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Acerca de marrodri57

Catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid "SO VIEL MISSTRAUEN, SO VIEL PHILOSOPHIE"

«LOS DEL 98»

«Estos jóvenes– Mairena aludía a los que hoy llamamos veteranos del 98– son, acaso, la primera generación española que no sestea ya a la sombra de la iglesia. Son españoles españolísimos, que despiertan más o menos malhumorados al grito de: ‘¡sálvese quien pueda!’ «

(Juan de Mairena)

Eso es para mí tal vez lo repelente de la cultura española, ese «sestear a la sombra de la Iglesia» del que nos habla Antonio Machado, una afición al sestear de la inteligencia que se me representa como una verdadera dimisión de la dignidad de hombre. Tampoco se es tan feliz durmiendo la siesta, vivir no se vive. Lo sé bien, que fui educado por los dominicos.

DEVASTACIÓN INCENDIARIA

El humano es «el animal más inteligente», en el sentido del más astuto, capaz de sacar partido, retorciéndolas interpretativamente a su favor, de las peores circunstancias y de los sucesos más catastróficos. Como un Odiseo dando jaque mate a los monstruos para volver a su patria u hogar, o como un Descartes como portavoz del «buen sentido» de la civilización de Occidente, la que tan bien sabe calcular para anticiparse a casi todo lo que puede ocurrir. Y por supuesto, ni decirlo hace falta, como los genios empresariales esos de hoy, que darían sopas con ondas a todos los del pasado, jamás hubo mayores superricos con tantísimo poder.

Si lo digo es nada más porque quiero traer a colación ahora el modo tan honorable de aprovecharse, de beneficiarse de los incendios devastadores que estamos sufriendo este verano, según algunos por causa del más que evidente cambio climático, aunque no figure en este grupo de listos el primo de un tal Rajoy, y el Rajoy mismo junto con todos los de su panda, debe ser porque todos son más que listos. Imaginemos, o si la tenemos corta, la imaginación, veamos en la televisión, una y otra vez, las imágenes de las vidas rotas de tantas personas, de esa destrucción de animales y magnífica vegetación, de tantas culturas rurales incluso. Vivamos ese horror. Pero no por nada, ya se sabe, sino para sacarle su buena rentabilidad, según el modo de proceder de los próceres de hoy.

Que nadie se desanime, no es tiempo de tristeza ni depresiones, ¡sursum corda!, muy arriba los corazones. Ya que, sin ninguna duda, a no mucho tardar, asistiremos al brote mágico de rutilantes nuevas empresas generando cantidades enormes de puestos de trabajo (muy) bien remunerados, gracias a los incendios y a la devastación: no hay mal que por bien no venga. Es verdad que, como yo no soy de esa gente, tan aguda, de económicas y administración de empresas, avezada al emprendimiento y muy alerta siempre a lo que salga, y preparada a entenderse con la Hacienda Pública en los atolladeros más inverosímiles, no me lo puedo imaginar, sé que soy tonto, y eso duele a veces, solo a veces, pero seguro que con la definitiva externalización del servicio de bomberos, por ejemplo, muchos van a ganar otra vez mucho dinero, y lo de menos es que siempre sean más o menos de la misma Familia los que lo ganen de nuevo, o estén a punto de serlo. Sin ir más lejos, algo he oído de PASTIZARASA S.A., no sé si de alguno de los florentinos o de los zarosos, pero se sospecha con fundamento y alborozo que ya con decenas de planes de resorts de excelencia para las zonas más devastadas. Al fin y al cabo lo de las vacas lecheras ya me dirán ustedes para qué sirve si no se gana ni dos duros. Hay que superar el sentimentalismo retrógrado de los condenados por deus sive natura sive historia. Todo viene para seguirnos favoreciendo, aunque haya habido siempre incrédulos y resentidos que se oponen al progreso de la gente de bien.

Y que nadie diga que lo único que vale es hacer dinero, porque no es verdad. También se aprovecha la desgracia para la elevación moral de las audiencias en las redes y no solo en las redes. Todo el día Antena 3 repasando in situ y en vivo el sufrimiento atroz de los directamente arruinados y expulsados de sus casas. Siguen las locutoras cada lágrima, cada grito ahogado pero desgarrador de los amigos y familiares de las víctimas, la desesperación de perder tus animales y tu monte. La compasión colectiva es lo que tiene, que ayuda y reconforta, hay además una general delectación mórbida en la desgracia cuando se hace de ella salsa rosa exhibicionista, por lo general desgracia ajena, como un regustillo que une mucho a las personas, y eso es lo que hoy el mundo necesita más, unión, mucha unión. Ya llegará por la tarde la hora de salir del trabajo e irnos a bailar por ahí.

Por último, los medios de comunicación tampoco descuidan la ejemplaridad de nuestros grandes hombres y mujeres. Saben que, sin la presentación de modelos de excelencia humana, el pueblo llano pierde a no mucho tardar la guía, la orientación, el instinto de la obediencia, ese seguimiento tan digno que no se impone sino que brota del manantial más puro de la bondad. Hoy a mí se me saltaban las lágrimas al escuchar en Antena 3 que el fuego habría entrado ya en una aldea entre Ourense y Lugo, justo el lugar donde naciera Albert Núñez Feijóo, nada menos, don Alberto. Soy yo gallego coma él y recuerdo haber estado por allí hace algunos años, por supuesto que enseguida me dirigí a la casa donde tuvo lugar el acontecimiento, pero es curioso que no recuerde ahora el nombre de la rúa, sino solo que era en la confluencia de las rúas Payaso Fofó y Bruja Piruja. Hoy por la mañana se me salían las lágrimas de los lagrimales, a ver de dónde, al pasarme por la cabeza la atroz posibilidad del fuego entrando en la casa de Feijóo niño o tal vez bebé en su berce. Pero no hay que ceder al desánimo que nos traen las ideas absurdas, o viceversa, alegrémonos porque gracias a Antena 3 ya sabe la gente dónde nació Feijóo exactamente, igual que saben muchos dónde vino al mundo Cervantes o Cunqueiro. Feijoó declarado, de manera subrepticia, mártir de los incendios, total porque habría nacido donde ahora hay uno.

LO QUE PASA POR «FILOSOFÍA»

Hay un arte nada fácil a pesar de hallarse hoy muy extendida su práctica, el de no decir nada en concreto cuando se habla o se escribe. Tantos destacarían tanto en ese arte de lo escurridizo porque sería la única «opción» [= hacer de la necesidad virtud] de lxs que pretenden ya no comprar los votos del personal, que a eso ahora no voy, sino vender «filosofía». El modelo no es otro que el del comerciante o el del cura, tal vez porque otro modelo no haya con los tiempos que corren. Y como ya se sabe que la regla de oro de estos Odiseos de la rentabilidad, ya sea meramente terrenal o bien extendida a lo de ultratumba, es que el cliente siempre tiene razón, no se puede molestar ni enfadar ni disgustar a nadie [= hay que saber hacer amigos]. Así que, de lo que se trata, para los emprendedores culturetas, es de agradar a tododiós pues solo así van a estar todos dispuestos a comprarles casi cualquier parida, igual que a algunos políticxs prostitutos que hoy infectan nuestra enrarecida atmósfera. Se estaría consumando, en fin, la prostitución del alma en sus niveles más prefontales, en general, la del cuerpo hace tiempo que pasa por normal y corriente, casi obligada. En vez de decir o escribir algo concreto, hay que sugerir cosas con pinta interesante, simplemente porque estos promotores no se sabe bien qué son o a qué se refieren cuando las emiten, añadiendo con mirada angelical pero picarona, que son cosas que «se podría hacer o habría que hacer», según la receta gilipollesca del buen rollito. O si no, lo que todavía es peor, hay que darle un paseo al cliente de la cultura, como si fueses un guía turístico, por los baldíos terrenos del bobalicón «pensamiento actual» en que se fijan. Una absoluta pérdida de tiempo atenderles, total, para nada, por supuesto, porque nunca llegarían todos estos Ignacios Moraledas falsos a nada de nada. Eso es, en definitiva, lo que significa ser un queer de la filosofía: ni esto ni aquello, ni lo uno ni lo otro, la indefinición entendida como virtud suprema y conquista definitiva de la cultura occidental. No decir nada. Hasta tal punto que el que dice algo claro y meridiano, «está loco», le llegan a decir. El quid de la cuestión, en suma, es que cuando lo que vendes no es sino humo, tododiós se torna cliente potencial, sin excepción, que es de lo que se trata. O sea, de que te compren el género, pero sin arriesgar nada, sin posibilidad de pérdidas. El secreto de la vida: comprar a cinco y vender a diez. Cuando no se es nada, esta es la solución para todos los Ignacios Moraledos del mundo, si es que vuelcan su furor emprendedor en el dominio de la cultura. Porque se imaginan, los muy majaderos, que al no ser nada van a poder serlo todo, budistas sin saberlo. El triunfo no les va a ser nada difícil en un medio tan reacio al estudio como el nuestro. Tientan al ignorante con la apariencia del misterio, pero lo que están haciendo, los vendedores estos tan deseosos de «crecer», es muy fácil de entender. Simplemente, la traducción filosófico-existencial del único imperativo que les vale o que pueden comprender: aumentar las ganancias sin arriesgarse a perder nada.

Por fortuna, aún nos quedaría alguna memoria de la filosofía, lo comprobamos, por ejemplo, en el artículo en «El País» de Ana Carrasco Conde (16/08/2025), sobre todo cuando comenta, aplicándola al terrible caso de hoy, una reflexión de Arendt: «El genocidio en Gaza no es una opinión. Es un hecho». Me gustaría apuntar esto porque resulta que los Ignacios Moraledos que hoy dan en vendernos su alma, o sea, humo, coincidirían todos ellxs en una cosa: no hay hechos ningunos sino solo opiniones [creyendo además, los muy (narco)traficantes, que serían con ello «nietzscheanos»].

NO ESTAR DE MODA

«Hoxe non é frecuente asociar felicidade con sabedoría. Aínda que moitas persoas escollen profesións relacionadas co ensino e a investigación. Mais non pensan en así, como profesores e/ou investigadores, seren felices. Da vella sabedoría dos filósofos antigos, gregos e latinos, o aspecto que permanece, e parcialmente só, é a contemplación. Porén, agora, entendida de modo estético, hedonista. Mormente, como un fenómeno social organizado (deporte, espectáculos, turismo). Tamén, como unha experiencia singular, persoal, como algo fulgurante, pasaxeiro: como un despiste ou un ollar non podendo fixar a vista ou un son que se perde cando, despois dun tempo ouvindo inadvertidamente, nos paramos a escoitar»

(Luís G. Soto: O camiño dos faros. Diario de viaxe, p. 49)

CASTELAO

«En xuño de 1936 produciuse o plebiscito autonómico que foi gañado abrumadoramente polo SI. Por primeira vez despois da supresión do Reino de Galicia, íamos ter un goberno propìo. Castelao quedou moi satisfeito e correu cos outros deputados a Madrid, para presentar a documentación do plebliscito no Parlamento. Bóveda, o home do aparato, quedou en Pontevedra. O resto da vida de Bóveda sería moi pouco tempo. Ía morrer fusilado no mesmo 1936.

Vemos, pois, como Castelao se implica profundamente na vida política republicana e na unidade de esquerda para conseguir a autonomía de Galicia como paso no exercicio da autodeterminación.» (X.L. Méndez Ferrín: Castelao é noso. Santiago de Compostela: Alvarellos, 2024, pp. 31-32)

LOS PROBLEMAS DE EUROPA

Los dos problemas mayores de Europa en la actualidad vienen a ser, nos dice la prensa, la preparación para la guerra posible con el refuerzo de sus ejércitos, y por otra parte la sostenibilidad del sistema público de pensiones. Hoy, día de mi aniversario, me ha llegado la solución como de lo alto (von oben herab!), naturalmente para que haga el bien y la comparta con mis congéneres: ¡los jubilatas al ejército, preferentemente en artillería! (Aunque esto último se puede hablar)

IMITATIO CHRISTI PATOGÉNICA

Se sabe desde Freud y antes que el problema serio y difícil para la convivencia civilizada y responsable no es el sexo sino la rabia, la cuestión del sexo se vendría a resolver en todos los casos siguiendo la siguiente máxima de Jacobo Muñoz: “¡que cada cual se las arregle como pueda!”, máxima que revela la inanidad de toda sexología. Pero con la mala hostia es muy diferente: Ira furor brevis, escribía Séneca, es la ira una locura (por lo general) no definitiva. Ya sé que los amantes del angelismo, que casi siempre suelen ser los más cabrones, suelen odiar la ciencia, como es lógico: la ciencia nos abre los ojos a lo que hay o funciona como si fuera tal, con lo majo que es vivir de ciego voluntario, pero lamento recordarles a los buenistas que hoy ya se sabe (se sabe, no se especula “filosóficamente”, o sea, dándole vueltas a todo para que al final nos acabe pareciendo que lo real se ajustaría a nuestros deseos, toda una labor de miserables fascistas lo del wishful thinking, si se lo piensa bien); que hoy ya se sabe, iba diciendo, que la ira a duras penas contenida, con el estrés de larga duración o hasta crónico que conlleva, tarde o temprano destroza el sistema inmune del más pintado, y la consecuencia es que el que pone la otra mejilla va a acabar prematuramente por dolencias graves como el cáncer. Además, el que ha sido educado para poner la otra mejilla, sin que le hubiesen preguntado si eso le va o no le va, por la fuerza de las cosas va acumulando resentimiento o bien acaba ingresando en el psiquiátrico, y siendo pasto monetario del dispositivo psi, cuya tarea viene a ser posible sobre todo a partir de ese rasgo del Salvador que hay que imitar como cristianos. Cuanto más se fortalezca el sistema jurídico más se reduce el sistema de salud mental, de eso no cabe la menor duda.

Entiéndaseme bien, a mí me traen sin cuidado las creencias (trascendentes) del personal, ya se sabe que tiene que haber de tó, y no es cosa de perder tiempo en eso porque casi nunca tiene arreglo, y si las cosas vienen mal dadas hasta puedes arder en la hoguera, o si no bombardeado, o en cualquier caso excomulgado, o sea, arrojado al infierno del fuera de la sociedad. Que cada uno haga con su vida lo que quiera con tal de no cortarnos el cuello a los demás ni dejarnos sin un trabajo digno para que nos muramos de hambre. Pero creo seguro acabar enfermo del cuerpo y de la mente, por insistir en una distinción tan habitual como inválida, por intentar imitar a Cristo. Cristo es dios, claro, y entonces él no corría ese peligro de morirse o volverse majara, sencillamente porque Cristo carecía de rijo, o sea, ni mala leche ni propensión a la lujuria. Y así cualquiera, mira este.

Y es que, además, por confesarme un poco, no encuentro nada admirable en poner la otra mejilla, nada digno de imitar desde el punto de vista ético, sino absolutamente todo lo contrario. En casi todas las personas que me he encontrado que se empeñan en poner la otra mejilla cuando caen en la cuenta de que han sido utilizadas y despojadas de lo suyo, por lo general acababa yo descubriendo cobardía y amor a escurrir el bulto, o a tirar la piedra y esconder la mano. Y desde el punto de vista de la justicia humana (otra no hay), tal actitud generalizada sería de efectos desastrosos. El que la hace la paga, porque la debe pagar, porque si no la paga la acabará pagando uno que simplemente pasaba por allí y fue utilizado una vez más para quitarle todo al final. Es nuestra responsabilidad ética con los seres humanos hacerle pagar su deuda con la sociedad al que la ha hecho, y si no actuamos contra él o ella, siempre y cuando podamos probar sus fechorías, indefectiblemente nos convertiremos en sus cómplices, lo que me resulta repulsivo. Como cuando los sicarios de la dictadura argentina iban a confesar y a comulgar después de tirar a los opositores desde un avión en vuelo del ejército. No vale la respuesta de que al que utiliza vale utilizarlo, y entonces aquí no ha pasado nada.

VERDAD CONSABIDA

Lo que tenemos por verdadero, en el sentido de la palabra «verdad» más interesante para la vida, es precisamente aquello que (casi) todo el mundo sabe de sobra. El mérito del filósof×, entonces, no es sino atreverse a decirla. Porque la gente siempre haría con la verdad lo mismo que, según la frase más conocida de Lacan, el que no está loco hace con las cosas que se le ocurren: no darle ni la más mínima importancia. Así es como conseguimos seguir adelante, por mucho que sepamos también de sobra que la verdad, esa verdad, es lo decisivo para vivir y morir bien, con dignidad.

LAS COSAS COMO SON

No está bien dejarse llevar por el resentimiento y la mala leche. De Lola Flores muchos dirán lo que quieran, pero no nos harán olvidar nunca, con reconocimiento a su valor en la dictadura, sus temerarias incursiones en la canción protesta. Sin ir más lejos, aquello tran tremendo que nos llegó al alma: «Explíqueme usted el procedimiento para comprender. Que yo tenga tres, usted tenga diez y los gitanitos no sepan leer!!»