Defensa de la policía

Son los descontentos de siempre los que pretenden ahora retrotraernos a tiempos felizmente periclitados, cuando la gente daba por supuesto, como algo de sabiduría popular, que la línea que separa al policía del delicuente es delgada y de trazo desvaído. ¡Eso ya pasó! No es de recibo intentar resucitar los aires de la dictadura esparciendo por ahí la especie de que se habría puesto de moda una nueva maldición gitana: «¡¡Anda y que te cojan sesenta mossos en un descampao, resalao!!», queriendo implicar además, con la peor de las intenciones, que con solo dos no hay peligro físico.

Bien es cierto que a la policía en España se le supone por ley la veracidad de todos sus testimonios y declaraciones, bien es cierto que en España es delito grave filmarla cuando trabaja repartiendo. ¡¡Pero ni hay ni puede haber en nuestro país ni asomo de brutalidad policial!! Y eso es algo absolutamente seguro, de lo que solo los malnacidos dudarían: todos sabemos que todos y cada uno de nuestros policías son unos chicos excelentes.

Otra defensa de Jorge Fernández Díaz

Es el aburrimiento del verano lo que habría llevado a los descontentos de siempre a preocuparse por la reunión de nuestro Ministro del Interior con Rato.
¿Que qué estarían haciendo? Muy sencillo, fundar Opusbankia, nueva entidad financiera al servicio de los ahorros de familias y jubilados de España.

Nietzsche

Genealógicamente, en el origen, es decir, siempre (lo mismo), «bueno»  quiere decir «valiente», el que vale. El que no es valiente no vale.

Todos los grandes saqueadores, asesinos, genocidas, torturadores, explotadores, violadores, abusadores de niños…todos ellos han coincidido en una sola cosa, todos ellos eran unos cobardes.

El malo es el cobarde, el mal es la cobardía, no hay más vueltas que darle. Todo el que tiene miedo es peligroso. Somos malos solo en la medida en que tenemos miedo («todo error es debilidad»).

Meditación del condón

Para empezar hay que montar el escenario para la meditación del modo más realista posible: confieso, y esto es una verdadera confesión, que en el verano frecuento un Burger King de la Costa del Sol porque para mí la combinación de aros de cebolla y cerveza se situaría a las alturas prístinas del más reconfortante lacón con grelos (supongo que tiene que haber de todo en la viña del Señor). Pues allí sentado estaba yo la última vez, dando cuenta del suculento manjar, cuando se instalaron en la mesa de enfrente una pareja del tipo matrimonio hetero, algo sin nada de particular a no ser por lo siguiente: iban acompañados de cinco hijos cinco, y para más inri de criada filipina de uniforme; todos ellos menos la filipina, bajita y morena, como es de rigor, muy guapos, muy altos, muy altos, muy rubios, y con una extraña sonrisa de felicidad que daba toda la impresión de no encajar del todo en este mundo nuestro tan traidor, ni siquiera siendo verano y vacaciones.

La pareja, ella y él, de mucho sport, extraordinariamente saludables, sin un gramo de grasa sobrante, bebiendo cocacola en lugar de cerveza y dando cuenta de sendas ensaladas en vez de carne. Ella risueña, muy risueña, como una mujer de cuento de hadas, hadas sin ninguna mala leche. Él un poco más amenazando de torvo. Porque claro, estarían los sinsabores del mundo laboral. El reparto de las tareas estaba claro para todos los que asistíamos al espectáculo de la explosiva felicidad conyugal: pariendo sin cesar ella, porque ninguno de los dos sobrepasaba los treinta y pocos, auxiliada sin duda por la chica filipina; trabajando como un esclavo él para garantizar el sin duda elevado nivel adquisitivo del núcleo familiar. Y entre todos se repartían los espléndidos resultados. Los niños y las niñas todos muy alegres, radiantes, encendida la mirada. Una preciosidad de niña tarareando que quería bailar toda la noche (con la venia del Papa tendrá que ser, mona, me decía yo entre dientes, y a lo mejor también un par de guardaspaldas con escapularios disuasivos).

Estaba claro que hacían la ruta automovilística Navarra-Marbella, y se paraban por los pueblos del recorrido para aprender observando el mundo exterior atiborrado de víctimas de la globalización que mastican comida basura con mirada triste y camisetas iguales para todos, con el número trece. Los de la familia encantadora vestían en cambio con mucho esmero, pero disimulado, cada cual algo diferente, bien personalizado.
Fue entonces cuando se me pasó la imagen del condón por la cabeza. ¿Tendrán éstos razón con su lucha contra el condón? Fantaseé que con condón en la noche de autos aquella preciosa niña empeñada en bailar toda la noche no estaría sentada en la silla delante de mí. Y que, llevando las cosas al límite, ninguno de aquellos niños tan guapos y alegres ocuparía un espacio en el mundo. ¿No sería esto realmente trágico, no nos llevaría a la desesperación a nosotros, los que con tanto optimismo los contemplábamos a ellos, que eran capaces de contagiarnos su alegría? A ver si va a ser que hay que acabar con el condón, a ver si van a estar estos en lo cierto, no obstante la crueldad de las venéreas.

Pero pensé a continuación que, tratándose de la trama o secta esa tan notoria y a la vez tan oscura, no sería en absoluto de extrañar que alguna de estas niñas o alguno de estos niños que ahora podíamos observar en el Burger King con el tiempo llegasen a banqueros, ministros o incluso presidentes del gobierno o embajadores en la OCDE. Alguno sin duda tramaría entonces la reforma laboral, la ley mordaza, la privatización de la universidad pública…Y entonces, ¿el condón? ¿No sería el condón una bendición? El pensar se enciende alimentado por las contradicciones, como todo el mundo sabe.

Porque el mismo Hitler bien pudo haber sido guapo y rubito y alegre de niño (Franco con seguridad no). Y sin exagerar tanto como para recurrir a lo absolutamente siniestro, mucho se podría discutir sobre el tema de si a la Humanidad en su conjunto le hubiera salido a cuenta la inexistencia del Ministro Wert. Es un asunto muy poco claro, muy incierto, porque hay que contar con el Azar, el más rebelde de todos los dioses, que no se pliega ni a la religión ni a la ciencia de los hombres. Lo que daría vértigo del condón es pensar que no tiene nada de violento; que su efecto es devastador pero que prácticamente no hay que hacer nada, ni mucho menos nada ilegal, para conseguir su efecto, la nada. La nada de la persona, de X o de Y. ¡Y vaya usted a saber lo que hubiese conllevado esta nada en cada caso para el colectivo correspondiente! Tal vez la felicidad de muchos, o el dejar de sufrir tanto. Incluso puede uno pensar en su propio padre con el condón puesto el día o la noche de autos, el condón librándole a uno de este mundo cruel, de toda esta gente, de ministros, de banqueros, de presidentes del gobierno, de los de la secta, para no decir nada de los Franco o Hitler. Pero se trataría en cualquier caso de un suicidio irreal por imposible, porque es un acto que no se puede situar en el tiempo (uno no le puede convencer a su padre de que se ponga el condón el día en que lo concibió, lógicamente). Irreal pero imaginariamente tan efectivo.

En definitiva, nos pone el condón en contacto con las madres del ser, el sexo y el tiempo, y ante ese núcleo rocoso el pensar parece que ha de batirse en retirada, por lo menos con el calor que hace.

Defensa de Jorge Fernández Díaz

Soy consciente de que los descontentos de siempre le critican mucho y de muy malos modos a este gran señor, en todo lo que hace y lo que dice, además sin la mínima educación a todos exigible. Pero yo sí que puedo hablar en su favor porque conozco bien ese tipo de rostro, ese ceño fruncido, ese nunca mirar a los ojos, ese estar ausente como pensando en algo mucho más importante que la materia vil de este bajo mundo en el que estamos tan fastidiados. Aparte de que soy amigo de todo el mundo, no en vano puedo presumir de buena educación (pasé 11 años de Franquismo con los curas, total nada).

Jorge Fernández Díaz vive hace mucho tiempo su interior tragedia cristiana de asceta atormentado, la más bella de las tragedias, puesto que pretendería la santidad en este mundo tan traidor, sacrificándose con su trabajo diario en beneficio de todos nosotros sus semejantes (es supernumerario o plenipotenciario del Opus Dei en la Tierra). Y ese camino, el de la santidad, esa senda que ha de recorrer el voluntario y autoimpuesto abstenerse del rijo o “afecto viril”, así lo llamaba Nietzsche queriendo desconocer en esto a las mujeres (el rijo, sexo y agresión, como quien dice el Mundo y la Carne), es una senda durísima, y no digamos ya si uno es Ministro del Interior del Gobierno de España con los tiempos que corren.

Por eso lo que pedimos ante todo es respeto, muchísimo respeto para nuestro Ministro. El otro día le pusieron 600 euros de multa a un gañán por faltar al respeto a las instituciones del Estado (parece ser que les dijo “escaqueados” a dos policías, a saber lo que con esta palabra inmunda pretendió insinuar). El respeto es esencial entre gentes que han decidido vivir juntas en un Estado de Derecho. Yo aprendí mucho respeto durante del poco Franquismo que viví (me refiero al Franquismo literal y no al de ahora). Y por eso cuando me encuentro con algún policía todavía inclino la testuz en señal de reverencia, lo debo llevar en la sangre, no vaya a ser el demonio de quedarme sin 600 euros.

Jorge Fernández Díaz se encomienda ahora a Santa Teresa de Jesús como intercesora de España. Con lo que se podría pensar, dando la razón a los pijoprogres, como los llama la voz de su amo, que el Ministro busca hacer cómplice a la pobre Teresa de Ávila de la Ley Mordaza. Ya los franquistas literales nos hablaban del brazo incorrupto aquel cuando silenciaban lo de las cunetas. Yo me imagino que los del Opus están convencidos de que lo que hacen ellos mismos, sobre todo cuando lo hacen en plan grande, plenipotenciario, en realidad lo haría Dios, es la obra de Dios. Con lo que lógicamente no tendrían que dar cuentas a nadie humano (recuerdo lo de “caudillo de España…” de las pesetas). Así que con la Ley Mordaza es la voluntad de Santa Teresita del Niñito Jesusito la que respaldaría el reparto de hostias a diestro y siniestro (nunca mejor dicho entonces lo de las hostias, aunque suelen ser hostias a siniestro más que a diestro). Pero esto es pensar mal, o sea, faltando al respeto, y se me puede caer el pelo. Faltar al respeto significa para esta gente decir lo que uno piensa. Y no quiero engañar a nadie, lo que he dicho lo he dicho a título meramente especulativo, esto es, con el fin de refutarlo enseguida, como hacían los medievales cuando empezaban el ejercicio con lo del “dice el insensato que Dios no existe”. En realidad, Santa Teresa de Jesús lo que le pide al Padre Celestial es que no tenga en cuenta la corrupción, la explotación laboral, el saqueo de los usureros de toda laya, la mentira, el robo, la expulsión de los jóvenes, la pobreza, la desigualdad, la brutalidad. O sea, intercede por España. A ver si se la escucha, como quiere Jorge Fernández Díaz. Que Dios no lo tenga en cuenta pero nosotros sí.

El Juicio Final

Y el día del Juicio Final, por supuesto, los del Opus presidiendo, como siempre, con toda su bonhomía (firmeza y suavidad).

La derecha

Es para felicitarnos por la modélica transición española, la derecha ha pasado del Alzamiento Nacional al mero alzamiento de bienes (aunque igual era lo mismo).

La educación es lo más importante

Estuve observando los juegos de unos niños escoceses. En sus ojos, claros, transparentes, latía un inconmensurable amor a la vida. Pude entender aquello de Jesús, «dejad que los niños se acerquen a mí». Son nuestra única esperanza. Hay que evitar por todos los medios que la educación demócrata cristiana nos los acabe convirtiendo en inversores de fondos buitre. (Por ejemplo, destruir la herencia del ministro Wert).

Heil!

Si la reina de Inglaterra saludaba a lo nazi cuando era niña ¡¡imaginaos Esperanza Aguirre!!

Partenón Alexanderplatz

PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS
¿Qué es lo que en realidad pretende conseguir el usurero cuando presta tanto dinero a su víctima, sabiendo como sabe perfectamente que esta jamás podrá devolverlo? (¿Qué es lo que pretende conseguir el usurero como tal usurero, ya que imagino que esa sería la esencia de la usura, prestar lo que se sabe que no te van a poder devolver). Como la teología representa el secreto de la antropología, una pista muy importante la tenemos en la religión cristiana, y en general en las religiones del Señor: ¡perdónanos nuestras deudas!; pero las deudas del pecador serían absolutamente impagables por definición, porque el pecador lo debe todo, debería nada menos que su vida con los intereses correspondientes, los del agua que bebe, del aire que respira, y entonces por supuesto que sólo la gracia salva y nunca nuestro esfuerzo por sí solo nos podrá sacar de la muerte por mucho que esté muy bien esforzarse (el triunfo de esta idea es el nacimiento mismo de la época propiamente cristiano). Porque nada es gratis, como nos aseguran los economistas neoliberales.

Pero además hay que atender al hecho de que la salvación (el perdón de la deuda impagable) solo se obtiene a cambio de una radical conversión por virtud de la cual pasamos a hacer en todo la voluntad del acreedor (al que los acreedores llaman “Dios”), y ya nunca más la nuestra personal. Es decir, la deuda se perdona con la absoluta esclavitud del deudor, su total sometimiento o sumisión. El espectáculo de la agonía por hambre del que nunca podrá acabar de pagar lo que debe satisface y reconforta máximamente a los acreedores, que además ven esa agonía como el hacerse de la justicia, como el auténtico pago. Al deudor a partir de ahora se le podrá cortar la carne cerca del corazón y chupar la sangre por la vena aorta, en las cantidades que el acreedor crea oportunas para que se cumpla la Ley. Pero todo ello, cómo no, por solidaridad, por amor, por caridad. Se trata de salvar al que se ha perdido por su mala cabeza y su corazón tan negro.

Por lo demás, el tipo de democracia que se apellida a sí misma “cristiana”, lógicamente aspiraría de paso a divinizarnos a nosotros los ciudadanos. Es decir, a que todos nos convirtamos en socios capitalistas y tarde o temprano en usureros (con ese espejismo del reparto de beneficios funciona tan estupendamente, por eso les votan). Y es que entonces se trataría en realidad del dinero de todos, o sea, del mío, y claro, es la esencia misma de la moral la que exige que “el que debe tiene que pagar”, (¡“oiga, oyes”!, remacha todo luz el baboso que registraba la propiedad e incrementa ahora la de su banda). De modo que los usureros se van a mover, con la democracia cristiana, en un paraíso de absoluta buena conciencia, en ello se dan mucha maña desde tiempo inmemorial. Ellos que, igual que su Dios, son tan buenos tan buenos que están dispuestos a salvar a los pecadores que han tenido la soberbia de desafiar a la Ley del Padre (la del dinero). O bien, visto de otro modo, ellos que ahora tendrían tanto tanto poder que pueden hasta tener esclavos nada menos que griegos, y llevarse el Partenón a la Alexanderplatz.