FRANCO SAVATER

Recuerdo la gracia que le hacía a Savater, y luego se vio que esto iba a ser determinante de su posterior «evolución», aquello tan gracioso y socorrido de que «contra Franco vivíamos mejor». Pero no hace falta ser un genio para percatarse de que esta frase viene a equivaler exactamente a «con Franco vivíamos mejor». Que munca te lleven los idiotas a su terreno porque allí siempre ganan.

POPPER Y ECCLES

Atribuye Dennett a su «catholic upbringing» la inaudita fe dualista de un neurocientífico como John Eccles, nobel por su investigación de las sinapsis. El libro de Popper y Eccles sería lo peor que se habría publicado nunca sobre el problema de la mente y el cuerpo. Y el científico Eccles era tan incapaz de filosofar que entendió el libro de Ryle justo al revés, como una defensa del «fantasma en la máqiina»  quedando como un verdadero estúpido.

Recuerdo que aquí el profesor J.L. Pinillos estaba entusiasmado cuando el libro salió en versión castellana, no cabía en sí de gozo, y nos hablaba de él como del descubrimiento del siglo que conciliaba ls ciencia con el humanismo!! Es evidente que Pinillos, con su torpeza filosófica, también era víctima de su catholic upbringing.

EN DEFENSA DEL CONEJO

¡La que se le viene encima al conejo! Acabo de asistir en la barra de un bar a un interesante debate sobre la problemática cinegética planteada este año por el conejo. Tras pedir su vaso de vermú con cognac de antes de comer, el más anciano del lugar, y por eso el más entendido, abrió su intervención con unas consideraciones la mar de sesudas con las que pretendía dejar sentada su tesis, más allá de toda duda, de que en aquel bar que no dieran un aperitivo «como dios manda» él no volvía a entrar. Los concurrentes, también rondando los 85, asintieron unánimemente pues todos se tenían por personas sensatas, aunque a alguno se le notaba el reparo incoado de que no hay que decir lo evidente porque no vale la pena. En fin, la cosa es que este otoño ha llovido mucho, y en el invierno tres cuartos de lo mismo. Lo cual redunda en que el conejo ha tenido cosas vegetales de comer hasta morir del reventón. Y claro, «cuanto más se come más se fornica», enfatizaba el aún vivaracho anciano, tan amigo del sentido común puro y duro, y a lo mejor apelando también a su propia experiencia de toda una vida. Y hete aquí que ahora hay conejos a mogollón, una plaga tremenda que ha motivado a la Junta a autorizar su caza con hurones, perros y todo tipo de escopetas, atacar al conejo por tierra, mar y aire. ¡Lo lleva claro el conejo este año!, pensé yo, ya que tengo amigos animalistas que sufren lo indecible con este tipo de noticias de la España profunda.

Además, he encontrado mi lugar en los debates de esta recia cuarta edad: dada mi formación, me dedico a señalar contradicciones en lo dicho, a riesgo, claro, de que me partan la cara. Y es que el procer de lo cinegético continuó su discurso con la información de que este año venía malísima la enfermedad del conejo, y entonces la Junta había decidido prorrogar un mes la veda del conejo, pues están muriendo como moscas (como moscas no manchegas, se entiende).

Pero, hombre, ¿en qué quedamos? ¿Nos invade la conejería y entonces hay que gozar de su caza sangrienta, o bien casi ya no quedan estos animalitos vivos? Porque no es lo mismo. Uno no sabe a qué atenerse, por eso mi posible papel de indicar incoherencias discursivas del paisanaje igual es de provecho para la comunidad. Pero de momento no me atrevo a hablar, no sea que me casquen.

EL ABURRIMIENTO DE JOSEFA ROS

Aburrirse podría significar que por fin hemos llegado a un momento en que nada nos impide pensar con lucidez ni siquiera nos estorba para ello. Por eso diría alguien que casi nadie soporta el aburrimiento a no ser que sea filósof× de verdad. Y por eso el filósof×, cuando se pierde en las bobadas tan urgentes de la vida, no desea más que aburrirse. Ya se sabe que la vida da mucho quehacer, y eso va cansando ¿no?

Dar por hecho que aburrirse es patológico parece una exageración verdaderamente arriesgada, incluso tremenda, y despierta a lo peor sospechas de manipulación del lector. Y además podría tener consecuencias más que desagradables, pero que están hoy casi incorporadas al sentido común, como por ejemplo que la cultura es entonces la solución universal, porque la cultura no se puede entender de otra manera que no sea la de la industria del entretenimiento. Es cierto que Nietzsche llegó a escribir que hasta los dioses luchan en vano contra el aburrimiento, pero yo diría que, a pesar de las apariencias, eso significa que solo se aburre el que «goza» de vida eterna, pero como el Dios único, porque los dioses como son muchos entonces no se aburren nada. O se aburre sólo aquel que está convencido de que su existencia está vacía si no la justifica sirviendo a alguien o para algo. Pero a mi humilde entender ese no está enfermo sino que solo ocurre que es tonto. Por otra parte, cuando alguien llega de manera racional a la conclusión de que ya no le interesa nada de lo que la vida le puede ofrecer…no se trata forzosamente de que haya que curarle de nada.

El interesante libro de Ros tiene el problema serio de que podría conllevar la psiquiatrización del aburrimiento o más en general su colonización por los profesionales de lo psi. Lo cual ya sería el colmo de la sumisión. En este punto estaría más indicada aquella intervención de Jacobo Muñoz cuando alguien planteaba en algún seminario una problemática sexual demasiado personal: «Que cada uno se las arregle como pueda». Lo que quiero decir con esto es que ser libre es también ser libre para aburrirse si a uno le da por ahí. Por mucho que esto vaya contra la economía de un país como España, que vive del turismo, de la hostelería y los animadores culturales.  Por otra parte, y como a nosotros nada ni nadie nos va a salvar de la muerte, sinceramente opino que a los viejos nos convendría ir aburriéndonos cada vez más a menudo y en mayor medida, para poder dejar la vida sin excesivo drama cuando toque.

Y de adolescente, cuando te aburres, igual podría ser que estás empezando a ser tú o a sentir tu vocación, si es que por fortuna la tienes. Porque a lo mejor cuando te aburres lo que sucede es que estás en tu verdad o yendo a ella. Y entonces, que «los buenos y los justos» te empaqueten para a renglón seguido mandarte a la trabajadora o el trabajador de lo mental es una maniobra equivocada, que casi se me antoja delictiva. Pues la vida no es una tarta de nata y fresa, eso desde luego, aunque siga empeñada en convencernos de ello esta gente tan buena. Incluso se puede llegar a descubrir que todo el secreto de la vida humana consiste en «comprar a cuatro y vender a seis», como en cierta ocasión alguien me comunicó poniendo cara de astucia burlona. Y suceda entonces que uno se aburra porque la compraventa universal ya no le interese nada. Es un verdadero coñazo la universal compraventa, sobre todo de presuntas filósofas y filósofos, con su respectiva promoción que viene incluida en las redes.

Aburrirse es no interesarse por nada, y eso no tiene por qué ser patológico, sobre todo tal y como está todo de poco interesante y de anodino o si no terrorífico. Por supuesto que se sabe desde hace ya tiempo que, a final de cuentas, no es posible fijar una serie de condiciones necesarias y suficientes para aplicar un término general a «sus» casos particulares, de manera que les cubra a todos ellos y solo a ellos. Pero eso es una cosa y otra muy diferente no aclararnos para nada con la palabra «aburrimiento», porque en el libro de Ros vendría a significar más o menos absolutamente todo lo que sea negativo, y sobre todo muy, muy, negativo, en el humano transcurso del tiempo asignado a cada cual y al colectivo del que formamos parte, o si no todo aquello que en general a la autora no le gusta un pelo. Su habilidad alcanza la máxima cota cuando, con el lastre de esta indeterminación semántica, pretende ejercer como si tal cosa su supuesta capacidad de clasificar, aplicada a los tipos de aburrimiento, que entrarían unos más y otros menos «en la escala de la insalubridad» (sic). Así lo pretendería Josefa Ros, de un modo muy rotundo y muy claro solo en apariencia, en absoluto fundamentado. Tengo que confesar que a mí en una época también me gustaba ese juego de hacer culpable del mal del mundo, y del nuestro, a algo feo o muy feo y más o menos fijo y determinado, como la estupidez, la locura, la voracidad de la avaricia o lo que quiera que sea. Pero lo practiqué, eso sí, siempre utilizando un tono leve o abiertamente irónico. El énfasis tan preocupante que pone Ros en el demonio del aburrimiento carece por completo de ironía, pues es el suyo el estilo de la conversa, y lo que es peor, da testimonio de una ardiente conversión a no se sabe muy bien qué exactamente. Una vez identificado como enemigo absoluto y único del género humano, se procederá a enumerar la lista interminable de catástrofes que causa el aburrimiento, al que entonces no quedaría más remedio que identificar con el pecado judeocristiano de marras, o por lo menos con sus terribles consecuencias. «Rabia, ira, desafecto, apatía, depresión y ansiedad, estrés o alexitimia, criminalidad, rebeldía, provocación, la bestialidad, la conducción temeraria», y por supuestísimo la totalidad de las adicciones: «a las drogas, al sexo, al juego, a internet, a los móviles». Por otra parte, es de esperar que la autora se halle profesionalmente capacitada para emitir juicios de autoridad que ya entrarían de lleno en el ámbito clínico, porque a su parecer no es sino el aburrimiento (sobre todo el «cronificado en el tiempo», como llega a escribir aunque cueste creerlo) el mal radical, la raíz de todas esas plagas que nos asolan como humanos es de suponer que desde el principio de los tiempos. Sin ir más lejos, y sigo citando literalmente, «la psicosis, la esquizofrenia, la paranoia, el alzheimer, el síndrome de Asperger y el desorden bipolar», «entre muchísimos otros», ¡no tiene ningún empacho de añadir! En fin, por lo menos nos deja la lectura del libro de Josefa Ros la esperanza de curar a los esquizofrénicos llevándolos al Circo del Sol, pongamos por caso, o haciéndoles ver alguna serie divertida de Netflix.

A decir verdad, la poca experiencia que tengo del aburrimiento no fue en modo alguno negativa para mí, incluso fue todo lo contrario, y es que me movilizó para encontrar mi camino o mis caminos en la vida, por decirlo con una expresión tan manida. Hasta tal punto que tal vez sea yo de la opinión de que no sería el aburrimiento otra cosa que acusar la falta o la ausencia de vocación propia, casi en el sentido de Ortega y de Heidegger. Hasta se podría considerar el aburrimiento como inseparable de la condición humana, y entonces el libro tan alarmante de Josefa Ros sí que podríamos entenderlo de manera bastante cabal como una variante «buen rollito» de la reflexión occidental sobre el pecado original. Es obvio que vivimos malos tiempos para la Filosofía propiamente dicha, la mayoría ni siquiera saben ya lo que significa la palabra. Pero el libro que estoy comentando tampoco es ciencia.

FILOSOFÍA EN SENTIDO NIETZSCHEANO

Es el amor al logos el que constituye al filósofo puesto que si podemos entender verdaderamente lo que el filósofo es tendríamos partir de su absoluta inversión en esa contrafigura del filósofo que es el teólogo. O sea, para Nietzsche no hay en absoluto filosofía si no hay filo-logía, en definitiva, no la hay sin ephexis en la interpretación: «La no libertad para la mentira — en eso yo adivino a todo teólogo predestinado. — Otro signo distintivo del teólogo es su incapacidad para la filología. Por filología debe entenderse aquí, en un sentido muy general, el arte de leer bien, — poder leer los hechos sin falsearlos con la interpretación, sin perder, por deseo de entenderlos, la precaución, la paciencia, la sutileza. La filología como ephexis [suspensión de juicio] en la interpretación: trátese de libros, de noticias del periódico, de destinos o de hechos de la meteorología, — por no hablar de la “salvación del alma”» (AC 52)

Los putos anuncios

Dese sus mismos comienzos en los albores de la sociedad de consumo, se ha venido concediendo a los publicistas algo increíble que no lo tuvo jamás el resto de los mortales. El derecho a a mentira, nada menos, con el pretexto de establecer que un publicista es un artista, les llamaban «creativos» a estos incultos bandoleros. Un trolero y un embarcador es desde entonces un genio del arte, asistido además por la investigación de la psicología de ventas y del neuromarketing. Pero la verdad es que en la publicidad hemos aprendido a disfrutar del embuste y la estafa, por eso nos ha convertido en estúpidos contagiándonos de su absoluta estupidez. La publicidad ha abierto las puertas al infierno que ahora se avecina. Trump y Musk no son otra cosa que embaucadores expertos en vender humo. Por eso hay un lazo profundo que une al publicista con el sacerdote.

TEORÍA DE LO REAL

Si la Filosofía sigue interesando e incluso siendo necesaria individual y socialmente, no es sino porque consiste en una visión o teoría de lo real, como afirmaba entre muchos Rosset. Hay otra Filosofía meramente presunta a la que habría que llamar filosofía- ficción. Una filosofía de la pura imaginación donde se puede decir todo lo que uno desee porque no se trata más que de un juego en el se busca lo agradable, lo bonito, lo edificante, lo pintoresco. Un entretenimiento emparentado con la ciencia ficción en el que no se arriesga nada, y entonces no vale casi para nada. La Filosofía  es amor a lo real y solo ese amor abre la dimensión esencial de la crítica implacable. La filosofía-ficción es en cambio una masturbación para matar el tiempo bien seguro.

LUCRARSE

Hoy lo único sagrado es el derecho al lucro. Y todo lo demás, absolutamente, resultará de interés en la medida en que lo respete y afiance. El único sentido válido de la existencia humana: lucrarse así en el cielo como en la Tierra.

«Salud y pesetas, lo demás son puñetas»

Lo de hoy

Hay que reivindicar lo trans también en el clero católico, pues qué ocurre con todo lo intermedio entre cura y monja. Hay transiciones abundantes de cura a monja y viceversa, que también son de Dios. Formaciones transaccionales que exigen, pero ya, su correspondiente reflejo en la moda y el vestuario.  Y muy interesantes en su fecundidad evangélica.