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RENFERÍAS UNO

Tras esperar largo tiempo, como casi siempre, una vocecilla imperceptible ordena a lo lejos: «los de Toledo, en dos filas!». Da gloria sentir la estrecha colaboración RENFE -FUERZAS ARMADAS.

Es el último tren del día que une Madrid con Toledo, sale a las nueve menos cuarto y todos comprendemos que ya es una hora extremadamente avanzada para andar por ahí. No lo anuncian en las pantallas, no avisan en megafonía. Solo una vocecilla, si no la oyes ahí te quedas tirado. Tampoco aparece nada en la puerta de embarque: todo en negro. Agradezco a la divina providencia que me ponga en posición de gestionar a la RENFE. Es ella la que dispone que los ciudadanos toledanos se recojan pronto, a no ser que dispongan de vehículo automóvil. Los designios de RENFE son inescrutables, ella nos lo da y ella nos lo quita!! Alabado sea su santo nombre!!

RAMÓN GARCÍA

Da toda la impresión de que para trabajar dando la cara en TVE, me refiero al primer canal, la condición necesaria no es otra que ser capaz de enormes exhibiciones de gilipollez, rebañismo, y la corrección política más niveladora, más castradora. Muy probablemente siempre haya sido así, pero hay muchos indicios de que ahora es más así que nunca. No se sabe bien si el gilipollas nato y neto está destinado a ser aquí el rey absoluto, aunque lo más seguro es que no. Porque el que no lo es pero sabe hacérselo, hacerse el gilipollas integral, ese no es tonto sino listo, y por lo tanto va a mandar sobre todos los tontos del culo de ese cotarro. García un mandao.

SER HAPPY

Una profesora en un debate defendía una propuesta razonable y ética pero que chocaba con una norma absurda. Cuando la discusión pasó al terreno personal, y es que ella llevaba luchando mucho tiempo por restablecer la sensatez y evitar un daño general que le afectaba bastante, inmediatamente la frenó en seco y se retiró de la lucha dialéctica, diciendo «soy una Happy». Es decir, ya no estoy dispuesta a sufrir, ya he sufrido demasiado, haced lo que queráis que yo me vuelvo a lo mío. Aunque para Schopenhauer los que van a lo suyo son los idiotas, es la definición misma de «idiota», claro, yo encuentro en la retirada de la profesora, que era una Happy, una potente semilla de sabiduría.

La última palabra en esto la profirió Jung, y nos la confirmaría hoy una psiquiatra lacaniana ya de mi edad o más a la que tuve la suerte de conocer en una conferencia. El ser humano está psicológicamente preparado para soportar el sufrimiento que implica saber lo que ocurre como máximo a setenta kilómetros a la redonda de donde vive. No más de setenta kilómetros, y por eso se puede pensar que vivimos la época más terrible de la humanidad. De modo que o nos embrutecemos del todo o si no conservamos nuestra sensibilidad gracias a la dura disciplina estoica de pasar de todo lo que no esté en nuestra mano cambiar.

No como mi llorado amigo Ben Cho Sey, de amargo recuerdo. Sus últimos años fueron de verdadera agonía, con la obsesión que le produjo querer estar al tanto de las noticias del mundo. Todo el día se lo pasaba rabioso y ya no era capaz de conciliar el sueño. Al final le llegó, inexorable, la degradación moral. Acabó viviendo en las redes sociales ejerciendo de insultador, esa fue al final su única respuesta al desbarajuste del mundo. Llegó a extremos abyectos, como cuando escribió «Santi Abascal, primate total». Ben Cho Sey, qué disparate!!, y qué te hizo a ti el pobre Santi? Por qué tuviste que cometer semejantes injusticias?, y es que hubo otras que me callo por decencia. Tuvo que acabar mi amigo como acabó, flotando su cadáver en el Manzanares, dieron la voz de alarma unos niños de la parroquia del barrio que jugaban al pañuelo. Recuerdo la nota de prensa de la policía ayusista, nota paradójica pues su investigación fue prolija sobremanera. Nota lacónica donde las haya. Se limitaron al comunicado siguiente, que jamás olvidaré: «Se conoce que resbaló».

NOVIEMBRE NACIONAL

Pues había yo prácticamente nacido recién, cuando al salir del ambiente de mi familia escueta, porque de eso no queda otra que salir, me empezaron a dar la barrila, pero a modo, con lo del Jesucristo ese y un tal José Antonio. Y como yo tenía el punto de referencia de mis padres y mis hermanos etc., claro, esos dos me parecían de verdad bizarros, raros a rabiar, o sea, y qué tenía yo que ver con ellos?

Pero en fin, había que tirar p’alante, los adultos sabrán, me dije. Luego, más tarde, mucho más tarde, comencé a leer a Nietzsche, y eso fue para mí como una purga y una ducha de agua helada a presión. Me quitó el envoltorio de pura insensatez que me asfixiaba, o tal cosa me figuré.

Y me socialicé también por vía intelectual, casualmente Agustín García Calvo y Fernando Savater andaban por allí, sobre todo el primero, que era fijo, y desde luego era punto y aparte. Y logramos salir mínimamente orientados no pocos jóvenes de entonces del lío político aquel, en verdad descomunal, gracias sobre todo a ellos y a gente como ellos. Porque los de la LCR y los de la ORT me iban a parecer competidores de los del régimen pero en su misma línea de insensatez, tan irritante por injusta y atrabiliaria. Recuerdo cómo describió Fernando su impresión de la muerte de Franco, muerte del padre ausente pero omnipresente, y él en París de muy progre aunque en absoluto según el uso de la mayoría de los progres, sino progre pilarista, haciéndole la ola a la amargura de Cioran, una ola tan rentable.

Más tarde, la frase aquella de puro gracejo savateriano o savatérico, la de que «contra Franco vivíamos mejor», qué risa no? Y mucho más tarde aun, cuando otra frase famosa y angustiada, del tamaño hdp!, del carnicerito de Málaga («españoles, Franco ha muerto!!») se ha dado la vuelta y convertido en su contraria, y una mierda ha muerto Franco!, uno se percata de que tanto ese Savater como el Trapiello de marras, etc., y un largo etc., en el fondo lo que nos están diciendo es que con Franco vivían ellos mejor, mucho mejor, dónde va a parar.

El disidente depende esencialmente de aquello de lo que se distancia, de aquello con lo que solo en apariencia rompe. Es lo de Heidegger sobre la Metafísica, si inviertes la Metafísica eres el metafísico más puro y más duro. Darle la vuelta a Franco con Nietzsche y Cioran, solo ese gesto, solo es un gesto, equivale a la larga a ser franquista, pero franquista a tope, ayusista pero de los serios, franquista con fundamento.

QUE LA MEDIACIÓN NOS SALVE

El miedo al azar es nuestra constante. Y en Hegel y su extremada desmentida llegará a coagularse en la superstición más intereresante, duramente paranoica. Así que lo que resulta interesante, de verdad, es el individuo Hegel, y en lo más individual y representativo de ese individuo: su síntoma. Ahora bien, eso por supuesto que aniquila de un solo golpe todo su pensamiento.

VOLAR COMO UN CURA

Es lo que tiene volar de Madrid a Roma, que se llena la cabina de solemnidad eclasiástica, sobre todo en un vuelo nocturno, porque estos por el día están muy ocupados. El gran impacto fue encontrarme en el embarque, de frente, con el Padre Ángel, eso iba a determinar todo el vuelo para mí. Su mero aspecto físico, caminando pausado, con una gracia evidente y a la vez inaprensible, mirando de frente y con su sonrisa increíble dirigida al mundo y no a nadie en concreto, además flanqueado, como si le fuera a hacer falta porque hay mucho majara, por dos Hemanos con pinta inquietante, casi chungos, mucho más grandes que él (por qué no iban a poder los clérigos notorios llevar guardaspaldas cuando cualquier político mindundi los lleva), su aspecto físico, su porte de cuerpo pequeño pero extremadamente vivo al menos en potencia, infundían un respeto tan incontestable a un ateo sarcástico como yo, que me quedé reducido al silencio impuesto por su casi sobrenatural presencia. El cuerpo, sin duda, no miente, por mucho que lo maquillen y lo sometan a cirugías. El cuerpo, el ademán, la mirada, todo eso es incontestablemente evidente, es la puesta en evidencia de la persona y su categoría. Con el Padre Ángel entraba lo sagrado en el avión de Ita Airways. Reconocí lo sagrado porque inmediatamente me vino a la cabeza la sinagoga de Praga completamente vacía y con los nombres de los asesinados por los nazis en las paredes, muchísimos nombres: en la sinagoga de Praga, rodeada por el cementerio judío, no me cabe duda de que mora lo sagrado. Al encontrarme con el Padre Ángel noté algo similar, y entonces me sumí en el silencio del verdadero respeto.

Al otro lado del pasillo, yo en el extremo de la banda izquierda, tres curas ensotanados de luto muy pulcramente, se hallaban absortos con la atención enfocada en sus móviles, como hipnotizados los tres por un partido de fútbol a todo color. En el avión anunciaron que aguardábamos a la autorización para despegar que por lo menos tardaría una hora o una hora y media: es que el espacio aéreo español está cerrado en el sur por la gran cantidad de vuelos. Ya se sabe que los jubilatas no paran, todo el día en aviones de la Ceca para la Meca, y les gusta la playa, el calor y el alcohol barato. Los curas seguían en el fútbol. Pasó el tiempo, terminó el partido, se soltaron esos cuellos raros que llevan, como si se aflojaran el nudo de la corbata. De repente unas carcajadas que se iban haciendo atronadoras, y yo empecé a mirarles de soslayo. Los tres eran no gordos pero sí rollizos, de aspecto muy saludable, poco gastado por el trabajo duro. Me vino a la cabeza la palabra «rozagante», eran los tres rozagantes, daban la impresión de no tener ningún problema serio. Recordé aquello que le oí decir a Esperanza Aguirre de repente en una televisión cuando estaban tratando el tema de parques y jardines de Madrid: «¡Y es que como la alegría de Cristo no hay ninguna!» Mucha alegría entre ellos, sin la menor duda, el reposo en esa paz, en esa calma y seguridad incomparables de que disfrutan los católicos, uno no sabe muy bien por qué.

El más listo de ellos, que hablaba muy bien y con una bonita voz profunda, les estaba contando a los otros anécdotas de un antiguo compañero de Seminario que se empeñaba en contar al personal eclesiástico los pecados de los seminaristas. Los otros dos se descacharraban de la risa al oírle; digo yo, aunque no puedo asegurarlo, porque se estaban relatando unos pecados muy chuscos de los picantes. En fin, esta fue la segunda fase. En la tercera, después del anhelado despegue, cuando les volví a mirar yacían despatarrados en posturas barrocas, en el país de los justos que es para ellos el de los sueños con la conciencia tranquila. Ahora bien, me fijé en que el del medio se apoyaba en la bandeja echado hacia delante sobre ella, y no era fácil saber si dormía como los demás o se encontraba en las profundidades de la meditación. Y es que tenía todo el aspecto de un místico católico en pleno vuelo. También me sentí yo muy impresionado por la inefable expresión beatífica del prelado más listo, al casi habría podido tocarle su mínima papada. El último estadio del clerical vuelo consistió en el descenso, toma de tierra y salida del aparato por la sádica escalerilla cargados con las pequeñas maletas y el equipaje de mano. Todos los pasajeros estábamos cansados y muy ansiosos por dejar aquella incómoda situación. Un italiano me golpeó con ella al sacar su bulto y yo mascullé maldiciones tremendas. El cura más inteligente se abrió paso contundente ayudado por su rozagante humanidad aún joven y demasiado bien alimentada. Sus ojos brillaban casi febriles con la determinación de pasar por encima de cualquiera que se le pusiese por el medio.

Supongo que nunca volveré a verlos a ninguno de los tres. Ya saliendo del aeropuerto, mi prefrontal me hizo llegar la idea de que la diferencia importante entre los humanos igual no radica en el contenido diverso o enfrentado de sus creencias y gustos. Sino en hecho tan enigmático de que los hay «pequeños y grandes». Dicho en otro lenguaje más revelador: unos son tontos de remate y otros no.

DEMENTE HUMANIDAD

La idea loca por excelencia no es sino aquella que asegura que allí donde haya sufrimiento ha de haber culpa, porque si no no habría sufrimiento. Schopenhauer literalmente, pero lo peor es que no solo él, claro, sino a sus hombros toda la tradición de las culturas humanas, Oriente y Occidente unánimes.

MADRID POR LA PATRIA Y EL REY

Hoy iba yo por el Paseo del Prado hasta Cibeles. Un ruido ensordecedor de música militar española hiriéndote los oídos y no solo los oídos, y la carretera flanqueada por enseñas rojigualdas: «12 de Octubre, Fiesta Nacional». No había ninguna banda de música visible por ningún lado, así que sospeché megáfonos. Mi vieja memoria me transportó a la época de curánganos delegados por Franco y sus militares, pero sé que debo estar traumatizado por aquello tan remoto, que nada tiene que ver con nuestra democrático presente. Me lo confirmó el taxista cuando comentó que estarían ensayando para el día 12. Pero sigo siendo hijo de una época, y mi tontería interna habló así en mi cabeza: qué raro que ensayen el día 3 para el día 12 de octubre, sobre todo teniendo en cuenta que no hay nadie ensayando nada; así que, no se estaría con esta música y estas banderas señalizando un nuevo golpe de Estado? Algo así como si «soldadito español…» fuese «Grandola Vila morena» invertida, en versión pedorra y majara.

INDIVIDUO Y VERDAD

Es cierto que el individuo no sería nada, que lo que cuenta es el gran todo. Pero lo cierto es que es el individuo lo que hay o lo que es en el sentido pleno del término como cita de los dos sentidos. Y no digamos ya el individuo que logra llegar a ser el que es, navegando todas las mediaciones. De este vale lo que Jesús iba a decir de sí mismo, YO es y soy la verdad y la vida.