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Acerca de marrodri57

Catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid "SO VIEL MISSTRAUEN, SO VIEL PHILOSOPHIE"

A MÍ ME VA A PASAR PERO SIN DERRAME

«Mi padre tuvo un derrame cerebral. Se le fue la olla y sólo decía verdades. Lo metí en una residencia. Allí sigue dando la brasa, pero nadie le hace caso»

(Eduardo Mendoza, Tres enigmas para la Organización)

O ENAMORADO O LOCO

Muchas y muchos no se creen que haya gente enamorada y gente que, incluso, haga cosas por amor. Según ellos y ellas se trata de una comedia del nefando amor romántico, vil coartada patriarcal de tantos abusos. Lo normal para todos estos y estas es la compraventa de la adulta razón estratégica.

En un libro colectivo de psiquiatría de no hace muchos años se reconoce que nadie tiene mucha idea de en qué pueda consistir el “trastorno” o ni siquiera la “enfermedad” mental, por lo menos así en abstracto. Pero cuando uno se enfrenta a la locura propiamente dicha, lo que tras reflexionar le resultará cada vez más evidente es que en ella lo que hay es un serio problema referido al amor, que lo que tenemos aquí es un desamor radical que sin embargo admite grados, grados cuantitativos que se van a convertir probablemente en genuinas modalidades o variedades. Al que no está nada, pero nada enamorado, al desenamorado habitual, en su desgracia, le rondaría la sombra terrorífica, pavorosa, de la locura propiamente dicha, y esto de forma inevitable. Y además, hay un sentido importante en que el loco es el envidioso, es decir, aquel que no le perdona al mundo que haya enamorados pero que él o ella no sea uno de ellos, o peor, que nunca lo haya sido, no se sabe si por mala suerte o por incapacidad. Entonces el mundo se vuelve el infierno de la envidia, de verdad el valle de lágrimas de los Trump, Netanyahu, Bolsonaro, Milei, Feijóo y todo el resto de la chusma del desamor, porque, no contentándose con envenenar, el envidioso llega a matar. Pero no hace falta llegar a esto, una de las maneras más habituales de vengarse es enfocar el enamoramiento como lo estúpido como tal, o incluso como lo opresivo por excelencia.

Pero el amor no es solo la cordura sino también lo verdaderamente revolucionario, como tan bien supo ver Badiou. Es lo único que supone un antagonismo absoluto de la compraventa, del mercado, de la gris y triste astucia del toma y daca, o sea, lo que sería el estado de adultez para tantos desorientados.      

El nihilismo en que vivimos sería justamente eso, la desaparición del amor y la falta crónica de amor, esta vez en el nivel colectivo y contundente de la época histórica. Una época loca la nuestra, sin duda, hasta para los individuos que en absoluto lo son, una época esencialmente de locos. Tiempo de gente que no solo tira su vida por la borda sino que además lo intenta con la vida de los demás, no habiendo podido soportar la rabia que les invade sin tregua y les quita el aire necesario para respirar. Porque ya no les protege la religión, que ha dejado de ser ese lugar cultural en que inyectar el amor desesperado y así poder seguir viviendo más o menos.

¡¡HAIVOS CADA COUSA!!

En una terraza frente al museo de Santa Cruz tomando una cerveza, cuando de repente se me sientan en la mesa de al lado, muy cerca, muy cerca, seis jóvenes ya a primera vista algo chocantes, como recogidos en sí mismos, replegados, contenidos, midiendo sus palabras, algo ceremoniosos, muy comedidos, y lo más raro de todo, se notaba que pensaban todo lo que decían, demasiado autoconscientes sin duda para los tiempos que corren. Yo a lo mío o a mis pensamientos pero instintivamente miré a la izquierda fijando después la mirada en la camiseta que en la espalda de uno de ellos exhibía un crucifijo de esos de los de los nazarenos y encima la leyenda «¡Vivir de rodillas!», pero era un vivir de rodillas proclamado por puro júbilo, como anunciando a los cuatro vientos ¡esto sí que es vivir, como nosotros, vivir de rodillas por Él! (digo yo, siempre que se vive arrodillado es por alguien, ¿no? «hacía falta una religión del amor porque por amor se aguanta todo»). Edad tenían los seis como de ser natural o hasta lógico irrigar simiente a los cuatro vientos, o por lo menos que se te pase por la cabeza, pero estos cinco no, estaba claro, estos hablaban de ayunos, y uno contaba el último, el de ayer, que hizo deporte, que «trabajó» y al parecer luego puso todo su esfuerzo en no comer a la hora de comer, y depués se creció con el entusiasmo y ya de paso no cenó a la hora de cenar. Y allí estaba el muchacho, ingiriendo refresco y pontificando que los nuevos curas como ellos cuando los mandan por esos mundos de dios, por esos pueblos toledanos, deben hacerse ellos mismos la comida y comer sobre todo «sopa juliana» (sic) porque los purés son un asco (?), en vez de hacer como antes, contratar a la María de turno para que te cueza cosas.

Pero qué gente más rara, digo, aunque mejor me callo porque sin duda tiene que haber de todo. Pero con estos no me sé llevar, que son demasiado raros para mí y uno tiene sus límites. Cuando no entiendes a alguien, pero que nada, lo mejor es no juntar tu camino con el suyo. A mí me da que en el fondo es algo sexual lo de esta gente, pero solo porque tengo poca imaginación, hasta me huelen como a una hormona extraña, ignota para mí, no sólita, no humana, no de recibo. Ya decía mi bisabuela que «haivos cada cousa!» Hay de todo, hasta lo inimaginable lo hay. Y así habrá de ser, es lo que se dice de la viña del señor. ¡Pero de qué señor, cojones! ¡De qué señor!

MAL DE MUCHOS…

Si se piensa bien, o sea, sin resentimiento, que algo sea mal de muchos es consuelo de listos

MAGNÍFICA LABOR

Es magnífica la labor social de RENFE dando acceso al mercado laboral, y poniéndoles uniforme, a CTCs (Ciudadanos Tardos en Comprender).

RENFERÍAS UNO

Tras esperar largo tiempo, como casi siempre, una vocecilla imperceptible ordena a lo lejos: «los de Toledo, en dos filas!». Da gloria sentir la estrecha colaboración RENFE -FUERZAS ARMADAS.

Es el último tren del día que une Madrid con Toledo, sale a las nueve menos cuarto y todos comprendemos que ya es una hora extremadamente avanzada para andar por ahí. No lo anuncian en las pantallas, no avisan en megafonía. Solo una vocecilla, si no la oyes ahí te quedas tirado. Tampoco aparece nada en la puerta de embarque: todo en negro. Agradezco a la divina providencia que me ponga en posición de gestionar a la RENFE. Es ella la que dispone que los ciudadanos toledanos se recojan pronto, a no ser que dispongan de vehículo automóvil. Los designios de RENFE son inescrutables, ella nos lo da y ella nos lo quita!! Alabado sea su santo nombre!!

RAMÓN GARCÍA

Da toda la impresión de que para trabajar dando la cara en TVE, me refiero al primer canal, la condición necesaria no es otra que ser capaz de enormes exhibiciones de gilipollez, rebañismo, y la corrección política más niveladora, más castradora. Muy probablemente siempre haya sido así, pero hay muchos indicios de que ahora es más así que nunca. No se sabe bien si el gilipollas nato y neto está destinado a ser aquí el rey absoluto, aunque lo más seguro es que no. Porque el que no lo es pero sabe hacérselo, hacerse el gilipollas integral, ese no es tonto sino listo, y por lo tanto va a mandar sobre todos los tontos del culo de ese cotarro. García un mandao.

SER HAPPY

Una profesora en un debate defendía una propuesta razonable y ética pero que chocaba con una norma absurda. Cuando la discusión pasó al terreno personal, y es que ella llevaba luchando mucho tiempo por restablecer la sensatez y evitar un daño general que le afectaba bastante, inmediatamente la frenó en seco y se retiró de la lucha dialéctica, diciendo «soy una Happy». Es decir, ya no estoy dispuesta a sufrir, ya he sufrido demasiado, haced lo que queráis que yo me vuelvo a lo mío. Aunque para Schopenhauer los que van a lo suyo son los idiotas, es la definición misma de «idiota», claro, yo encuentro en la retirada de la profesora, que era una Happy, una potente semilla de sabiduría.

La última palabra en esto la profirió Jung, y nos la confirmaría hoy una psiquiatra lacaniana ya de mi edad o más a la que tuve la suerte de conocer en una conferencia. El ser humano está psicológicamente preparado para soportar el sufrimiento que implica saber lo que ocurre como máximo a setenta kilómetros a la redonda de donde vive. No más de setenta kilómetros, y por eso se puede pensar que vivimos la época más terrible de la humanidad. De modo que o nos embrutecemos del todo o si no conservamos nuestra sensibilidad gracias a la dura disciplina estoica de pasar de todo lo que no esté en nuestra mano cambiar.

No como mi llorado amigo Ben Cho Sey, de amargo recuerdo. Sus últimos años fueron de verdadera agonía, con la obsesión que le produjo querer estar al tanto de las noticias del mundo. Todo el día se lo pasaba rabioso y ya no era capaz de conciliar el sueño. Al final le llegó, inexorable, la degradación moral. Acabó viviendo en las redes sociales ejerciendo de insultador, esa fue al final su única respuesta al desbarajuste del mundo. Llegó a extremos abyectos, como cuando escribió «Santi Abascal, primate total». Ben Cho Sey, qué disparate!!, y qué te hizo a ti el pobre Santi? Por qué tuviste que cometer semejantes injusticias?, y es que hubo otras que me callo por decencia. Tuvo que acabar mi amigo como acabó, flotando su cadáver en el Manzanares, dieron la voz de alarma unos niños de la parroquia del barrio que jugaban al pañuelo. Recuerdo la nota de prensa de la policía ayusista, nota paradójica pues su investigación fue prolija sobremanera. Nota lacónica donde las haya. Se limitaron al comunicado siguiente, que jamás olvidaré: «Se conoce que resbaló».