«¡Nosotros, hijos del futuro, cómo podríamos estar en casa en este hoy! Tenemos aversión a todos los ideales en referencia a los cuales alguien podría aún sentirse en su hogar en este tiempo de transición frágil y ya roto; pero por lo que hace a sus “realidades”, no creemos que tengan duración. El hielo que hoy aún los sustenta se ha vuelto ya muy delgado: sopla viento de deshielo, nosotros mismos, nosotros apátridas,
somos algo que rompe el hielo y otras “realidades” demasiado delgadas… No conservamos nada, tampoco queremos volver a ningún pasado, no somos de ninguna manera “liberales”, no trabajamos para el “progreso”, no necesitamos tapar primero nuestros oídos contra las sirenas de futuro del mercado —¡lo que ellas cantan, “igualdad de derechos”, “sociedad libre”, “no más señores ni siervos”, no nos seduce! —
consideramos que no es en absoluto deseable que se instaure en la tierra el reino de la justicia y la armonía (porque en cualquier circunstancia sería el reino de la más profunda mediocrización y chinería), nos deleitamos con todos los que, como nosotros, aman el peligro, la guerra, la aventura, que no se dejan conformar, capturar, reconciliar y castrar, nosotros mismos nos contamos entre los conquistadores…» (Nietzsche: GC 377, OC III, I, p. 889)
HOGAR EN NINGUNA PARTE
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