MULTICULTURALISMO

Gracias al progreso en lucidez del pensamiento occidental hoy se conoce que no podemos seguir pretendiendo que la occidental sea la única cultura en el planeta Tierra, representando ella por razón de excelencia lo más propiamente humano del homo sapiens. Es más, ahora ya se conoce que no hay que ser para nada sapiens, ni mucho menos sapiens sapiens, y a lo mejor habría que admitir ya al Homo insapiens al mando.

En algunos lugares de España se han sabido adelantar a nuestro tiempo multicultural. Por ejemplo, los médicos de ahora mismo en la ciudad de Toledo, según me contaba el otro día un erudito de allí, aparte de tener un buen nivel en medicina científica “convencional”, no se limitarían a ella por causa de  su tradición visigoda, ese factor diferencial respecto del resto de comunidades hispanas, porque saben aprovechar del mejor modo una serie de preciosos conocimientos, heredados, sobre todo, por la vía del gran compilador de la medicina visigoda, Bamba Tricotoso. Su “libro” o lo que eso sea sobre medicina y plantas aromáticas, a no dudarlo, es un antecedente muy importante de la actual práctica médica multicultural, y así va siendo reconocido.
Se conoce que de todos los bárbaros del norte que se fueron instalando por la Península, los visigodos eran los menos tarugos, sin duda porque anduvieron vagando más de 200 años por el Imperio Romano, y algo se les pudo pegar del latín, así que no eran lo mismo de mulas germánicas puras y duras que los demás.

Me llegó a contar el mencionado sabio que un conocido suyo también de esas tierras, uno que sufría una hipercolesterolemia rayana en lo inverosímil, llegaría a estar tan trágicamente sumergido en el pozo amargo de los triglicéridos, que le habían pronosticado un ictus en un plazo de unos dos meses todo lo más, por supuesto según los criterios puramente cuantitativos y groseramente mecanicistas de la medicina convencional. Ahora bien, sin arredrarse en absoluto, impávidos como son ellos y ellas, los médicos de la imperial ciudad, los más veteranos, los más expertos, le recomendaron el remedio que ya habría previsto hace muchos siglos el bueno Bamba Tricotoso para estos casos extremos, remedio consistente básicamente en una dieta absolutamente inflexible, absolutamente rígida, tiránica.
Dieta a base de agua del Tajo pero a buches directos en la orilla tomados en cuclillas (la diarrea crónica resultante aligera el peso de los tapones de grasa en las arterias), y Conejo y Pistachos. Pues bien, habiéndose sumado aquel pre-moribundo, se conoce que a la desespeada, a la Dieta ATCP, si bien es verdad que un poco a la manera escéptica, a los dos meses comprobó que todo había cambiado en él, y fue a que se lo miraran y su estado ya no era crítico. Desde entonces cría él mismo sus conejos y cultiva el pistacho en sus macetas, en el alquiler a la orilla del Tajo. A los conejos los va sacrificando día a día, no hay otra para hacerse con su necesario sustento, y por eso los guarda y los cría, amorosamente pero sin ponerles nombre, eso sí que no, en el cuartucho que la antigua familia dueña de la vivienda, de lo mejorcito, de la aristocracia genuina del Casar de Escalona, reservaba tradicionalmente para que viviera la chacha que los servía, allí encerrada y sin rechistar, pobre ella si no. Especie de trastero sin ventanas, se conoce, a la que aquel hombre se refería con el simpático nombre de “chachería”.
Pues en la chachería, desalojada de sus funciones trasteriles, se crían ahora los conejos y se cultivan los pistachos que le han salvado de un ictus prácticamente seguro. Dando ejemplo, sí señor.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.