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INCITAR A LA BLASFEMIA

En un largo viaje en uno de sus trenes rápidos, la RENFE nos casca un documental que va muy en serio y no hay modo de evitar, nos impone un documental. Hablan de la Virgen varias personas, y un cura joven, con aspecto de comer demasiado bien, nos insta a que nos preguntemos muy en lo íntimo: qué será lo que quiere la Virgen? Eso pregunto yo, qué coño quiere.

MENTIRAS 2

Todo el mundo habla de la estación del AVE de Toledo, pero nunca ha entrado un AVE en Toledo, y qué más da.

MENTIRAS

El AVE Madrid-Coruña ni es AVE ni te lleva de Madrid a Coruña. Pero no importa, todos están encantados con el AVE Madrid-Coruña. Y eso lo sabían muy bien los que lo anunciaron triunfalmente.

DROCHON (I)

El desgraciado libro de Drochon sobre la gran política de Nietzsche, dejando aparte sus tonterías de gran calibre (tales como sugerir en más de una ocasión que lo que no está escrito en inglés propiamente no existe o está sin explorar aún), ignora absurdamente que para el filósofo alemán será esclavo todo aquel que no pueda disponer de dos tercios del día para el cultivo de sí (actualmente somos todos esclavos), de manera que no hay nada que se pueda considerar ya cultura en el sentido de cultura superior en vez de mero recreo o entretenimiento, es decir, descanso y solaz del esclavo, parque temático.

DROCHON

Hay un modo que no es infalible de anular el pensamiento nietzscheano y hacer como si no fuera con uno, dejándolo como residuo decimonónico que hay que «explicar» académicamente para que no nos estorbe la digestión y poder seguir en la hipocresía que es la esencia de toda política.

Consiste en que a Nietzsche lo lea un tonto, y se le recompense de algún modo por escribir «un libro» después. Porque entonces sale un Nietzsche tonto o muy tonto, con lo que nos sorprende que haya tenido la descomunal influencia que ha tenido. Característico del tonto es aturdirse con montañas de bibliografía secundaria que le ayudan a confundirse totalmente con la primaria. Cuanta más bibliografía domina el tonto más tonterías dice, eso no falla.

NO SON AUTÉNTICOS CREYENTES

No hay nadie, mucho menos de entre los católicos, que sea capaz de comprender siquiera mínimamente las «cosas últimas» en las que creen los católicos. Por eso, es seguro que los católicos no creen en nada; o por mejor decir, simple y llanamente, no son creyentes los católicos, porque es imposible que sepan, en sentido estricto, el supuesto sentido del objeto de su creencia, ya que su creencia carece de objeto de verdad especificable, o sea, carece de sentido. Si no hay modo de entender lo que dices creer, entonces es evidente que no crees.

EL TAXISTA NORMAL

Aquel taxista era inteligente en el sentido de «normal». Y aunque este calificativo se desvanece siempre en el aire por su vaguedad, aquí tiene un sentido concreto: escuchaba la SER en lugar de la diabólica emisora de los curas airados a la que están adictos tantos de sus colegas de profesión. Anidaba en él la característica ironía galaica, esa retranca o sarcasmo de la inteligencia tantas veces ofendida. Todo fue a propósito del infierno de los semáforos en A Coruña de hoy. «No hace falta nada de esto, en absoluto, porque a esta hora nunca hay ningún problema, lo sabe todo el mundo, pero el caso es que a un iluminado del Concello, debe ser de los que llevan las cosas del tráfico, de repente le da por cambiar la secuencia de uno de los semáforos, y entonces se organiza un sindiós del que no es fácil salir. Y todo sin sentido interpretable, todo porque sí», aunque tal vez, me atreví a aventurar yo, porque a todo iluminado se le antoja de vez en cuando dejar su huella en la historia grande o pequeña, que se note que estoy yo aquí, coño, aunque sea que se note con una catástrofe gratuita, dependiente solo de mi albedrío, una catástrofe en la que quedará patente que tengo albedrío, y a mí la gente se me da una higa.

«Hay que matarlos, a los tontos hay que matarlos, no os quepa duda, que no quede vivo ni un gilipollas. Porque se dedican desde la primera hora de sus días a amargarnos la vida a todos, y ello sin ninguna razón apreciable. Hay gente, los tontos, que mucho mejor para todos que no existieran nunca, que no estuvieran en el mundo. Será como haber ahogado al niño Hitler en su cuna, ¡qué beneficio para el conjunto de la Humanidad!» Pero yo apreciaba lagunas en el plan del taxista normal, a pesar de, por supuesto, estar de acuerdo en el fondo con él. Y es que ¿cómo detectamos inequívocamente a los tontos? ¿Cómo distinguirlos con certeza de los que no lo son? ¡A ver si van a pagar justos por pecadores! Por supuesto que este problema mío no lo era para el taxista normal, que ya había reflexionado lo suyo sobre el asunto desde que concibiera su plan de asesinar a los imbéciles por el bien de todos. «¡Bó! ¡Como si no se le notara de sobra al gilipollas que es gilipollas!» Así despachó de un plumazo la objeción, y a fe que no tardé un minuto en comprender que tenía razón. Pero inmediatamente le dejé constancia de una urgencia que me había entrado: «¡Pero hay que identificar inequívocamente al gilipollas del Concello, no nos vayamos a equivocar cargándonos a un inocente en su lugar!» Aquí el taxista normal titubeó tras sonreírse, dando a entender con su gesto que eso no era más que un obstáculo menor. Sin duda había descubierto que el cretino de hoy lo que adora es la publicidad, «¡¡ sí, yo, fui yo y no otro el que montó el Cristo en el tráfico de A Coruña el 28 de julio del 23!!» Y esto publicado en las redes sociales, en pancartas, simbolizado en performances, pintado con rojo en sus camisetas. El taxista avezado sabía perfectamente que no hay tonto que no se acabe delatando, en sus exhibiciones de pretendida inteligencia. Y no se le escapaba al taxista justiciero la verdadera dificultad, como tal insoluble: «En el Concello hay muchos tontos»…

Buena propina para el taxista normal, porque el taxista normal no es otro que el filósofo del taxi, trabajando en una profesión que, más que cualquier otra, le permite a uno practicar la observación psicológica. Y ya se sabe que la Psicología es la reina de las ciencias.

LIBERTAD PARA LA MOSCA

Cuál es tu objetivo en Filosofía? «La descristianización radical del personal». Cómo? Eso es que tienes algún trauma que te está afectando. «Ya no, sino que la descristianización es el único modo de que la mosca pueda encontrar el camino de salida de la botella atrapamoscas»

¿TEOLOGÍA POLÍTICA?

El único sentido de la Teología es político, ¿cuál iba a ser si no? El judeocristianismo ya nos presenta, al comienzo del libro ese que maneja su gente, la invención de su concepto de pecado, tan mono, (o sea la introducción de todos nosotros en las delicias de la «metafísica del verdugo»). Y entiende desde el minuto uno el pecado como desobediencia, no tiene vuelta de hoja aquí la desvergüenza. Y la desobediencia la precisa como transgresión del imperativo «divino» de no conocer («todo lo demás se sigue de ahí»). Así que ¿qué se podía esperar de semejante aparato de aroma a mazmorra? Obedecer la voluntad de Dios, es decir, la voluntad de la casta sacerdotal; o sea, de quien alimente y encumbre a la casta sacerdotal por los servicios prestados para apaciguar al rebaño.

Se dirá que esto qué nos importa hoy, ¿no? Estas manías de viejo republicano pertenecerían a la herencia del obsoleto anticlericalismo decimonónico. Pero hoy vemos en la política española, y casi mundial, que sucede exactamente lo contrario. La aspiración a la dominación incondicionada se halla más fomentada que nunca por parte de todos los que vuelven a necesitar vivir siguiendo la voz de su amo. De cualquier amo que sea lo suficientemente testicular, romo y brutal. Es el retorno de la «enfermedad de las cadenas» en pleno siglo XXI.

UN MONJURRIO AT WORK

Loewald rejects this picture. He believes that it is “necessary and
timely to question the assumption that the scientific approach to the world and the self represents a higher and more mature evolutionary stage of man than the religious way of life.”