar cátedra sobre la abstrusa cuestión metafísica de los derechos de los animales, sobre todo porque hay muchos negocios muy boyantes que se irían al carajo si esa cuestión se resolviera en sentido positivo, y las mafias siempre infunden respeto.
En cualquier caso, me parece que mi perra Pepa es más noble que Esperanza Aguirre, pero con seguridad es mucho menos peligrosa.

Malentender

Para comprenderlos, ajustamos los sucesos a nuestras categorías individuales-sociales, lo que quiere decir que los vemos y los vivimos con la estructura que les sobreimponen nuestros intereses individuales-sociales. Es lo natural, sin duda, aunque de vez en cuando lleguemos a sospechar que habría una perspectiva compensadora o más justa que consigue mediar entre los intereses conflictivos de las personas y los grupos a los que pertenecen.
Otra cosa es la exageración paranoica de este proceso cognitivo que podemos considerar natural. Me refiero a cuando nos posee una idea fija, una obsesión, que nos fuerza como un mecanismo ciego a apartar la mirada de todos los aspectos de lo real que no se compadecen o abiertamente contradicen el contenido de nuestra obsesión identitaria, y a concentrar la atención exclusiva y patológicamente en aquellas zonas de la batalla social que dan la impresión de reforzarla. De este modo se llega pronto al delirio, a lo peor a la machacona insistencia en una ridícula misión justiciera o salvadora. Algo así como un quijotismo absurdo que nos hace vivir de forma intensa y única entre damiselas violadas, niños acosados por pederastas, trabajadores salvajemente explotados, policías asesinos, terroristas dementes, saqueadores de lo público, traficantes de armas y de personas. Es evidente que todas estas cosas existen y hay que luchar contra ellas con toda la fuerza que tengamos.
Pero en lo real hay muchos más aspectos completamente diferentes, tenemos la belleza, tenemos la juventud y la inteligencia, tenemos a la gente más excelente, pero la enfermedad de la atención a la que me refiero nos puede llevar a ignorar esto día tras día, con el consiguiente profundo fastidio de vivir que sin duda llena de odio y afán de venganza. Nos puede llevar al fanatismo puro y duro, un fanatismo que nos hace «comprender» un poema de Valente, por ejemplo, en los términos de un ajuste de cuentas justiciero.
Claro que de esta paranoia del redentor, tan común hoy, muchas personas pueden extraer nada menos que la justificación de su existencia y el consiguiente apaciguamiento de su envidia. Pero esa pretendida superación del nihilismo que conseguirían con ello se pagará inevitablemente con la absoluta incapacidad de entender lo que ocurre. Viendo por ejemplo en Freud, en Almodóvar…, simplemente, el reforzamiento intolerable de la opresión patriarcal, y esto no me lo invento. Viendo en Freud y en Almodóvar solo esto, y nada más, absolutamente nada más. Es lo que decía Nietzsche de los lisiados al revés, gente que son solo un ojo, un oído, un estómago, y nada más. En nuestro caso, los paranoicos de la redención serían solo la mirada acusadora del que disfruta de su amargura.

Como no puede ser de otra manera, el que se halla parasitado por una idea fija estructura los sucesos de manera máximamente coherente, o al menos eso podría parecer al que le escucha perorar o lee sus majaderías. Pero toda coherencia subida de tono es por definición delirante, porque lo real no es en absoluto coherente, y por mucho que intentemos darle coherencia y racionalidad, tarea sin duda imprescindible, tarde o temprano sucede siempre que la red de la coherencia en la que lo hemos envuelto se rompe por varias partes. Por eso mismo el paranoico no puede comprender de verdad nada de nada, ciego como vive a todos los dobles sentidos, las ironías, las bromas y las risas, sobre todo al imponente silencio de lo real. Por cierto que interpreta toda risa como culpable y merecedora de castigo.

Kantianos de hoy

Muchos van contra la censura porque ya de antemano exigen que cada cual se autocensure. Son kantianos de hoy.

Hacerse el harakiri

La mayoría de los que se hacen el harakiri solo aparentan hacerse el harakiri: lo hacen por responsabilidad social, dicen o dan a entender que se sacrifican por el beneficio de todos. Lo que significa que esperan algo muy gordo a cambio que de momento los demás no alcanzamos a ver. Paciencia, con el tiempo ya lo veremos.